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  • Twitter y Facebook

    Twitter es para genios y Facebook es para chismosos imprudentes.

    Twitter se lee y Facebook se mira.

    La mayoría de la gente con una cuenta en Twitter la usa para leer;

    La mayoría de la gente con una cuenta en Facebook la usa para mirar.

    El que lee sufre y el que mira también sufre.

    El que lee sufre porque algunos tuits hieren

    El que mira sufre porque la imagen hiere más que la palabra.

    Twitter y Facebook sirven para presumir.

    En Twitter se presume con humor, ironía, conocimiento, inconformidad, denuncia, falsa denuncia….

    En Facebook se presume con fotografías. La vida privada, la felicidad compartida sin decoro para ser envidiada por quienes ven esas fotografías.

    En Twitter se exhiben fotografías y en Facebook se anotan estados y frases para pensar, para poner a pensar a la gente envidiosa mientras mira fotografías, reflejo de felicidad, de plenitud total.

    Mirar fotografías en Facebook es una forma de envilecerse al contemplar la vida de los imprudentes que publican fotografías de su vida privada.

    Leer tuits no sé qué pueda llegar a significar.

  • Twitter y la risa

    Anoche estuve revisando mis FAVs

    Y casi todos me volvían a producir risa,

    ¡Loca de la risa!

    ***

    La risa es un asunto que me interesa mucho,

    Pero también me interesan otras muchas cosas.

    Por ejemplo leer libros y ver películas

    Y aunque algunas veces los libros y las películas me producen risa

    Nada me produce tanta risa como ver lo que faveo en Twitter.

    ***

    Pero debo confesarles algo: casi siempre es una risa estúpida.

    De los FAVs que revisé no recordaba casi nada

    Porque casi todo lo que produce risa en Twitter es provocado por algo que ha ocurrido en el instante:

    La caída en el lodo de una figura pública

    O una señora de sesenta años bailando desnuda.

    ***

    Mientras revisaba mis FAVs no me reía,

    Más bien estuve a punto de echarme a llorar:

    ¿Tantos años consagrados a brindarme la mejor educación

    Para terminar riéndome de lo que se ríe el usuario común de la red llamada Twitter,

    Que no es precisamente gente digna de ser admirada por alguien como yo?

    ***

    Por eso me voy.

    A partir de este momento voy a empezar a usar Twitter para lo mismo que uso Facebook:

    Para enlazar lo que voy escribiendo en este blog.

    Porque escribir en este blog es lo único que sigue valiendo la pena.

    ***

    Y por eso me despido:

    ¡Adiós queridos amigos!

    Me extrañarán dos o tres semanas y después se acostumbrarán a vivir sin mí

    Porque en la vida todo pasa.

    ***

    ¡Adiós!

  • Del blog al libro

    Sé de varios autores de libros que han incursionado en el mundo del blog y escriben en tiempo real como escriben sus libros: con el mismo tono, con el mismo estilo, con el mismo amor propio. Después de dos o tres años en el mundo digital dan el gran paso y convierten sus mejores posts en un gran libro, en otro libro para la colección, para anotar en la Hoja de Vida del gran erudito.

    Esos libros, los libros que surgieron de un blog, son libros sin sentido porque el universo del libro no es igual al universo del blog y a continuación les voy a explicar por qué:

    El libro está hecho de átomos, el blog está hecho de bits. Walter Ong y Paul Virilio son de gran ayuda para entender mejor el asunto.

    El libro es para leer de forma lineal, el blog es para leer de forma aleatoria.

    El libro exige un tipo de lector, un lector formado a partir de la lectura de libros; el lector de blogs, en cambio, es un lector nuevo, un lector “educado” en entornos digitatales o un lector que pudo haber sido antes un lector de libros. Son lectores diferentes, su configuración mental cambia cuando cambia el soporte.

    Pasar del libro al blog es muy ligero y pasar de blog al libro es muy pesado.

    El autor de libros es una especie de Dios y su lector es un lector conforme, no tiene derecho a refutarlo; el autor de posts que serán publicados en un blog es un pobre ser dispuesto a ser ridiculizado, banalizado, escarnecido, atormentado… porque los posts se pueden compartir, porque Google puede direccionar a un blog, porque los lectores pueden comentar, y si el creador del blog es generoso y publica todos los comentarios, puede llegar un momento en el que los lectores se pongan por encima del genio digital y lo destrocen por el simple placer de hacerlo sonrojar o porque lo que escribe los afecta tanto que se sienten obligados a comentar y comentan. Y no precisamente en los mejores términos.

    El libro es un ladrillo, el blog es como la seda.

    El autor de un libro queda condenado de por vida después de publicar sus bellas composiciones, no se puede arrepentir de lo dicho; el autor del blog puede, en cambio, disponer del material a su antojo: puede modificarlo las veces que desee, puede desarrollar una idea en varios posts y enlazarlos a través de etiquetas. Puede -si pasa por una terrible crisis existencial- borrar el blog entero y empezar de cero con otro nuevo blog o, simplemente, darse un tiro y acabar con todo, porque la persona que escribe en un blog es un ser libre, autónomo, juguetón y mucho menos serio y pesado que el arrogante escritor de libros.

    En el libro el autor lo es todo, en el blog el autor no es nada, no importa quién escribió lo que estamos leyendo sino cuánto nos divierte y con quién lo queremos compartir. El blog está matando al autor pero no al libro.

    El autor de libros no sabe quién lee sus libros ni cómo reaccionan los lectores, la venta de ejemplares no garantiza la lectura; el escritor de blogs, en cambio, tiene un registro diario de las visitar a su blog y sabe cuáles son los textos más comentados, los más leídos y, además, puede interactuar con sus lectores. Aunque no tenga nombre ni cuerpo puede llegar a ser más humano que el autor de libros.

    Como se podrán dar cuenta, soy una defensora absoluta de la escritura en medios digitales y desprecio a los escritores de libros que no han descubierto las grandes diferencias entre un soporte y otro.

  • Poetas tuiteros

    Lo más difícil de leer y escribir en literatura es poesía, pero la masa ignorante y analfabeta siente que es lo más fácil y lo más democrático también, precisamente porque no saben de literatura, porque no respetan el arte y subestiman a los poetas. Asumen que la poesía la escribe cualquiera, se sienten con el derecho para competir con Blake, Baudelaire, Rilke, Keats, Leopardi, Dickinson, Hofmannsthal y todos los demás.

    Así son.

    Asumen que escribir Mi mamá me ama o El enano come banano es poesía, es decir, que al aprender el alfabeto se apropian de la lengua, del sistema, del ritmo, la técnica. Y entonces cualquiera se llama a sí mismo Poeta: poeta tuitero.

    En Twitter abundan más los poetas que los filósofos, poetas y filósofos sin formación académica, gente que no ha leído ningún libro y ni siquiera sabe escribir en español. Pero como en las redes sociales reina la ignorancia, la zalamería y la nivelación desde abajo se felicitan unos a otros por sus maravillosas composiciones.

    Sospecho que varios poetas tuiteros han publicado sus antologías y éstas han sido presentadas en las ferias del libro como la Obra, la gran revelación, la nueva reencarnación de Silva o de Barba Jacob.

    Así son.

    Los poetas tuiteros conversan, interactúan entre ellos, hablan de temas diversos y entre un verso a la luna, al sol, a las estrellas, al amanecer, al atardecer, a la montaña, a la brisa marina… revelan su verdadera naturaleza.

    Cuando mejor se conoce a una persona – a un poeta- es cuando habla, cuando no está “componiendo”, cuando es más él mismo, la persona, el centro de su ser revelado a través de la conversación cotidiana, la palabra que fluye sin premeditación, la oralidad prístina.

    Pero la oralidad prístina del típico poeta tuitero no me lleva a pensar en las cartas de Emily Dickinson, las imágenes de William Blake o los Consejos de Rainer María Rilke, sino que me hacen pensar en el parlache, en doña Gloria, en el Zarco, en el habla más representativa de Colombia, la que más nos divierte cuando estamos hablado de fonología.

    Ante las conversaciones de la mayoría de los poetas tuiteros me siento sumergida en esta conversación.

    Así son:

    -Quiubo.

    -Bien.

    -Hijueputa. Más mal, estuve en el entierro de Janik.

    - ¿Cómo?

    - Sí, hijueputa, lo mataron el viernes.

    - Vida marica: ¡lo mataron! ¿Quién fue el gonorrea?

    - No que va, el malparido se mató solo.

    - Mande

    - Sí, iba en una moto con Jerry y se le atravesó una puta buseta y el gorsobia voló, explotó.

    - Hijueputa, es güevón vivito todavía no se pasaba de remojo, pa’ ir a matarse él mismo.

    - Sí, aquél… está más grave, el que lo iba parrillando y a ese sí no, sólo se jodió una mano y se cortó la cara. Ese man ya está es de mental y no hace sino gritar, dizque: viejo, por qué vos, hijueputa, y casi no lo deja enterrar.

    - Jerry es un amor, una nota, Hoy mismo me piso pa’ allá. El no se va a joder más.

    -Yanik quedó más lindo, todo nota, lo peinaron muy cuquita, yo me tomé todo un rollo con él; pero ahí el feto era yo, él estaba preciosis. Los muchachos, cuando lo iban a enterrar, se tiraron a ese güeco, casi no dejan hacer nada. Los chachos están dolidos, más si no tienen por qué vengarse. Porque cuando hay con quién, ellos se desahogan, pero ahora están con eso adentro. Mejor no vas donde Yerry.

    - ¡Las güevas! Así me den chumbimba, yo tengo que ir, tengo que estar con él, a la efe, como debe ser, ¿o sino qué? Yo vuelo, no, olvídate, ese man me necesita.

    -Sisas, tienes razón, cuando él entienda te va a agradecer.

    -Bueno parcera, parlamos, paso por vos a las ocho pa’ que nos pisemos pa la novena.

    -¡Jmp! Hijueputa, me dañaste la mañana. Chao.

    -Bye.

  • De la mujer más fea del universo a @elsyswinger

    Hay gente que no me quiere y tiene todo el derecho a no quererme porque no soy perfecta ni aspiro a serlo, pero es increíble la cantidad de estrategias que crean mis “enemigos” para complicarme la vida cada cierto tiempo. La última locura descabellada fue la de un escritor argentino que armó un escándalo increíble -de dimensiones globales- porque según él, yo interferí para que él no se ganara el premio nobel de literatura, ¡Sí! El Premio Nobel de Literatura. Es tan descabellada la idea que lo único que podemos pensar es que hay gente perturbada en las redes sociales y me toman por quien no soy.

    Las personas que me quieren como me hago querer me dijeron que probablemente detrás del escritor frustrado podría haber algún intelectual colombiano asesorándolo. Eso sería muy triste si tenemos en cuenta que yo no soy nadie ni tengo nada. Sólo este blog y una cuenta en Twitter, nada más.

    En Twitter han creado cuentas de todo tipo para referirse a mí, para insultarme, para suplantarme, para calumniarme, para decirme que soy la mujer más fea del universo, para decirme que debería suicidarme, para amenazarme de muerte… y siempre he respondido desde aquí, con palabras, nunca he indagado para saber quién está detrás de la nueva creación porque no le quiero ver la cara, podría llevarme una muy desagradable sorpresa.

    La semana pasada crearon una cuenta nueva: @elsyswinger. Se supone que desde ahí Andrés y yo ofrecíamos servicios sexuales para parejas. Publicaron fotos que yo misma he publicado para “provocar” a los posibles interesados y no faltaron quienes se provocaron, claro. Hasta ahí no hubo problema, una cuenta más, una persona más interesada en amargarme la vida. El asunto se complicó hoy cuando una amiga me llamó para decirme que la habían llamado preguntando por mí y que ella simplemente había dicho que era el número de la persona equivocada, una llamada muy extraña, sin duda. Revisé la bendita cuenta y el número que aparecía en el perfil era el de ella.

    La persona que creó la cuenta falsa me conoce, probablemente está muy cerca de mí y de mi amiga y está llevando la broma hasta límites muy arriesgados. No sé por qué razón no me afecta que me amenacen de muerte o me digan que soy la mujer más fea del universo, pero sí me enfurezco cuando veo pornografía en las redes sociales. Cuando la pornografía está asociada a mi nombre y, además, involucran a una persona que ni siquiera tiene una cuenta en Twitter, me enfurezco todavía más.

    Quien creó la cuenta falsa debe estar leyendo este post y seguramente se siente excitado porque le doy importancia, porque no lo estoy ignorando como a los demás, porque no lo estoy tratando como a un simple troll. Sepa usted que si vuelve a crear otra cuenta, antes de pedir que lo reporten por contenido inadecuado, me voy a encargar de que la policía se haga cargo de usted. Por amenazas anteriores he sido asesorada por @policiacolombia (esos señores son muy amables a través de la línea telefónica) y si usted, quien quiera que sea, un pervertido, un “enemigo” o un gracioso, vuelve a actuar yo voy a actuar en contra de usted porque esas no son bromas.

    No es gracioso crear perfiles falsos en Twitter con nombre propio. Usted se hacía llamar Elsy Rosas Crespo.

    No es gracioso publicar pornografía en Twitter.

    No es gracioso anotar en una cuenta falsa el número teléfono de una persona real para que le atormenten la vida.

  • La celosa: a propósito de la señora de @MrIlseKoch

    Muchas personas sueñan con conversar conmigo: familiares, amigos, colegas, admiradores, lectores, gente de la vida real, gente de la vida virtual… y yo casi nunca quiero conversar con nadie. Esa es la verdad pura y simple. ¿Por qué? Porque la mayor parte de la gente no tiene gracia para conversar y me desesperan. Soy sensible y sofisticada.

    Hace dos días tuve la fortuna de conocer en Twitter a una persona digna de mi conversación: el señor @MrIlseKoch. Cuando descubro a alguien con quien puede conversar me entusiasmo y comparto mi entusiasmo con otras personas, y como @MrIlseKoch es tuitero tenía que presumir nuestras reciente amistad desde mi cuenta de Twitter y lo hice dos o tres veces. Quería que todos supieran que había descubierto joyas en medio de la porquería. La conversación fue a través de mensajes privados.

    Dos días bastaron para que la señora del tuitero se pusiera celosa y entonces tengo que pasar por primera vez en la vida por esta situación tan escabrosa: decirle a una señora celosa que no se preocupe por mí porque no estoy interesada en tener un romance con su señor.

    Es obvio que la esposa del tuitero lo vigila y es obvio también que él sabe que es vigilado. Problema de ellos. Lo que me fastidia es que yo, precisamente yo, la persona más seria, recta y fiel en mis principios, tenga que dar explicaciones de este tipo para que una señora insegura deje de fijarse en mí y busque la semilla del mal en otra parte, la mala mujer que le quiere arrebatar a su hombre.

    Muchas personas usan Twitter para buscar sexo, yo no. Uso Twitter para leer, para conversar, para divertirme, para aprender… pero no para buscar amantes o placeres de fin de semana.

    Señora: la forma más efectiva de expresarle amor a un hombre no es a través de los celos sino de la confianza. Con su hombre hablamos de vacas, de superficialidad, de reproducción irresponsable, de subdesarrollo, de mal gusto, de apariencia, de libros, de películas, de ignorancia, de escritura, de viajes, de vinos, de comidas… y no pensamos en la posibilidad de un posible romance entre los dos porque no somos tan bestias y elementales como la mayoría de los seres humanos.

    Hablé con su hombre precisamente porque es un hombre serio con el que se puede hablar de temas serios, esos son los hombres que me interesan, pero sólo para hablar, para nada más, no se asuste. Tengo la impresión de que la quiere mucho a usted y a sus hijos. Sospecho que es una persona seria, responsable, de carácter fuerte y claro en lo que le gusta y en lo que no le gusta y creo también que no usa Twitter para conseguir mujeres dignas de sus celos. Esa es mi conclusión después de haber conversado con él durante varias horas.

    La invito a recapacitar, piense que los celos no sirven para nada porque hacen ver a la gente ordinaria, sin contar con que ponen en ridículo a seres inocentes. Piense también en la molestia que me ocasiona, me obligó a usar este blog tan erudito para transfigurarme en protagonista de telenovela. No es justo, pero no tenía más alternativa.

  • La última fotografía

    Las fotos que he ido publicando durante los últimos años (no más de diez, en todo caso) generan mucho morbo. Hay quien me ve como la mujer más fea en la historia de la humanidad, hay quien me ve como una persona graciosa, hay quien se entusiasma, hay quien se ríe, hay quien se asombra, hay quien se indigna, hay quien me imita y hay quien es consciente de que se trata de un simple juego. Y eso es.

    Es el juego de siempre: quiero hacerle sentir al tonto que no es tan tonto como cree, quiero que crea que es una persona inteligente. ¿Hay algo más fácil que hacer sentir inteligente al tonto? ¡No! Es algo muy sencillo, pero para hacerlo se necesita inteligencia.

    Siempre se trató de un juego que dejó de ser divertido para mí porque no tengo edad (tengan en cuenta que nací en 1970) para andar jugando con la distorsión de mi propia imagen a través de la fotografía. Si el mundo sigue girando con el mismo ritmo durante mucho tiempo cada vez que alguien busque en Google Elsy Rosas Crespo o Ensayista se encontrará cara a cara con esas fotografías perturbadoras. El tiempo se encargará de hacerlas cada día más enigmáticas, mucha gente se preguntará si la señora de las fotografías es real, si murió tan joven, quién era el fotógrafo y no faltará el genio al que le dé por interpretar las poses.

    No soy ninguna de las Elsys que he compartido en las redes sociales sino una persona mucho más simple. Soy la mujer más común que se puedan llegar a imaginar, casi una nulidad, alguien que pasa desapercibido por donde camina y ese también es un juego consciente porque me gusta jugar a ser invisible, representar el papel de una pobre mujer para hacer sentir bien a mi prójimo: a hombres y mujeres. Me gusta que se sientan superiores a mí siempre, me gusta que me den paldamitas en la espalda cuando me ven.

    ¿Es un juego divertido? Sí, claro, por supuesto, siempre lo será. Todos los juegos conscientes son siempre divertidos.

  • ¿Por qué tengo tantos seguidores?

    Desde que nací he pasado la vida dando explicaciones.

    Desde que escribo también.

    ¿Quién escribe?

    ¿Cuántos son?

    ¿Por qué sobre temas tan diversos?

    ¿En realidad es usted una mujer?

    ¿Por qué no parece que escribiera siempre la misma persona?

    ¿Usted qué hace?

    ¿Dónde trabaja?

    ¿Usted se inventa a Andrés?

    ¿Cuántas cuentas tiene?

    ¿Por qué es tan famosa?

    ¿Por qué es tan fea?

    .

    .

    .

    Y últimamente:

    ¿Por qué tiene tantos seguidores?

    Esta es la pregunta más injusta que he leído y también la que me lleva a hacerme más preguntas a mí porque la respuesta no la sé:

    ¿Por qué me siguen si no soy complaciente?

    ¿Por qué me siguen si no sigo?

    ¿Por qué me siguen si no me favean?

    ¿Por qué no me siguen todos los que me leen?

    ¿Por qué soy tan famosa?

    ¿Por qué duele tanto que yo tenga “tantos” seguidores?

    ¿Por qué la gente es tan estúpida?

    ¿Por qué estoy tan vigilada?

  • Lennon

    En Ocio. La felicidad de no hacer nada, Ulrich Schnabel hace la lista de los grandes ociosos de los últimos tiempos y en esa lista está John Lennon. Lo describe como partidario de estar echado en la cama mirando la pared, como Cioran o como Bukowski, dos grandes vagos de la literatura. Sabe que es ahí donde surgen las grandes ideas. Y tiene razón.

    Buscando sobre la vida del ocioso supe que David Foenkinos había escrito Lennon, una biografía novelada del artista y sin pensarlo dos veces compré el libro. A David Foenkinos lo leí por recomendación de un hombre que sospecha que soy una gran lectora y tengo buen gusto, quería impresionarme y lo logró: me pidió que leyera La delicadeza y cuando lo terminé supe que la literatura no ha muerto y el libro tampoco. La delicadeza y Lennon son libros para comprar, resaltar, describir y volver a leer. No es para leer en el ipad, es para pasar las páginas, es literatura.

    Lennon es una narración en dieciocho sesiones de psicoanálisis. En cada sesión el lector se imagina el diván y al artista recordando su vida. Esa vida narrada es una hermosa reflexión sobre el amor, la música, las mujeres, la fama, las drogas, el abandono y la creación. Hay momentos en los cuales sentimos que es Lennon quien narra pero también es clara la voz del autor. El libro es fruto de un riguroso proceso de investigación de David Foenkinos, quien se presenta como admirador incondicional de John Lennon. Advierte que es un libro escrito al ritmo de su música.

    Cada lector tendrá su propia versión de los hechos y se concentrará en los aspectos que más le interesan. A mí, como es de suponerse, me interesa la relación del artista con los padres, especialmente con la madre, la idea que tiene del amor y de la fama y la forma en que concibe el proceso creador. Lo más impactante es el amor a la madre, la timidez y el desprecio a la fama y al dinero, la sensación extraña de sentirse poca cosa y de no saber cómo representar el papel de John Lennon. Este libro recuerda a Virginia Woolf tratando de ser Virginia Woolf, en Las horas.

    Para motivar al lector, para que se anime al leer el libro, no voy a hacer un análisis erudito de cada sesión para mostrar cómo soy de inteligente, culta y perspicaz, sino que voy a compartir las citas que más me impactaron por el contenido, la teorización -teniendo en cuenta que se trata de un artista tratando de comprender a otro artista- y la voz de David Foenkinos a través de su personaje:

    La exposición brutal a la luz me permitió desaparecer una vez más. Al volverme una imagen para todos, existía menos (página 13).

    Una parte de mí mismo está persuadida de que soy un pobre diablo, y la otra piensa que soy Dios (página 14).

    Yo era demasiado intelectual, demasiado perverso para que creyeran en la castidad de mi imaginación (página 16).

    Se puede dar un concierto frente a cincuenta mil personas y tener un pánico atroz a hablarle a una mujer (páginas 17).

    Mi vida es un intento incesante de probarle al mundo que valgo algo (página 17)

    El sufrimiento es una eternidad. Antes de los gritos, había probado el silencio (página 17).

    La búsqueda de Dios es una idea para los débiles, al final de esa inspiración esperaba también el vacío (página 18).

    Yo era un canalla, como todos los que triunfan (página 20).

    Soy puro instinto, siempre viví bajo el dictado de mi sensibilidad (página 20).

    Soy tan famoso que mi vida pertenece a todos. Todo el mundo tiene su opinión sobre lo que he vivido (página 21).

    Ahora pienso que el amor experimentado es proporcional al que no se recibe (página 25).

    Al fin puedo vivir días que se parecen unos a otros. Descubro la rutina maravillado (página 33).

    Algunos han visto en mí un príncipe de la exuberancia, y les sorprendería saber que todo eso nació de un gran mutismo (página 52).

    Nunca había conocido a una chica como ella, y bebía sus palabras. Y hasta su silencio, lo bebía también (página 91).

    No tengo ninguna idea del camino a tomar para acceder a mi corazón (página 90).

    Nunca asumí mi lado de hombre rico. En el fondo, no soy un tipo generoso, sino un tipo que se siente incómodo con el dinero (página 144).

    Lo que siempre había buscado: una mujer que fuera también una compañera de la creación. Y la felicidad física se escondía ahí, detrás de la prioridad intelectual del deseo (página 152).

    Celebridad depresiva es un pleonasmo (página 170).

    Me angustiaba terriblemente la idea de cantar en público. Era capaz de vomitar en un concierto. Nunca tuve confianza en mí. Y entonces me sentía más frágil de lo habitual (página 182).

    Vestido con un simple kimono, podía quedarme sin hablar, sin hacer nada. No era pereza ni meditación, sino un estado de contemplación interior (página 187).

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  • El lugar ideal ideal para vivir de amor y agua fresca

    Se instalaron en un pequeño apartamento, un nido de ratas. Pero el lugar nunca tiene importancia en el comienzo de las historias de amor. Los primeros tiempos, se miraban a los ojos y eso les bastaba. El decorado empieza a interesar después; con la llegada del primer asomo de hastío uno recuerda que el mundo existe. La guarida que tenían era el lugar ideal para vivir de amor y agua fresca, pero como estaba yo, el mito romántico se complicaba. Pasaban el día abrazándose, jugando, y les importaba un bledo si yo dormía o no. Eso debía hacerme sentir mal, muy mal, y empecé a ponerme insoportable. Quería dormir con ellos, no en el suelo al lado de su cama.

    David Foenkinos, en Lennon.

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