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  • ¿Por qué ver cine produce depresión?

    Ha habido periodos de mi vida en los que he dedicado meses enteros a ver películas viejas, los clásicos de todos los tiempos, y el recuerdo que me queda de esas bonitas jornadas es un largo aburrimiento, un aburrimiento de muerte, como dice Flaubert. Deseos de lanzarse por la ventana.

    No me voy a lanzar por la ventana porque matarse no es elegante. No me voy a matar en esta temporada ni me he intentado matar en otras épocas cuando me consagro a ver películas pero sí vale la pena preguntarse si a toda la gente que se lanza a esas aventuras le pasa lo mismo que a mí y por qué no pasa con la lectura.

    Puedo leer libros semanas enteras durante todo el día y me siento de muy bien ánimo todo el tiempo, pero con el cine la experiencia es a otro precio. ¿será porque las grandes historias son muy tristes? ¿tiene que ver con la imagen? ¿es porque el cine es como la vida? ¿es la música? ¿son los actores? ¿a toda la gente le pasa lo mismo o sólo a mí? ¿es porque se suman todas las artes en las mejores películas?

    Viendo cine todos los días de la semana durante todo el día pienso en el abismo de Pascal que Baudelaire quiso expresar en su poema y recuerdo que esas experiencias son renovadoras, así deben ser los exorcismos y los retiros espirituales. Pienso en el aburrimiento de mis escritores favoritos y en la novela de Alberto Moravia titulada El aburrimiento. No la leí pero sospecho que el protagonista se aburría mucho. Pienso en el aburrimiento de los presos y de los enfermos. Pienso en las personas enfermas de tristeza que reciben electrochoques o drogas psiquiátrica que los devuelven a la vida, que les hace ver la vida hermosa de forma artificial durante un breve periodo de tiempo. Pienso en la gente adicta a las redes sociales porque allá crean la ilusión de que no están solos, de que no están tristes ni abandonados. Así de profunda soy.

    Casi toda la gente inteligente y analítica se aburre mucho. Casi ninguno de mis escritores favoritos es una persona feliz y realizada como Ricardo Silva Romero, Héctor Abad Faciolince, Alberto Salcedo Ramos o Daniel Samper Ospina. ¿La única persona que se siente bien en Colombia y además de eso escribe muy bien soy yo?

    Me quedan cuarenta y nueve y espero sobrevivir. Era peor hace veinte años, cuando veía tres películas seguidas de Roman Polanski y me imaginaba la sensación que lleva a la gente a consumir drogas, alcohol o a tirarse por la ventana. Yo no lo hago ni lo haré, pero siempre termino pensando en la gente que lo hace. ¿tan tristes se sienten? ¿tan vacías son sus tristes vidas?

    Se supone que no estamos hechos de vacío sino de energía y esa energía se altera por diferentes razones. ¿por qué razón el cine hace que la energía del cuerpo se viva como espacio vacío traducido en tristeza? ¿me pasa sólo a mí? ¿mucha gente pasa meses encerrada en su casa viendo películas todo el día conscientes de que el cine los hace sentir un poco locos o un poco tristes o acaso soy la única valiente que sobrevive a la experiencia mientras tomo aguas aromáticas y acaricio el lomo de la perra de la vecina cuando salgo a almorzar?

    Hoy he pensado todo el día en los encierros voluntarios en clínicas psiquiátricas de Lars von Trier después de hacer sus pelìculas, las de antes, las que le quedaban tan bien hechas bajo el efecto del alcohol, el pesimismo y el aburrimiento. ¿Los grandes directores están un poco locos? ¿A Andrés Caicedo lo mató el cine?

  • Restauración del orden

    Nací ordenada, creo que el orden de los objetos es el orden de la mente y de manera instintiva asumo que cada cosa tiene su lugar en el mundo, en el mundo que es una casa. Pero también soy tolerante y sé adaptarme. Viví con Andrés durante tres años y aunque tiene muchas cualidades no es un hombre ordenado, más bien es un hombre muy desordenado. Desde hace cuatro meses volví a vivir sola y poco a poco he ido apropiándome de nuevo del espacio y la experiencia ha sido sorprendente.

    La semana pasada le dije a mi hermana que el cerebro se crea una imagen del espacio cuando debe compartirlo con otros seres humanos y sin decirlo cada quien delimita ese espacio compartido, hay barreras invisibles en los espacios compartidos por los seres humanos, todavía no puedo explicarlo bien pero sé de qué se trata. Pensando en mi espacio compartido con una sola persona durante tres años pienso que el origen de la violencia en Colombia está relacionado con el espacio, con el hacinamiento en el que vive la mayoría de la gente, por eso viven siempre con la sensación de que desean escapar, su hogar es un espacio hostil.

    1. La cama

    Cuando dormía sola pensaba que lo mejor de la vida era dormir sola y cuando compartía la cama con Andrés también lo pensaba, el cerebro se adaptó a las circunstancias espaciales para dormir y entonces comprendí la frase que dice que el humano es un animal de costumbres. En tres años me acostumbré a dormir acompañada pero había dormido sola durante cuarenta y dos años antes y mi cerebro lo sabía, lo recordaba y le gustaba, pero mientras viví con Andrés nunca apareció este recuerdo con nostalgia. El cerebro me hacía trampa porque el cerebro es la principal arma de supervivencia de la máquina de movimiento llamada ser humano. Mi cerebro está programado para asimilar todas las experiencias de forma positiva y por eso siempre siento que estoy pasando por el mejor momento de mi vida. Es una bella ilusión creada por mí misma y gracias a la escritura la hago ver todavía más bella de lo que pueda llegar a ser.

    Cuando volví a dormir sola comprendí que durmiendo acompañada me sentía como una animalito acorralado e indefenso que debía aprender a compartir su espacio y aprendí. Nunca tuve dificultades para dormir acompañada, pero a medida que va transcurriendo el tiempo el animalito de costumbres que soy está repitiéndose de nuevo que es mejor dormir sola que acompañada. Sí, soy egoísta, sibarita, independiente y sé adaptarme a las situaciones, soy una buena máquina de supervivencia, un buen robot de carne.

    2. La silla

    Compré una silla para sentarme a leer, a pensar, a descansar, a tomar la siesta y a ver películas. Le pedí a quien me asesoraba que me diera exactamente eso: una silla para la reina. Esa silla debe tener unos cinco años, es decir, que cuando Andrés se vino a vivir aquí la silla estaba disponible para los dos. Pero poco a poco, sin decirlo, sin saber por qué, él se fue apropiando de la silla porque le fascina ver televisión y mi silla terminó siendo la silla del pc. Por una parte me acostumbré a ver televisión desde la silla del pc (y a estar todo el día conectada a internet, a leer libros y ver películas desde esa misma silla) y por otra parte la silla de la reina se convirtió en la silla del rey. Nunca hablamos de la silla, nos sentíamos bien, muy bien, fueron tres años maravillosos de convivencia, pero me costó más de dos meses recuperar con timidez esa silla. Igual que con la cama me fui acomodando de nuevo en la silla, no volví a ver televisión y ahora leo más en la silla, duermo más en la silla y volví a ver tres películas diarias desde la silla, que es uno de los grandes placeres de mi vida, lo que he hecho durante tantas tardes a lo largo de mi dulce existencia.

    3. La cocina

    La cocina no tuve que recuperarla, la cocina tuve que abandonarla. Con Andrés me acostumbré a ser tolerante y comía un poco más, mucho más de lo que como cuando vivo sola. Puedo pasar casi un día entero sin comer y no me enfermo, me gusta comer sólo cuando tengo hambre y casi nunca tengo hambre porque como libros y películas. El primer gran placer que gocé de mi rescatada soledad fue el placer de no comer tanto y de no cocinar. No me gusta cocinar, me gusta desayunar y almorzar sola en restaurante, lo he hecho durante mucho tiempo y lo disfruto como cuando un perro come concentrado.

    4. La casa

    Vivo en esta casa desde hace diez años y creo que las casas tienen vida. sólo he vivido aquí y en la casa paterna, que luego se convirtió en mi casa porque mis adorados padres y mis hermanos menores se fueron a vivir en una casa nueva y por eso empecé a gozar los placeres de la soledad muy joven, desde los 19, desde 1989. Era una casa inmensa, me hubiera encantado vivir allá durante toda la vida, pero no se pudo, mi mamá me presionó para que tuviera mi propia casa y creo que hizo bien, es placentero vivir en la casa fruto del trabajo propio, no en la casa fruto del trabajo ajeno (de los padres).

    ¿Qué pienso de la soledad y de la convivencia ahora que han pasado cuatro meses?

    Pienso que la convivencia mata la pasión, la cita, la sorpresa y en alguna medida el amor. Mi hermana tiene razón, uno termina viendo al novio como al hermano. Y esa no era la idea, ya tengo hermanos, no necesitaba un hermano más.

    ¿Valdría la pena volver a vivir con alguien?

    Probablemente, pero no después de un noviazgo de siete años porque ya no tengo vida para placeres tan sublimes.

    ¿Volvería a tener un novio trece años menor?

    No y mucho menos para una relación de diez años; ahora me siento como una vieja verde.

    ¿Le da miedo vivir sola?

    No, vivir sola es mi proyecto de vida. La convivencia me sirvió para entender que toda la gente miente sobre la felicidad de la vida en pareja, son más felices los solteros que los casados. Ahora pienso que muchas personas casadas o en convivencia tienen amantes para olvidarse de los aburridor que puede ser llegar a la casa a hacer oficio con el ser amado, a pasar un fin de semana sin la emoción del encuentro porque hemos pasado toda la semana juntos y de tanto vernos ya no parecemos enamorados sino acostumbrados.

  • Déjese querer que eso no duele

    La vida es un chiste, entre más lo pienso más lo creo.

    Conozco a un hombre que me ama, me admira, me desea y quisiera tener algo conmigo desde hace más de diez años; algo debe traducirse como deseo, un deseo que se convirtió en amor y un amor que quiere materializarse a través de la pasión, no de la amistad. Ese hombre es la persona que me ha manifestado amor de distintas formas, de todas las formas, supongo. Siempre vive con una mujer pero no puede sacarme de su mente, así de triste es la historia.

    Es un romántico de los que llaman a la mujer que les gusta en las fechas especiales como Día de Cumpleaños, Día de la mujer, Navidad, Año Nuevo, Día del profesor… y a veces llama porque quiere oír mi voz, porque me recuerda y está enamorado. Así de simple es el asunto. Llamó durante diez años para decirme que me recordaba mucho. Es de los románticos que llama con la ilusión de ver a la mujer que les gusta y yo a veces lo complacía y me veía con él. He sido admirada por mucha gente pero cuando recuerdo sus palabras sobre mí creo que nadie me ha admirado tanto como él me admira o me admiró, porque lleva un año sin llamar.

    ¿Por qué estoy escribiendo sobre él y no sobre Flaubert?

    Porque lleva un año sin llamar, se cansó, se agotó, se olvidó o se enamoró de otra. Eso es lo que creo y lo peor de todo es que me están empezando a hacer falta sus llamadas. Hasta he llegado a pensar que si llamara le diría que sí, que ha sido un hombre tan persistente que valdría la pena intentar, saber cómo es un amor entre un hombre y una mujer cuando ese hombre ha sido tan paciente y esa mujer ha sido tan digna y tan fiel.

    La última vez me declaró su amor con todas las palabras, me besó las manos, me dijo que me deseaba como no había deseado nunca a una mujer y yo, como siempre, entre complacida y fastidiaba, me reía y le decía que nunca podríamos tener nada porque él tenía esposa y yo llevaba diez años con Andrés.

  • Lo verdaderamente importante

    Lo verdaderamente importante ha llegado por azar, nunca por recomendación o fruto del cálculo consciente. Esa frase es de Nietzsche, pero también es mía.

    Estoy volviendo a leer al loco, a uno de los autores favoritos de mi infancia, y estoy sorprendida porque muchas frases de él parecen frases mías. Cuando era niña sentía que había llegado de Alemania y estaba en la familia equivocada, lo pensé durante mucho tiempo. Cuando tenía nueve años se me ocurrió que debía leer a los filósofos alemanes, ¿Quién me lo dijo? Nadie. Era una niña que estaba terminando la Primaria. Entonces yo misma fui a la biblioteca y durante muchos años de mi infancia y de mi juventud amé con desesperación los libros de Schopenhauer y de Nietzsche y a partir de muchas de sus ideas construí el edificio de mi vida.

    Anoche, por puro aburrimiento, tomé Ecce Homo y cada frase me sorprende porque parece que muchos pasajes de ese libro los hubiera escrito yo. Algunas frases tienen la estructura de mis frases y algunos actos ejecutados por él han sido actos ejecutados por mí.

    Ese libro fue escrito cuando Nietzsche tenía mi edad, fue el último libro que escribió y luego se desencadenó su locura definitiva. Probablemente lo escribió como escribió tantos libros Virginia Woolf, sólo para demostrarse que no estaba loco.

    Leo el libro del loco en absoluto estado de lucidez, sonrío ante algunas de sus exageraciones, comparto con él sus apreciaciones sobre los autores franceses y sobre la lectura y pienso que es un verdadero privilegio tratar de llegar al fondo de las cosas sin enloquecer, sin desesperarse, sin sentir que la vida es una miseria o una carga. El quería ser como yo, uno de los filósofos más admirados en mi juventud aspiraba a ser como yo, a vivir como vivo yo.

    Esta mañana me dijeron que soy una persona absolutamente excepcional y que debo asumir que lo soy, que nadie podrá comprender lo que quiero decir y que no aspire a que mi discurso afecte a alguna persona porque no soy normal sino sobrenatural, los demás son simples seres humanos que no saben por qué están aquí, simplemente viven, como cualquier otro animal. Eso es lo que pensaba el pobre Nietzsche de él mismo y probablemente lo era, pero la diferencia entre él y yo es que yo puedo verlo todo de manera clara porque no tengo nublada la mente por la enfermedad, la impotencia ni la falta del experiencia en la vida. El pobre hombre fracasó en el amor, renegó de sus mejores amigos y, lo peor de todo, pasó la mayor parte de su vida custodiado como un niño por su madre y por su hermana. Tiene razón Cioran cuando dice que Nietzsche no tiene ninguna autoridad para hablar de la vida porque no vivió y que muchas de sus frases son frases infantiles, como si hubieran sido pronunciadas por un niño malcriado.

    He saboreado a fondo durante la mayor parte de mi vida los frutos de la independencia, la salud y la soledad. Esta mañana me pidieron que me sentara y pensara seriamente cuál es la misión de mi vida, por qué todo ha sido tan sencillo para mí, me dijeron que la mayor parte de la gente pasa por la vida sin apenas darse cuenta mientras que yo estoy poseída por una conciencia clara. Eso es muy bonito, nunca sobran los discursos halagadores que salen de los labios de personas admirables.

    A partir de este momento me sentaré durante horas a pensar con calma cuál es mi misión en la vida.

  • Squirting. Confesiones de una vieja verde

    Anoche antes de dormirme pensé que casi todo se puede vivir como meditación si se hace de forma consciente y se disfruta mientras se ejecuta cada acción: pensar es una acción, caminar es una acción, contar un chiste es una acción, llorar de tristeza es una acción. Lo importante siempre es entregarse a cada tarea de manera tranquila y natural, tratando siempre de que sea de forma ordenada y consciente, con un fin bien definido.

    El ejercicio de la sexualidad también podría pensarse como meditación y no estoy hablando de sexo tántrico sino de amor propio, buena salud, predisposición física (tener las benditas glándulas de Skene) y entregarse a la experiencia con entusiasmo, inteligencia y buena actitud.

    Viendo porno -la nueva escuela de amantes de las nuevas generaciones- noté que el famoso squirting le cambia la cara a los actores porque se puede fingir placer, se puede gritar para hacer sentir bien al hombre, se puede gemir para decir con las feministas que el orgasmo femenino es otra manifestación del dominio del macho, de la sociedad patriarcal y falocéntrica. Pero la eyaculación femenina es una experiencia que le cambia la cara y la actitud a la pareja. Para la mujer es una sensación de plenitud total, para el hombre (por ser una experiencia tan escasa en el terreno sexual) es un trofeo que lo hace sentir muy bien y lo convierte en un mejor amante, es una especie de condecoración que le confirma que la mujer está gozando de verdad. Mientras ocurre el hecho los dos saben que ninguno de los dos está fingiendo.

    Un squirting en los primeros encuentros sexuales puede ser el comienzo de una relación duradera. Está casi científicamente comprobado que el hombre se enamora de la mujer que le da placer sexual y que a la mujer le produce una sensación de paz y de confianza un hombre que además de saber usar sus dedos y su lengua es apasionado, cariñoso, de trato suave, amante y admirador de las mujeres. Si está bien dotado y no tiene problemas de disfunción eréctil ni eyaculación precoz se convertirá en el amante perfecto. Una mujer con glándulas de Skene bien estimuladas, dispuesta a disfrutar del placer y con un hombre con las cualidades señaladas anteriormente es una mujer bendecida y afortunada.

    Un buen squirting exige dedos y lengua diestros, pero, ¿qué es el bendito squirting de manera objetiva? ¿cuál es la explicación científica y por qué tan pocas mujeres han vivido esta experiencia tan espiritual?:

    El squirting es la expulsión de un líquido generado por las glándulas de Skene o parauretrales, estas glándulas se encuentran ubicadas en la zona de la pared anterior de la vagina. Se estimulan en el acto sexual, producen un líquido transparente, incoloro, sin olor ni sabor, es como una especie de agua bendita que brota de una especie de fuente en forma de chorro, de forma similar a la eyaculación masculina, pero puede ser mucho más abundante y puede ocurrir varias veces en un encuentro sexual. La mujer no necesita recuperarse de cada eyaculuación, como el hombre, sino que cada nuevo chorro la hace sentir más plena y más leve, es un placer que viene del deseo consciente de la mujer de gozar del placer y de compartirlo con otro. El sexo es un trabajo en equipo.

    En muchas mujeres esta experiencia no llega a vivirse nunca porque la mayoría no tienen las glándulas de Skene (llamadas próstata femenina) y entre las pocas que las tienen la mayoría no han contado con la estimulación adecuada porque las mismas mujeres no conocen su cuerpo, porque confunden la sensación placentera con el deseo de orinar (aunque el líquido expulsado en el squirting contiene residuos de urea y creatina, no es orina, sino que está formado principalmente por glucosa, fructosa y fosfatasa ácida prostática) o porque su pareja masculina es un hombre insensible, sin interés en conocer los límites del cuerpo y el placer de su novia, esposa o amante.

    Algunas mujeres logran el squirting mediante la masturbación y es mucho más frecuente entre lesbianas que en parejas heterosexuales. El problema radica en que el autoamor es una experiencia triste porque la persona puede divertirse mucho pero al final puede sentirse muy solita y, además, en asuntos sexuales es más satisfactorio compartir con alegría. En cuanto a gozar de semejante dicha con una mujer es un placer que no deseo experimentar porque creo en la teoría del espejo y porque amo a los hombres, porque el squirting también es muy placentero cuando interviene el miembro viril.

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  • A un tuitero le dio un infarto, producto del matoneo

    Me acaban de contar -vía WhatsApp- que a un tuitero le dio un infarto debido a las múltiples burlas de que fue objeto en el pasado reciente, es decir durante los últimos días, semanas, meses o años.

    La semana pasada no soportó más su tragedia y ahora está hospitalizado. Leía la noticia y no salía de mi asombro, no lo podía creer, porque la pregunta es sencilla: ¿Si usted está en un espacio virtual por voluntad propia, si se siente agredido, si las agresiones afectan su salud física y mental lo más sensato no es renunciar a ese espacio? ¿Qué sentido tiene soportar el dolor hasta terminar en consulta psicológica, psiquiátrica, escapando de su lugar de origen, su trabajo o su lugar de estudio si pudo haber renunciado a un espacio que no le ofrecía ningún beneficio a su vida sino que sólo le trajo problemas?

    Sé de personas que han terminado verdaderamente trastornadas gracias a Twitter por el matoneo o porque han llegado al convencimiento de que son bellos, famosos o influyentes. Me han narrado conversaciones en clínicas de reposo sobre tuiteros convencidos de su valía que no supieron administrar su poderío.

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    Ante este panorama tan desolador uno no sabe si reír o llorar.

  • Escribir un correo es un asunto muy serio

    Tengo una dificultad en la vida y es que a la gente que conozco cara a cara sólo puedo tratarlas con dulzura y amabilidad y cuando escribo soy otra, una persona muy diferente, una especie de monstruo implacable y despiadado dominado por la prepotencia y el orgullo. Sé que produzco la sensación de tomarme por omnipotente y sabia. Es escritura, no soy yo, la persona que habla con tranquilidad, la del trato amable, la sonrisa franca y los modales suaves. La señora de pocas palabras que quiere pasar desapercibida en una conversación de más de tres personas.

    Cuando escribo pensando en un texto público que será leído por mucha gente los dedos vuelan en el teclado y me domina la risa, cuando voy a escribirle a una persona a la que conozco cara a cara, a los que me conocen de verdad, los que saben el tipo de persona que soy en el trato cara a cara (la persona más indefensa y confiada que pueda existir sobre la tierra) tengo que esforzarme, cambiar muchas palabras, revisar el texto varias veces, redactar varias versiones hasta encontrar la que mejor plasma la verdadera esencia de mi ser.

    Cuando escribo mensajes privados no me gusta dar la impresión de ser la señora que escribe sino la señora que habla y como la escritura y la oralidad no son la misma cosa me cuesta mucho trabajo escribir de tal manera que mi interlocutor no sienta que es Ensayista sino que es Elsy, la persona, la señora amable y de muy pocas palabras la que le está enviando el mensaje.

    Hoy tuve que enviar dos mensajes de ese tipo dirigidos a dos personas tan amables como yo, el problema es que esas personas también leen lo que escribo en este blog. Creo que no herí a ninguno de los dos, las respuestas fueron inmediatas y quedé con la sensación de que les quedó bien claro que puedo escribir mensajes privados que me hagan ver como soy, no como lo que se refleja a través de la escritura pública.

  • Escribir es como bailar

    Acabo de presenciar quince minutos de una clase de “rumba”, hacer ejercicio con música para bailar, deporte mezclado con diversión. Antes de que hubieran transcurrido los primeros cinco minutos supe que escribir es como bailar: se tiene talento o no se tiene, de nada sirve el esfuerzo, el deseo de hacerlo bien, de dejarse llevar por la emoción del momento, si no se tiene sabor en las caderas para bailar el mapalé y estilo en la escritura para lograr que las señoras que ven bailar a su profesor lo conviertan en objeto del deseo y los lectores de este post lean lo que estoy escribiendo hasta el final por el simple placer de leer, porque tengo el poder de seducir con las palabras así como el bailarín seduce con la gracia y el encanto de su cuerpo en movimiento.

    Yo miraba al bailarín y él bailarín me miraba a mí, sabía que estaba fascinado con mi admiración porque lo hacía muy bien, pocas personas tienen verdadero talento y este profesor lo tenía. Los asistentes al curso lo contemplaban con adoración, especialmente las mujeres. Recordé a mi amigo bailarín, él tiene muchas pretendientes porque ellas, al verlo bailar, sueñan con que es un gran amante, y recordé también que el desempeño en la pista de baile no tiene nada que ver con el desempeño sexual. Aunque el baile está cargado de erotismo nada tiene que ver con el sexo, son escenarios diferentes. La gente se suele confundir, suelen asociar ambas cosas porque una puede llevar a la otra y porque las dos están relacionadas con el sabor, el movimiento, el ritmo y la pasión, pero son asuntos diferentes, no me queda la menor duda. Les habla la voz de la experiencia.

    Mientras lo miraba con su cara de satisfacción al sentirse adorado pensaba en mi propio placer cuando la gente me dice que le gusta lo que escribo, que tengo mucho talento, que soy un diamante en bruto, que esperan ansiosos mi libro… No puedo negar que es una sensación muy agradable. Pero mi dicha se multiplicó cuando recordé que él baila y yo escribo y los dos gozamos viendo gozar a otros mientras contemplan la manifestación de nuestro talento. Pero recordé que yo también soy profesora como él y no pude tener claro si son más intensos los momentos de gozo cuando me dejo llevar por el teclado, en conexión con el cerebro, o cuando me oigo en un salón de clase y a veces me sorprendo con la mirada de asombro o con la admiración que algunas veces manifiesta un estudiante ante lo que acabo de decir o ante la forma de decirlo, o cuando camino pensando en el libro que estoy leyendo o cuando camino pensando en un texto que quiero escribir, o cuando me quedo mirando muy concentrada y dichosa durante quince minutos a un profesor de baile como hoy o cuando me siente un ángel, un hada o una persona que vive con la sensación de que no camina sino vuela bajo el efecto de ninguno droga sino por el simple placer de caminar. Lo mejor de caminar es dejar de caminar, caminar y llegar a escribir sobre lo importante que es para alguien como yo caminar para escribir. Hay una relación evidente entre mis piernas, mis ojos, mis dedos y mi cerebro.

    Creo que el profesor bailarín es afortunado porque goza absolutamente gracias a su don, pero creo que yo soy mucho más afortunadamente que él porque para él todo termina cuando termina la clase mientras que las lecturas, las ideas para escribir, oír mi propia voz y mi propio discurso cada semestre ante rostros nuevos son placeres mucho más intensos que los vividos por el profesor de baile. No lo creo, lo sé.

  • A las relaciones humanas las sostiene la mentira

    Al único amigo que me quedaba

    No es la aversión a este mundo donde todos traicionan, venden y engañan, la que convierte a muchas personas en raros y solitarios. Es el temor de no tener fuerzas suficientes para desconfiar continuamente, para timar, para saquear.

    Walter Serner

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    La mentira, la falsedad y el disimulo son cualidades humanas que descubrí siendo niña, en una conversación familiar hace mucho tiempo.

    No podía creer que esto pasara: que unas personas hablaran mal de otras y que luego, al verlas venir de nuevo, a esas mismas personas a las que acababan de despellejar con críticas implacables, a las mismas que acababan de criticar y juzgar sin ningún tipo de contemplación, las recibieran como a gente de élite, como a las personas más apreciadas, y se dispusieran, entonces, a destruir con nuevas palabras a los nuevos ausentes, que también aparecerían de nuevo en cualquier momento para volver a repetir la triste hazaña.

    En eso consiste la vida, ese día me lo explicaron con risa y pesar ante mi inocencia. Ese día también me explicaron, entre risas ante mi cara perpleja, que a la gente le pagan por trabajar porque todos odian el trabajo, si lo amaran no les pagarían, lo harían gratis, es una lógica muy sencilla; la recompensa por el sacrificio es monetaria, así ha sido y será siempre y no se puede pensar la vida de otra manera.

    Dos grandes verdades reveladas sin compasión que me resisto a convertir en verdades para mi vida porque vivir de esa manera no vale la pena. Sigo pensando en la amistad pura y en el amor al trabajo no como abstracciones sino como realidades, pero debo reconocer que es más fácil amar el trabajo que gozar a fondo los frutos de la amistad; esa bonita palabra sólo puede ser pensada como un ideal, un sueño que no podrá alcanzar la perfección porque quienes aspiran a la amistad son seres humanos dominados por la ambición, la desconfianza y el miedo a ser burlados. Casi ninguno ser humano confía en otro ser humano, ese el origen del gran drama barroco alemán.

    A pesar de saberlo siempre creo en la gente, siempre inicio una nueva conversación con la idea de que esa persona no va a mentir, de que nuestra conversación va a ser transparente y que la suma de varias conversaciones podría terminar convertida en una linda amistad.

    Casi nunca se realiza el sueño, pronto descubro una frase, un gesto, una actitud, un movimiento de manos, de labios o de ojos que me llevan a pensar que esa persona miente, oculta o disimula y me alejo con cautela. Si la relación con esa persona debe continuar porque estamos condenados a seguir viéndonos sigo hablando con ella pero sin confiar, la trato como a un ser humano más, no como al elegido al que decidí entregarle lo mejor de mí, que no son regalos costosos ni amigos influyentes, sino algo mucho más simple: mi amistad.

    Hoy descubrí que tenía un amigo y lo supe porque me falló, porque quebrantó nuestro pacto no firmado que consistía en que él y yo parados en un trono como un par de dioses satisfechos contemplábamos el mundo y podíamos burlar a otros pero jamás nos mentiríamos entre nosotros. Y anoche él me convirtió en el objeto de su burla, se olvidó de nuestro trono y me trató como se trata a la gente comùn, no a las almas de élite como yo.

  • Contra las biografías

    Durante veinte años o más me desviví por las biografías y ahora que yo misma me he convertido en un personaje digno de ser estudiado por los especialistas en literatura y en psicología del arte siento que las biografías son una verdadera patraña, una gran mentira.

    Poco tiene que ver la familia ilustre de Virginia Woolf con su talento, poco tiene que ver el alcoholismo de Bukowski con su poesía, poco tiene que ver la pobreza de William Blake con sus visiones, poco tiene que ver la biblioteca de Emily Dickinson con sus experiencias en el jardín de su casa y poco tiene que ver la sinceridad de Nietzsche con su locura. No es muy diferente ser el hijo de un ministro o de un carnicero, estudiar en el mejor colegio del barrio o ir todos los días a una biblioteca pública, haber viajado por todo el mundo o no haber salido nunca de la casa, haber sido reconocido y aplaudido en vida o haber muerto sumido en la pobreza, el olvido, la burla y el desprecio.

    Todo queda en manos del tiempo y la vida del autor dice muy poco, casi nada de su obra, de lo más asombroso y perturbador de lo que escribió cuando era un simple ser humano sentado ante una hoja de papel, una máquina de escribir, un computador o un iPad.

    Hay mucha gente culta, alcohólica, sensible, devota, amante del campo, delirando en un hospital psiquiáitrico, sumida en la pobreza y el abandono, hay mucha gente viviendo en las mejores y en las peores condiciones y ni la comodidad ni la miseria los convierte en artistas, partamos de este principio: no hay condiciones materiales, sociales, intelectuales ni psicológicas ideales para fabricar seres excepcionales.

    Los biógrafos y los analistas se esfuerzan, buscan orden y lógica, explicaciones que nos lleven a comprender la naturaleza del artista gracias a sus carencias o sus excesos, sus influencias, sus genes y lo más probable es que la explicación no se encuentra ahí sino que va mucho más allá y lo que buscan con tanto empeño leyendo muchos libros para luego escribir otros, esa verdad sobre el talento del artista no se encuentra escudriñando la vida privada de la gente, sus traumas de infancia ni su lista de amigos y enemigos.

    Ahora la moda del momento consiste en que un periodista comparte una semana de vida en la casa del artista, se inmiscuye en su privada con la ilusión de llegar al fondo de su ser y luego escribe un perfil para una revista prestigiosa con muchas fotografías en pose casual y una prosa regular sobre lo que significó conocer a fondo a una persona sobre la que todos quieren saber algo más allá de lo que pueden ver cuando leen lo que escribe.

    A mí me han propuesto esos ejercicios y nunca salgo del asombro, creo que esa no es la forma más inteligente y sutil de llegar a la esencia de un ser excepcional.

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