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  • El fin de la revista El Malpensante

    Ayer publicaron en El Espectador un lamento titulado “La utilidad de un mal pensamiento”, se trata de una noticia y un grito desesperado: la revista El Malpensante está a punto de quebrar y Andrés Hoyos pide una colaboración a sus suscriptores para que no se pierda esta joya. Cuando leí la noticia me alegré porque le he hecho seguimiento a esta revista desde 1996, desde su fundación, he sido testigo de los mitos y leyendas que se han creado a partir de su nombre. Creo que su quiebra es un hermoso pretexto para escribir sobre revistas, intelectuales y escritores colombianos.

    En 1996 Andrés Hoyos fundó la revista El Malpensante y ese fue un gran acontecimiento para los intelectuales colombianos, era una revista famosa en los departamentos de literatura de las universidades bogotanas, relucía en librerías grandes y pequeñas, hasta un mísero vendedor de revistas tiradas en una acera -carcomidas por el polvo y por el agua- se sentía elegante porque vendía los números pasados de tan importante documento. Tener el primer número era signo de estatus. Nosotros, los lectores, los intelectuales, las jóvenes promesas, nos sentíamos obligados a formar parte del milagro, también queríamos leer la revista El Malpensante.

    Sin más preámbulos empecemos a desarrollar tan apasionantes temas:

    1) Revistas

    Las revistas están condenadas a desaparecer, desaparecerán todas antes de que caigan los pocos periódicos que todavía sobreviven. A pesar de los soportes pasados, presentes y por venir el libro seguirá existiendo, el papel de los libros sigue siendo seductor, comprar libros todavía es la gran experiencia y leerlos nunca pasará de moda porque los lectores de libros no leen por moda, leen en letra impresa porque ese es el soporte perfecto para el libro, no es cuestión de estatus.

    Se puede prescindir de revistas y periódicos impresos porque los contenidos de estos medios son manejables en la web, no tiene sentido luchar y llorar por una revista o un periódico que desaparece porque hay millones de periódicos y revistas en versiones digitales, es ridículo armar un escándalo, sentir que al desaparecer El Malpensante los lectores pierden algo noble, algo que no puede faltar en el estudio o en la sala de nuestra casa, un objeto de aristocracia, un fetiche cultural, cuando en realidad no se está perdiendo nada, los contenidos que publican en ese medio seguramente están publicados en otras revistas o en las páginas personales de los autores. No tiene sentido armar un drama por algo que se veía venir, las revistas que desaparecen mueren de muerte natural. Lo que las mata no es la mala calidad sino la tecnología.

    2) Intelectuales

    Los intelectuales colombianos quedaron desnudos gracias a las redes sociales, primero en Facebook y luego en Twitter. Algunos, los más rancios, los herederos de Adorno, todavía no tienen correo electrónico y siguen escribiendo sus composiciones en su vieja máquina de escribir, esas almas de élite no producen ni risa.

    Los otros, los de las redes sociales, nos mostraron de qué está hecha la cultura colombiana. Los grandes intelectuales, las grandes mentes, los gestores, los editores, los correctores de estilo y los colaboradores frecuentes de la revista El Malpensante están casi todos en las redes sociales y el panorama no puede ser más desalentador. Deben estar muy tristes con la muerte de la revista, cuando desaparezca quedarán convertidos en un simple tuitero, en un pobre hombre con cinco mil amigos en su cuenta de Facebook. ¿Para reír o para llorar? Yo creo que es lo justo, es lo que esta gente se merece.

    3) Escritores colombianos

    En el artículo de El Espectador mencionan tres grandes mentes de la cultura colombiana: Ricardo Silva Romero, Alberto Salcedo Ramos y Piedad Bonnett, me permito citar:

    Sobre el tema de la calidad, el escritor Ricardo Silva Romero, varias veces publicado en El Malpensante, cree que esta revista “ha logrado elevar el nivel de la discusión, no tiene miedo de hablar y ha servido para conectar a muchos autores en español”. Alberto Salcedo Ramos, quien se dedica en exclusiva a la literatura de no ficción, siente que allí encontró “unos editores que siempre se mostraron dispuestos a apostar por una buena historia”.

    Salcedo Ramos es periodista, pero en el caso de Silva y otros autores que crecieron en la ficción, el periodismo ha sido otra forma de vivir de la escritura. Aunque muchos no viven de ello. Es el caso de Piedad Bonnett: “No espero vivir de escribir. Tener otros oficios no es bueno sólo en términos pragmáticos sino como opción de vida. Por ejemplo, Kafka era abogado.

    Gracias a las redes sociales y a la lectura de las obras de estos “maestros” sabemos que la literatura colombiana pasa por una de sus peores crisis. No hay escritores dignos de ser estudiados en un salón de clase (por eso, yo, por ejemplo, prefiero a los estudiantes de comunicación social, música, mercadología, publicidad o pedagogía), porque la literatura colombiana actual, la que publican las editoriales, la de los autores que ganan los premios importantes, no es digna de ser leída, mucho menos de ser estudiada. Es triste haber estudiado literatura para terminar renunciando a dar clases de literatura.

    Faltó que en El Espectador pidieran la voz de auxilio de estas otras mentes brillantes, amantes todos de la alta cultura, de la Idea que defiende con ahínco el gran intelectual Andrés Hoyos. ¿Por qué no sentaron su voz de protesta también las mentes más autorizadas, los amigos de la Casa Malpensante: Héctor Abad Faciolince, Daniel Samper Ospina, Adolfo Zableh, Luis H. Aristizábal, Antonio García Ángel, Camilo Jiménez,Vladdo, Carolina Sanín, Juan Gabriel Vázquez, Evelio Rosero Diago, Juan Esteban Constaín, Margarita Posada, Virginia Mayer, Catalina Ruiz-Navarro..?

    Lo justo es que escriban una hermosa Carta Abierta para que sea firmada por ellos y por los que no están en la lista, los intelectuales que no desean que desaparezca la revista. Convertir el sueño en una gran causa para promover en un grupo de Facebook.

    Les propongo el título de la Carta: “La revista El Malpensante no puede desaparecer”.

  • Andrés sí existe (autoentrevista)

    - ¿Cuándo fue la última vez que se autoentrevistó?

    - No recuerdo, supongo que fue hace más de dos años.

    - ¿Recuerda el tema de su última autoentrevista?

    - No, no lo recuerdo.

    - ¿La autoentrevista es un género literario?

    - No sé.

    - ¿Por qué se autoentrevista?

    - Porque soy la única persona que podría hacer las preguntas que de verdad me interesan.

    - ¿Cuál es el tema de la autoentrevista de hoy?

    - Andrés sí existe.

    - ¿Andrés sí existe?

    - Sí, claro, es real.

    - ¿Si existe por qué el énfasis en decir que sí existe?

    - Es un juego inventado por él, le parece gracioso que tanta gente lo haya visto y sigan diciendo que no existe, que yo me lo inventé.

    ¿Desde hace cuánto tiempo conoce a Andres?

    - Desde el 5 de mayo de 2005

    - Casi diez años

    - Sí.

    - ¿Y son novios o esposos?

    - Desde 2012 vivimos juntos, aunque la palabra esposos no es la más adecuada para nosotros.

    - ¿Por qué?

    - Estamos juntos porque queremos, no estamos esposados, no estamos obligados a estar uno al lado del otro.

    - ¿Andrés qué hace?

    - Trabaja por temporadas y descansa por temporadas.

    ¿Y por qué?

    - Porque se hastía de toda la porquería que significa trabajar, se desespera, renuncia, vuelve a descansar, vuelve a trabajar, vuelve a renunciar…

    ¿En este momento está trabajando o está descansando?

    - En este momento está descansando, durante este mes pasamos la vida viendo partidos del fútbol.

    - ¿Y usted qué piensa de eso?

    - Lo entiendo, lo comprendo y lo apoyo. Yo no podría trabajar en una oficina con un contrato indefinido, de lunes a viernes, de 8 a 5, haciendo más o menos lo mismo todos los malditos días de la vida, sólo por plata, sólo por eso. La mayor parte de la gente trabaja por la remuneración económica y eso no es justo. La mayoría de la gente tiene que soportar esa miseria, Andrés se puede dar el lujo de renunciar cuando no aguanta más, cuando está a punto de enloquecer porque no quiere formar parte de todo esto, de esta miseria de vida que vive la mayor parte de la gente.

    ¿Qué es lo que más admira de Andrés?

    Su nobleza, su admiración hacia mí, su forma de hacerse querer y su forma elegante de descansar.

    Hablemos de su nobleza.

    Si yo soy noble él es mucho más noble que yo, él a mi lado y yo al suyo somos la nobleza total, somos indefensos el uno ante el otro, somos compasivos y nos tratamos muy bien, podemos estar juntos todos los minutos de muchos días en silencio, cada uno rumiando sus propios pensamientos, sin herirnos, sin hartarnos, nos divertimos con placeres simples: salimos a almorzar cerca de la casa, tomamos café, vamos a cine, tomamos el sol en el parque, caminamos en silencio mirando el sufrimiento de la gente, tanto inocencia, tanta desesperación. El tiempo compartido junto a él nunca es una tortura, un suplicio al que estamos condenados, es extraño, supongo que pocas parejas pueden vivir así y sentirse muy bien.

    Hablemos de la admiración de Andrés hacia usted.

    Una persona como yo necesita público y necesita ser querida para hacer las cosas bien. Sin público no soy nada, por eso soy profesora y por eso escribo en este blog. Mucha gente me quiere, me lo dicen todos los días, lo manifiestan de muchas formas, pero creo que nadie me quiere como me quiere Andrés y eso es maravilloso porque él no está obligado a quererme, nos conocimos por casualidad, no está obligado a estar aquí conmigo y sin embargo está ahí, nos escogimos el uno al otro.

    Hablemos de su forma de hacerse querer

    Eso es lo más misterioso de todo, no sé cuál es la fórmula que usa para que yo lo quiera tanto, para hacerse aceptar como es, para lograr que una persona como yo pueda terminar aspirando a ser como él.

    ¿Aspira a ser como él?

    .- No, eso es imposible, él encarna el deseo de algunos autores a los que admiro, personas que han soñado con una vida como la que vive Andrés pero la diferencia entre él y ellos es que ellos la sueñan y él la vive.

    - ¿Cuál es esa aspiración?

    - Tiene que ver especialmente con el placer de dormir y de acostarse a pensar, a pasar las horas de cada día sin hacer nada. Yo aspiro a eso pero no puedo, quisiera dormir más de lo que duermo y vivir la vida como si no tuviera sentido porque no lo tiene, pero yo trato de buscárselo, me empeño en eso, paso la vida buscando libros, leyendo, escribiendo, pensando en lo que leo, en lo que escribo y en lo que leeré. Casi todo tiene que ver con la estupidez, con la falta de sentido, con la muerte como único destino. Yo quisiera vivir en la inactividad total como Andrés, no sé qué piensa, no sé cómo puede pasar la vida sin leer, sin metas, sin grandes aspiraciones. El encarna el sueño de muchos filósofos, no necesita escribirlo, lo vive. Eso es admirable. Es admirable porque se siente bien, es una persona plena, tranquila, sospecho que se siente muy bien, lo manifiesta a través de su sonrisa franca.

    - Usted se jactaba de su soltería pero ahora se ve muy satisfecha viviendo con Andrés. ¿El no afecta su vida como intelectual, no interfiere en sus procesos mentales, en su vida premeditada desde cuando tenía nueve años?

    - No, al contrario, ahora siento que escribo mejor y leo más y de paso estoy comprobando que hay muchos lugares comunes sobre los intelectuales. Puedo hacer lo que hacía hace diez años viviendo con Andrés, puedo leer y escribir mientras él duerme, habla por teléfono, cocina, oye música o ve televisión, ni su presencia ni sus actos interfieren en mis procesos de pensamiento, de lectura o de escritura. Gracias a él me he reconciliado un poco con la televisión y he aprendido a ser menos rígida porque él es un poco desordenado. Somos diferentes, muy diferentes y esa diferencia ha modificado un poco mi cerebro, lo ha hecho más adaptable.

    - ¿Por qué hay tanta gente diciendo que Andrés no existe?

    - No sé, nunca lo he sabido, sospecho que esta creencia tiene que ver con lugares comunes sobre las mujeres que escriben. Un hombre que escribe es neutro, es un hombre. Si una mujer escribe debe haber algo anormal en su vida: debe estar enferma, se debe sentir muy sola, su vida debe ser una vida miserable, debe ser virgen, muchos gatos deben acompañar su miseria…

    ¿Le molesta tanto el asunto hasta el límite de aclararlo en una autoentrevista?

    Lo aclaro porque es divertido hacerlo, porque es un pretexto para hablar extensamente de Andrés, porque quiero que quede constancia del tipo de hombre que es y del bien que le ha hecho a mi vida durante los últimos diez años. Más que molestarme me intriga, me sorprenden todas las leyendas que se siguen construyendo alrededor de las mujeres que escriben a pesar de que cada día sean más, me sorprende que los ataques personales vengan en su mayoría de mujeres, precisamente de mujeres.

    - ¿Andrés sabe qué usted está escribiendo esta autoentrevista?

    - Sí, claro, esta mañana, antes de salir a caminar, le conté que iba a escribir sobre él, sobre su existencia. Mientras caminaba pensaba en la estructura del texto. Al final, aquí sentada, se me ocurrió que lo mejor sería una autoentrevista.

    - ¿Andrés dónde está?

    - Salió para el parque, caminamos cada uno por su lado, cada quien tiene su propio recorrido, cuando regrese leeré este texto en voz alta y sonreiremos juntos, me fascina leer en voz alta para él, leer y sonreír, eso es muy divertido para los dos, otro de nuestros placeres simples.

  • Ideas sobre el tiempo

    Cómo me gustaría un ensayo tuyo sobre lo que dicen tus autores favoritos sobre el tiempo. Me encanta ese tema.

    @Margaritarosadf

    ***

    Como Margarita me ha pedido que escriba lo que dicen mis autores favoritos sobre tan bonito tema los voy a poner a hablar a ellos a través de mis citas favoritas, no voy a escribir quién dijo qué, cuándo, dónde ni por qué, sólo los citaré. Sin nombres y sin comentarios, como si todos estuvieran muertos y nadie los hubiera conocido.

    Hay varias formas de pensar, vivir y hablar del tiempo y para darle forma y sentido a las voces de los autores dividí las citas en temas. Lo que ellos piensan del tiempo es lo que también pienso yo, eso se da por sentado, por eso me gustan, los admiro, trato de imitarlos y conservo sus mejores frases.

    El instante perfecto

    En cuanto uno se recuesta, el tiempo deja de fluir y de tener importancia.

    No echaré a perder mi amor por lo sombrío escribiendo una oda a la oscuridad.

    El éxtasis lo encuentro en el vivir, la mera sensación de estar viviendo es suficiente gozo.

    Caminar en un bosque entre dos hileras de helechos transfigurados por el otoño; eso es un triunfo.

    El tiempo de la lectura

    Una carta la siento siempre como la inmortalidad, porque es la mente sola sin el amigo corporal. Deudores en nuestra conversación de la actitud y del acento, parece que hay un poder espectral en el pensamiento que camina solo.

    Cuando vio este nuevo libro sobre su mesa de noche, apilado sobre el que había terminado la noche anterior, estiró la mano automáticamente, como si leer fuera la primera y única tarea evidente del día, la única forma viable de negociar el tránsito del sueño al deber.

    ¿Sabes que es lo que hay de más íntimo, más oculto en todo mi corazón y lo que es más “yo” en mí? Son dos o tres pobres ideas de arte incubadas con amor; eso es todo. Los más grandes acontecimientos de mi vida han sido algunos pensamientos, lecturas, ciertas puestas de sol en Trouville al borde del mar, y charlas de cinco o seis horas consecutivas con un amigo que ahora está casado, y perdido para mí.

    Las horas

    El Hoy hace que el Ayer signifique.

    No tengo tiempo de describir mis planes, Debería decir muchas cosas sobre las horas y mi descubrimiento; cómo excavo hermosas grutas detrás de mis personajes; creo que eso plasma exactamente lo que quiero; humanidad, humor, hondura. La idea es que las grutas conecten entre sí, y cada una sale a la luz del día en el momento presente.

    El tiempo y la muerte

    La vida es una muerte que prolongamos; la muerte es el gozne de la vida.

    El hombre ha nacido para morir. ¿Qué quiere decir eso? Perder el tiempo y esperar.

    Para vencer la perturbación o una inquietud tenaz no hay nada como imaginar el propio entierro.

    Es reconfortante reconocer que somos provisionales permanentes, aunque nada más sepamos.

    Nada te será tan útil para mostrar temperancia en todas las cosas como la frecuente consideración de la brevedad y la incertidumbre de la vida. En cualquier cosa que hagas, pon tus ojos en la muerte.

    Estas dos muchachas crecerán hasta llegar a la edad madura y después a la vejez, y se marchitarán o se hincharán; los cementerios donde serán enterradas eventualmente se volverán ruinas donde la hierba crecerá salvaje y los perros merodearán de noche.

    El tiempo subjetivo

    La puntualidad es propia de un angustiado.

    Muchas cosas que causan terror de noche, el día las torna ridículas.

    El tiempo y las expectativas

    La vida está construida de tal manera que el acontecimiento no puede igualar a las expectativas.

    Lo único que debería enseñársele a los jóvenes es que no hay nada o casi nada que esperar de la vida.

    La mayor parte de nuestros Momentos son Momentos del Prólogo. “Siete Semanas” es una larga vida – si se viven del todo.

    No creo en nada, pero siempre me alegra despertarme por las mañanas. No me deprime. Nunca estoy deprimido. Sé que es una locura, porque es un optimismo sobre nada. Creo que la vida no tiene sentido y sin embargo me excita. Siempre creo que va a suceder algo maravilloso.

    Antes pasé largas horas soñando con triunfos asombrosos para mí, cuyos clamores me hacían estremecerme como si ya los hubiera oído. Pero no sé por qué, una mañana me desperté desembarazado de aquel deseo, incluso más enteramente que si hubiera sido satisfecho. Entonces me vi más pequeño, y dediqué toda mi razón a observar mi naturaleza, su fondo, y sobre todo sus límites.

    El tiempo perdido

    Laboro para deshacerme del espanto, pero el espanto impulsa la labor.

    El tiempo vacío de la meditación es, en realidad, el único tiempo lleno.

    No hago nada, es cierto. Pero veo pasar las horas -lo cual vale más que tratar de llenarlas.

    Casi siempre lo mejor de la vida consiste en no hacer nada en absoluto, en pasar el tiempo reflexionando, rumiando todo ello.

    Cuando tenía treinta años creía no haber vivido. En esa época no sospechaba todavía que era imposible no vivir. A los treinta años comprendí el error de pensar que la lectura y la meditación pertenecen menos a la vida que otras ocupaciones.

    El tiempo y la espera

    En la espera se manifiesta, se revela, la esencia del tiempo. ¡Qué superioridad la de haber dejado de esperar!

    El tiempo y la incertidumbre

    El recordar una determinada imagen no es sino echar de menos un determinado instante, y las cosas, los caminos, los paseos, desgraciadamente son tan fugitivos como los años.

    Yo no sé quién me ha traído al mundo, ni lo que es el mundo, ni lo que soy yo mismo. Permanezco en una ignorancia terrible de todas las cosas. No sé lo que es mi cuerpo, ni mis sentidos, ni mi alma, ni esta parte de mí mismo que piensa lo que estoy diciendo y que reflexiona sobre todo, y sobre sí misma, y que, por otra parte, no se conoce tampoco. Veo estos espantosos espacios del Universo que encierran, y me encuentro ligado a un rincón de esta vasta extensión , sin que sepa por qué estoy colocado en este lugar y no en otro, ni por qué este poco tiempo que me es dado vivir me ha sido asignado a este punto, y no a otro, de toda la eternidad que me precede y de toda la que me sigue.

    El tiempo del cerebro

    La realidad es sólo una ilusión, pero una ilusión muy persistente.

    Somos básicamente máquinas de soñar que construyen modelos virtuales del mundo real.

    El cerebro debe reconstruir el mundo externo como una película o un sueño continuo, en permanente discurrir. Para ello debe anticipar o prever constantemente, operando y orientando su foco de manera discontinua, pero integrando todo lo anterior mediante una actividad en saltos, en intervalos discretos de tiempo. En otras palabras, la predicción impulsa la reorganización de foco de manera rápida y evanescente.

    Una vez evolucionadas, las neuronas constituyen la estructura central de todos los cerebros en todas las formas animales: transmiten información, construyen, soportan y memorizan el mundo interno –mundo compuesto de neuronas que simula la realidad externa apropiándose de sus principios operativos, para después volver a introducir en el mundo exterior el producto de la cognición por medio de los movimientos que denominamos conducta.

    Si la tecnología de la conciencia se desarrolla suficientemente, se podría colocar a una persona en un entorno virtual y engañar a su cerebro hasta el punto de hacerle creer que su auténtica realidad es aquella y que su cuerpo real es el cuerpo que siente en el mundo virtual… la vuelta al mundo real podría ser muy impactante: una experiencia de este tipo conferiría una percepción muy clara de un hecho que normalmente tendemos a ignorar: que el mismo mundo real, la misma sensación que percibimos cada día de tener una identidad y estar en un cuerpo, no es nada más que una creación del cerebro, tan arbitraria y manipulable como la del mundo virtual. Incluso podríamos ser cerebros conservados en formol y nuestra conciencia, el resultado de una sencilla estimulación externa.

    Conclusión

    Sí, piensa Clarissa, es hora de que el día termine. Damos fiestas; abandonamos a nuestras familias para irnos a vivir solos a Canadá; luchamos por escribir libros que no cambian el mundo a pesar de nuestros talentos y de nuestros generosos esfuerzos, de nuestras extravagantes expectativas. vivimos nuestras vidas, hacemos lo que sea que hagamos, y después dormimos -es así de fácil y ordinario. Unos cuantos saltan por una ventana o se ahogan o toman pastillas; muchos más mueren por accidente; y la mayoría de nosotros, la gran mayoría, somos devorados lentamente por alguna enfermedad, o si somos afortunados, por el tiempo mismo. No nos queda más que este consuelo: una hora aquí y allá en la que nuestras vidas se abren en una explosión, contra todas las posibilidades y todas las expectativas y nos ofrecen todo lo que jamás imaginamos, aunque todos excepto los niños (y quizás ellos también) saben que a estas horas inevitablemente seguirán otras más oscuras y más difíciles. Y sin embargo, amamos la ciudad, la mañana, más que nada, tenemos la esperanza de más.

  • Feminismo colombiano

    En 1929 Virginia Woolf escribió Una habitación propia y a partir de ese momento ese ensayo se constituyó en un texto clave para pensar en las mujeres, el arte, el dinero y el feminismo. Ha pasado casi un siglo y el feminismo sigue estando de moda, se siguen escribiendo libros sobre el asunto, pero los cambios de fondo no son muy evidentes; no se sabe si por falta de difusión del material teórico y si porque hombres y mujeres son más dichosos viviendo en estado natural, como cualquier animal con ojos para ver y patas para desplazarse y buscar con quién copular: machos y hembras mezclan su material genético para que no se pierda el prodigio, para vivir la plenitud del milagro de la vida, como si no hubiera más sentido que la reproducción de los seres y la multiplicación de los nombres y los apellidos.

    A continuación voy a tratar de presentar de forma breve y concreta las formas de vivir el feminismo en Colombia, hay feminismo para todos los gustos, según las necesidades y la conveniencia de cada mujer. Cada colombiana tiene su andamiaje teórico en el cual escudarse, ideas maravillosas para justificar su propia estupidez.

    1. El puterío como feminismo

    Hay una vertiente del feminismo que parte del cuerpo y de la libertad de la mujer para disponer de ese cuerpo-máquina como le plazca porque es lo único que de verdad le pertenece. Si el cuerpo y la explotación de la sexualidad se constituyen en fuente de placer -y de ingresos- es la mujer y sólo la mujer quien, gracias a una decisión autónoma, decide convertirse en la máquina de follar, en la gran puta. Si cobra o no cobra no es relevante, lo que de verdad importa es que la mujer decida sobre su cuerpo y ya.

    2. La madre cabeza de hogar

    Hay una vertiente del feminismo que parte del siguiente presupuesto: la mujer es una verraca, mucho más verraca que el hombre. La predisposición biológica para parir le confiere poder y si es capaz de parir y de educar a sus hijos como ciudadanos de bien, sin necesidad de un hombre, esa mujer se constituye en una especie de heroína, es la Hembra superior a todas aquellas que no han vivido la experiencia más bella de la vida: la maternidad.

    Esta teoría goza de mucha aceptación en Colombia. Algunas de estas mujeres ven al hombre como semental, el gran trabajo, la gran realización y el ser ejemplar de la historia será siempre la mujer, la guerrera, la incansable, la que lo entrega todo por amor a la cría.

    Algunas feministas quieren al hijo pero no quieren al hombre; algunas llevan su rebeldía a constituirse en abiertamente lesbianas. Lesbianismo y feminismo son una buena combinación para convertirse en una mujer respetable en algunos contextos. Ellas también se sienten autónomas.

    3. La empresaria exitosa

    Hay una vertiente del feminismo que parte de la idea de que la mujer no es inferior al hombre y compite con éste con la idea de gozar del poder que ha sido instaurado a lo largo de los siglos para ser beneficio propio del gozo masculino. Entonces la mujer se convierte en una máquina de producir plata, es una mujer que desea ser famosa, reconocida y admirada por millones de seres humanos, masas que se extasían ante su presencia. Son cantantes, bailarinas, diseñadoras, fabrican perfumes, promueven causas y son hermosas, casi siempre muy femeninas y muy tranquilas, controladas, claras en sus metas como los grandes ejecutivos, como los hombres.

    4. La todoterreno

    Hay una vertiente del feminismo que parte de la idea de la realización de la mujer. Ella puede disfrutar del trabajo, la maternidad, la feminidad, la intuición, la creatividad, la sexualidad, se trata de la mujer que puede ser muchas mujeres y en cada faceta se desempeña bien, es una mujer exitosa en un nivel o en varios y se lleva bien con la publicidad y con los bancos, ella es un cliente preferencial. Los niños son un buen gancho para atraer clientes pero algunas mujeres pueden llegar a ser todavía más dóciles que el más mimado de los bebés.

    El dinero que cae en las manos de las mujeres es dinero que se esfuma de forma más dispersa que el que cae en las manos de los hombres, la mujer es mejor administradora, más intuitiva, más organizada. Ellas saben cómo gastarse el dinero, cómo llegar a ser mujeres admirables, son mujeres que gozan viendo cómo se esfuma la ganancia de forma organizada y creativa.

    5. La indignada

    Hay una vertiente del feminismo que parte de la idea de que ser feminista consiste en llorar durante toda una vida porque las mujeres han sido maltratadas, violadas, mutiladas, humilladas, estigmatizadas, minimizadas, atacadas de forma física y psicológica a lo largo de la historia. Lloran por las víctimas del pasado y por las del presente. Buscan víctimas todos los días para exhibir, para sensibilizar a la sociedad entera sobre hechos que no se pueden volver a repetir, ven agresión por doquier, se convierten en mujeres amargadas, resentidas, frustradas y solitarias porque el sufrimiento por el dolor ajeno se convierte en su propio peso, en su propio castigo.

    Algunas lo sufren de verdad y mueren vírgenes y mártires. Otras, la mayoría de estas buenas mujeres, suelen mezclar otros tipos de feminismo, especialmente el feminismo del puterío y el de la mujer exitosa que no es menos que nadie, menos que el hombre. Esos papelones suelen hacer sentir bien a las masas embrutecidas, la chusma se siente bien ante la representación de la mujer más buena del mundo, la que es capaz de ponerse en el papel del otro y sufrir con las demás, sufrir por los dolores de comunidades enteras. Mártires como Cristo o iluminadas como Buda.

  • Contra la ropa de control, las fajas y los brasieres rellenos de espuma de colchón

    La conquistadora es la mujer, es ella quien escoge, es ella quien decide por quién quiere ser mirada, por quién quiere ser conquistada, a quién le quiere despejar el camino para que desarrolle su papel de galán: un caballero que conquistará a la dama.

    La mujer tiene encantos naturales para atraer al hombre pero también se vale del artificio para hacerse mirar con mayor énfasis. Usa maquillaje, se peina, usa zapatos de todos los colores, diseños y tacones y sobre esos zapatos se inventa formas de caminar y de correr y finge que lo hace de forma natural pero todos sabemos que quiere reafirmarse cada día, quiere seguir vigente aunque tenga doce o aunque tenga ochenta y seis años.

    Quiere que la miren, la deseen, quiere amor, quiere llenar el vacío que la invade aunque lo tenga todo. Quiere ser mirada por todos, por hombres y mujeres, quiere escandalizar, quiere devorar el mundo, no intenta estimular la mirada de un hombre en particular sino la de todos, quiere ser modelo o maniquí ambulante. ¡Es todo tan asqueroso!

    El colmo del artificio es sacarse la grasa del cuerpo en una sala de cirugía, inflarse o desinflarse las tetas con bombas de caucho dentro de los senos naturales, cortarse las piernas y ponerse extensiones con varillas metálicas para parecer un poco más alta encima de sus tacones. Una cirugía lleva a la otra y hay mujeres adictas a las cirugías que terminan pareciendo monstruos. Llaman la atención, todos las miran, nadie las desea porque esas mujeres inspiran miedo, ellas representan el grito desesperado de millones de mujeres que desean ser miradas pero qué mujer desea ser mirada como si se tratara de un payaso triste, una caricatura de la belleza. La respuesta es sencilla: ninguna desea ser vista como la encarnación de la mujer desesperada, ávida de abrazos, de besos y de palabras llenas de admiración. Pero en el mundo, en los centros comerciales, lo que más abunda son las mujeres desesperadas. Y tanta desesperación espanta a los hombres, los asusta. Muchos de ellos han decidido hacerse homosexuales por miedo a ser devorados por una diosa de centro comercial.

    Cuando las mujeres no se atreven o no cuentan con el dinero para transformar el cuerpo con cirugías estéticas recurren a artificios al alcance de su presupuesto: fajas, ropa de control, calzones y brasieres rellenos con espuma de colchón.

    Esas prendas son mucho más desagradable que la cirugía estética porque son la caricatura de la mujer que quiere verse como una muñeca inflable, es decir, la que recurre a las cirugías. Las fajas asfixian y afectan la forma de caminar, respirar y hablar. Lo saben las mujeres y lo notan los hombres. La ropa de control es familiar cercana de la faja y en muchas ocasiones no hace ver más delgada a la mujer sino que la convierte en un ser de aspecto grotesco porque la grasa que quiere ser disimulada se concentra en otra parte del cuerpo, casi siempre en el cuello o en la espalda.

    Siempre que veo a una muñeca de estas en la calle, sea con cirugías o con ropa falsa me pregunto cómo afrontan la experiencia de la desnudez, cómo enfrentan al macho que han conquistad0 cuando se despojan de sus calzones y sus brasieres rellenos, qué sienten cuando su gordura cae al ser despojada de la faja y la ropa de control, cómo afrontan la celulitis, las estrías y la flacidez, cómo se entregan a los placeres del cuerpo si ese cuerpo desnudo no es el cuerpo que parecía insinuar la ropa de control. Un amigo me dijo que las muñecas inflables y las expertas en tacones y en caminada de pasarela por los pasillos del centro comercial no sienten, no gozan, algunas cobran por dejarse tocar una pierna o una teta, pero se sienten mejor cuando se ven vestidas, desnudas no son nada, piden siempre que todo pase con la luz apagada porque cuando se desnudan desaparece todo lo que habían ofrecido a su galán de turno.

  • Fin de viaje. La vida tranquila

    Después de cuatro años me habían convencido. Estaba decidida a salir de Bogota: Bucaramanga por tierra en compañía de mi ser amado. De momento me pareció divertido imaginarlo sentado a mi lado en un bus durante seis o siete horas, quería conocerlo en una nueva faceta. ¿Cómo será ver al hombre más impaciente del mundo en un plan de ese tipo?

    Invité a mi compañero de viaje a comprar los pasajes y dijo que le daba pereza. Yo le dije: a mí también, a mí me da pereza comprar los pasajes, sacar la maleta, comprar lo que necesitamos, empacar lo que vamos a llevar, que los vecinos nos vean saliendo con una maleta ruidosa, subir al maldito taxi y llegar a un aeropuerto con aire de funeraria o a una terminal de transporte terrestre con aire de plaza de mercado. Mi papá me enseñó a despreciar el transporte terrestre desde niña, él considera indigno viajar por tierra si no es en carro, en Su carro. Si sabe que su hija viaja por tierra en un bus inmundo durante más de una hora se enfurece conmigo y me mira con cara de fiera furiosa. Nunca lo he hecho, claro, esta sería mi primera aventura de carretera.

    La casa a la que estábamos invitados es la casa de la fantasía: una casa grande con tres mujeres fuertes, doce gatos propios y otros cinco que van a comer. Andrés está fascinado con ellas tanto como yo porque es difícil coincidir con mujeres así, se seducía con la idea de vernos a las cuatro hablando con nuestras voces fuertes y seguras: cuatro mujeres serias que leen y escriben y se apasionan hablando de política. Libros y política. ¡Emocionante! Pero la pereza es más fuerte que la seducción. Le pasa a él y me pasa a mí. Preferimos quedarnos aquí soñando con ellas que salir a comprar los pasajes.

    Soñar es mejor que vivir, los viajes no curan los dolores del alma, los paisajes son subjetivos… Mi desgracia es que cuando me alejo del Hogar lo añoro más que cuando estoy aquí y si contemplo un paisaje pienso en un libro. Cuando salgo y los demás esperan que viva una experiencia divertida mi idea fija es siempre la misma: me gusta leer.

    Cuando decidí que definitivamente no íbamos me quité un peso de encima y Andrés también, supongo. Esa soy yo, esa es mi naturaleza, no tengo otra y lo mejor de todo es que me gusta. Ha habido ocasiones tristes en las cuales a punto de salir, en el último minuto, con la maleta lista, preparada para la aventura, reacciono y la pereza me detiene. La furia me domina y soy implacable si alguien quiere obligarme a hacer lo que no quiero, es decir, a salir.

    A mucha gente le cuesta creer que hay gente a la que no le gusta salir de la casa, gente que no añora ni siquiera los placeres que ofrece Bogotá, la gran ciudad, la Capital. No me interesa, no la conozco, me pierdo en sus calles y me fascina ir siempre a los mismos lugares y encontrarme con las mismas personas. Soy simple, sin gracia, el único sitio en el que me siento más yo es aquí, sentada ante este teclado, escribiendo, como si fuera Marguerite Duras.

    He intentado ceder pero no puedo, más de una vez me he devuelto de un destino sola y mortificada. Cuando estoy de nuevo aquí me siento bien, mejor que bien. No tiene sentido intentarlo de nuevo.

    Queridas amigas: gracias por la invitación, perdón por decir hoy sí y mañana no, tendrían que estar en este cuerpo para que pudieran entender lo que significa para mí el Hogar, la Casa, el sitio desde donde soy más yo, donde siempre estoy tranquila, el espacio que no me hace desear nada porque para mí esto es lo mejor. En fin de un viaje, la vida tranquila, el día sin planes, estar siempre en el mismo lugar sintiendo pasar las horas, ver como pasa el tiempo sin desear nada, al lado de un hombre que es todavía más rebelde que yo. El no habla, él no escribe, él duermo mucho más que yo, está ahí, siempre a mí lado, aunque no sepa qué piensa de mí. No importa. Pero no está triste, es lo que sospecho, salimos a caminar, nos cruzamos con perros callejeros y gatos de jardín, creemos que nos sentimos bien uno al lado y eso, finalmente, es lo que importa, que uno crea que se siente bien y la vida es perfecta, como la soñamos siempre.

  • Canto a @el_reciclador

    @El_reciclador publicó su último tuit el 6 de junio, hoy comienza el mundial y el domingo es la segunda vuelta. Lo que más deseo es que esté bien y regrese pronto, hace falta su presencia ahí, precisamente ahí: en Twitter.

    ¿Cuál es el tuit de esa fatídico 6 de junio?

    “Hola Monsserrat, tanto te extrañaba que ya vine a darte cariño”.

    El quería que supiéramos cuál es el motivo de su ausencia y el motivo es desalentador, muy desalentador.

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    ¿Por qué escribe sobre @el_reciclador?

    Porque lo extraño

    ¿Por qué lo extraña?

    Porque lleva casi una semana sin escribir y ese último tuit suyo me pone triste porque he aprendido a apreciarlo más de lo que él se puede llegar a imaginar.

    ¿Cuál es su historia con @el_reciclador?

    Es una historia larga que comenzó en 2010. El me odiaba, pensaba que era una estúpida y me atacó sin compasión durante un buen tiempo. Luego comprendió -nunca supe cómo ni por qué- que soy una mujer increíblemente superior a todas las demás y desde ese día no tuvo más alternativa que adorarme. He sido implacable con él y él -como las personas inteligentes- sabe no caer en el juego de la provocación, no se deja tocar con las palabras de la persona más cruel sobre La Tierra, es decir: Yo.

    Aprendió a ser imperturbable conmigo. Siempre me trata con mucho cariño, respeto y admiración y, claro -como todos sabemos-, el buen trato desarma a cualquiera, ese es el mejor tratamiento que se le puede dar a alguien como yo, él lo sabe, él lo descubrió y cuando lo descubrió decidió ser una especie de ángel conmigo.

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    A la gente la conocemos en Twitter a través de los mensajes privados. ¡Dios! Tendrían que ver los mensajes privados de @el_reciclador. Lo que me lleva al convencimiento total de que Andrés es un gran ser humano son sus mensajes privados. No me pidan que los copie aquí porque no los tengo, siempre leo las conversaciones y las borro. Ya saben, vivo con la amenaza permanente de ser hackeada y quienes saquean cuentas van casi siempre por los mensajes privados. Aquí no encontrarán nunca nada.

    ——

    Querido Andrés: si puedes leer este mensaje espero que te encuentres muy bien. Espero también que entiendas sólo dos cositas más: te quiero mucho y me haces mucha falta.

  • Llegar a los cuarenta y cuatro años no es divertido para alguien como yo

    Hoy cumplo cuarenta y cuatro años, no lo escribo para que me feliciten porque no hay nada que celebrar pero tengo la sospecha de que estoy justo en el centro de mi vida. Antes -cuando tenía ocho años- quería vivir ciento doce, ahora me parece bien llegar a los ochenta y ocho. No quiero demostrarle nada a nadie.

    Cuando era niña tenía más vitalidad y sueños fantásticos relacionados con la vejez, me preparaba para pasar de los cien años. Ahora no, a veces la buena vida cansa y como ahora los viejos son legión me produce asco compartir vitalidad con tanta gente despreciable. Lo que más me fastidia de la gente mayor de cuarenta es su deseo de volver a ser jóvenes como si no hubieran vivido ya.

    He buscado consejos modernos para vivir la vejez con dignidad y ninguno de esos consejos tiene sentido para mí. Dicen los expertos: has trabajado como una mula, te has casado con la persona equivocada, tienes unos hijos a los que a veces desprecias, sientes que has arruinado tu vida porque no has hecho lo que te gusta, porque no sabes qué es lo que te gusta. Estás en la peor edad de tu vida, sabes que eres un perdedor, un ser humano de expresiones duras y cuerpo lamentable, sabes que si no hiciste nada digno a los treinta ni a los cuarenta tampoco lo va a hacer a los cincuenta, resígnate, perdedor, trata de disfrutar los pocos años de vida que te quedan, no te mires mucho en el espejo para que no te deprimas todavía más, compra ropa que oculte tu cuerpo inmundo…

    La diferencia entre la mayoría de la gente que se acerca a los cincuenta y yo es que ellos han cometido casi todos los errores y yo no he cometido ninguno. La gran diferencia entre la mayoría de la gente que está cerca de los cincuenta y yo es que ellos ha vivido en la inconsciencia, como las ratas, mientras que yo he vivido en la lucidez, como los dioses. Pero debo reconocer que hay momentos de desesperación, de aburrimiento. Cuando no hay nada que lamentar, cuando no hay traumas para superar ni personas a las que perdonar los días se hacen un poco largos y ni los libros ni las películas tienen nada que decirme porque el aprendizaje es para la vida y después de los cuarenta es poco lo que se puede aprender para el futuro porque el futuro es ya, porque toda la preparación en la infancia y la juventud fue para este momento, precisamente para este.

    No me preparé para el triunfo ni para el éxito sino para la vida tranquila, para vivir en el eterno descanso, para ver transcurrir el tiempo en la placidez del hogar sin que se interpongan las miradas de las vecinas.

    Logré el sueño que planeaba desde niña: no repetir los eternos errores de los pobres seres humanos, no dejarme guiar por el cuerpo ni por los amigos sino por el cerebro, vivir una vida consciente, eso quería, guiada por mentes brillantes como Séneca, Pascal, Montaigne y Bourdieu. Aquí estoy, sentada en mi trono con una sonrisa plácida pero un poco aburrida en todo caso. Si Dios existe se debe aburrir mucho, la perfección y la templanza también desesperan un poco cuando lo único que queda es el vacío, sentarse a esperar a que siga transcurriendo el tiempo.

  • De por qué es mejor tener treinta que cuarenta

    La edad ideal es nueve años, para mí fue una revelación. En 1979 supe qué quería, qué no quería, qué me gustaba y qué me fastidiaba, qué haría con mi vida a partir de ese momento.

    Los veinte me fastidiaron mucho, por aquello de Juventud Divino Tesoro, te vas para no volver (sí, en esa época leía mucha poesía latinoamericana), por aquello de que los jóvenes son el futuro y muchos otros lugares comunes falsos, como son todos los lugares comunes. Tener veinte años no es la gran cosa, es la fase más animal del ser humano. Cuando tenía veinte lo que más deseaba era tener treinta para deshacerme de la tontería llamada Juventud.

    Los treinta son los mejores, es mentira que a medida que pasan los años la gente es más feliz. A menos que se trate de viejos que han vivido a los golpes, como animales, cumpliendo ciclos biológicos que los tomaron por sorpresa, por ejemplo, realizándose como esposos, padres y adultos. Yo no cometí esa tontería, nunca creí que se aprende a los golpes, que la vida es dura y que las grandes satisfacciones son fruto de un gran esfuerzo, que se siembra para recoger.

    Desde que nací he practicado la Filosofía del descanso y, ahora, que voy a cumplir cuarenta y cuatro, creo que llegó la hora de descansar todavía más a conciencia, por aquello del peso de los años. Ese no es otro lugar común, es real. No es lo mismo tener treinta que cuarenta. Si una vieja de cuarenta dice que se siente mejor ahora que cuando tenía veinte es porque a los veinte ya era casada y tenía cuatro hijos o, simplemente, era una mujer enferma que superó sus enfermedades en la edad adulta. Jamás un niño de diez años pronunciaría frases del tipo: estoy pasando por el mejor momento de mi vida, es mejor tener ocho que seis.

  • Escritura como curación

    Esta mañana traté de recordar los grandes pesares de mi vida y no recordé ninguno, soy un ser sin sufrimiento, mi vida ha sido imperturbable, no hay nada que lamentar, ningún recuerdo digno de ser esquivado por la mente por miedo a sufrir rememorando el instante perfecto o monstruoso.

    Recordé mi vida de año en año desde que tengo cinco años y no encontré grandes cambios; recordé mi vida desde los cinco años de cinco en cinco y hay algunos cambios pero todo lo veo de forma muy positiva: leer, estudiar, trabajar, escribir, esta casa, vivir con Andrés. No recuerdo con dolor ni con alegría los pocos paseos de mi vida, las muertes ni las preocupaciones. Y no es porque no haya vivido experiencias negativas sino porque antes de vivir leí a Séneca, a Plotino y a Plutarco y creí cada una de las frases sabias que escribieron estos genios, claro, con la inocencia de una niña de siete años. Hoy saqué de la biblioteca esos libros que me modificaron el cerebro; los quiero volver a leer sólo para saber si recuerdo las frases fundamentales.

    Aprendí a vivir antes de haber vivido y eso hace de cualquier vida una vida plena. Pero pensé de forma persistente que tal vez es más efectiva la escritura que la lectura, no quedarse con las ganas de expresar a través de las palabras, de forma oculta o explícita, el origen del dolor o la alegría, los recuerdos bellos o desagradables, las experiencias buenas o malas.

    Cuando una experiencia pide ser contada a través de la escritura es preciso no quedarse con las ganas, es un atentado contra uno mismo. Estoy casi segura de que no puedo sentir placer ni insatisfacción recordando la mayor parte de las experiencias vividas durante los últimos veinte años porque más o menos desde hace veinte años cuando tengo uno inquietud relacionada con la vida leo, pienso y después escribo, entonces vivo como si no tuviera vida y me siento bien, no sufro ni gozo, estoy más allá del bien y del mal.

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