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  • La última fotografía

    Las fotos que he ido publicando durante los últimos años (no más de diez, en todo caso) generan mucho morbo. Hay quien me ve como la mujer más fea en la historia de la humanidad, hay quien me ve como una persona graciosa, hay quien se entusiasma, hay quien se ríe, hay quien se asombra, hay quien se indigna, hay quien me imita y hay quien es consciente de que se trata de un simple juego. Y eso es.

    Es el juego de siempre: quiero hacerle sentir al tonto que no es tan tonto como cree, quiero que crea que es una persona inteligente. ¿Hay algo más fácil que hacer sentir inteligente al tonto? ¡No! Es algo muy sencillo, pero para hacerlo se necesita inteligencia.

    Siempre se trató de un juego que dejó de ser divertido para mí porque no tengo edad (tengan en cuenta que nací en 1970) para andar jugando con la distorsión de mi propia imagen a través de la fotografía. Si el mundo sigue girando con el mismo ritmo durante mucho tiempo cada vez que alguien busque en Google Elsy Rosas Crespo o Ensayista se encontrará cara a cara con esas fotografías perturbadoras. El tiempo se encargará de hacerlas cada día más enigmáticas, mucha gente se preguntará si la señora de las fotografías es real, si murió tan joven, quién era el fotógrafo y no faltará el genio al que le dé por interpretar las poses.

    No soy ninguna de las Elsys que he compartido en las redes sociales sino una persona mucho más simple. Soy la mujer más común que se puedan llegar a imaginar, casi una nulidad, alguien que pasa desapercibido por donde camina y ese también es un juego consciente porque me gusta jugar a ser invisible, representar el papel de una pobre mujer para hacer sentir bien a mi prójimo: a hombres y mujeres. Me gusta que se sientan superiores a mí siempre, me gusta que me den paldamitas en la espalda cuando me ven.

    ¿Es un juego divertido? Sí, claro, por supuesto, siempre lo será. Todos los juegos conscientes son siempre divertidos.

  • ¿Por qué tengo tantos seguidores?

    Desde que nací he pasado la vida dando explicaciones.

    Desde que escribo también.

    ¿Quién escribe?

    ¿Cuántos son?

    ¿Por qué sobre temas tan diversos?

    ¿En realidad es usted una mujer?

    ¿Por qué no parece que escribiera siempre la misma persona?

    ¿Usted qué hace?

    ¿Dónde trabaja?

    ¿Usted se inventa a Andrés?

    ¿Cuántas cuentas tiene?

    ¿Por qué es tan famosa?

    ¿Por qué es tan fea?

    .

    .

    .

    Y últimamente:

    ¿Por qué tiene tantos seguidores?

    Esta es la pregunta más injusta que he leído y también la que me lleva a hacerme más preguntas a mí porque la respuesta no la sé:

    ¿Por qué me siguen si no soy complaciente?

    ¿Por qué me siguen si no sigo?

    ¿Por qué me siguen si no me favean?

    ¿Por qué no me siguen todos los que me leen?

    ¿Por qué soy tan famosa?

    ¿Por qué duele tanto que yo tenga “tantos” seguidores?

    ¿Por qué la gente es tan estúpida?

    ¿Por qué estoy tan vigilada?

  • Lennon

    En Ocio. La felicidad de no hacer nada, Ulrich Schnabel hace la lista de los grandes ociosos de los últimos tiempos y en esa lista está John Lennon. Lo describe como partidario de estar echado en la cama mirando la pared, como Cioran o como Bukowski, dos grandes vagos de la literatura. Sabe que es ahí donde surgen las grandes ideas. Y tiene razón.

    Buscando sobre la vida del ocioso supe que David Foenkinos había escrito Lennon, una biografía novelada del artista y sin pensarlo dos veces compré el libro. A David Foenkinos lo leí por recomendación de un hombre que sospecha que soy una gran lectora y tengo buen gusto, quería impresionarme y lo logró: me pidió que leyera La delicadeza y cuando lo terminé supe que la literatura no ha muerto y el libro tampoco. La delicadeza y Lennon son libros para comprar, resaltar, describir y volver a leer. No es para leer en el ipad, es para pasar las páginas, es literatura.

    Lennon es una narración en dieciocho sesiones de psicoanálisis. En cada sesión el lector se imagina el diván y al artista recordando su vida. Esa vida narrada es una hermosa reflexión sobre el amor, la música, las mujeres, la fama, las drogas, el abandono y la creación. Hay momentos en los cuales sentimos que es Lennon quien narra pero también es clara la voz del autor. El libro es fruto de un riguroso proceso de investigación de David Foenkinos, quien se presenta como admirador incondicional de John Lennon. Advierte que es un libro escrito al ritmo de su música.

    Cada lector tendrá su propia versión de los hechos y se concentrará en los aspectos que más le interesan. A mí, como es de suponerse, me interesa la relación del artista con los padres, especialmente con la madre, la idea que tiene del amor y de la fama y la forma en que concibe el proceso creador. Lo más impactante es el amor a la madre, la timidez y el desprecio a la fama y al dinero, la sensación extraña de sentirse poca cosa y de no saber cómo representar el papel de John Lennon. Este libro recuerda a Virginia Woolf tratando de ser Virginia Woolf, en Las horas.

    Para motivar al lector, para que se anime al leer el libro, no voy a hacer un análisis erudito de cada sesión para mostrar cómo soy de inteligente, culta y perspicaz, sino que voy a compartir las citas que más me impactaron por el contenido, la teorización -teniendo en cuenta que se trata de un artista tratando de comprender a otro artista- y la voz de David Foenkinos a través de su personaje:

    La exposición brutal a la luz me permitió desaparecer una vez más. Al volverme una imagen para todos, existía menos (página 13).

    Una parte de mí mismo está persuadida de que soy un pobre diablo, y la otra piensa que soy Dios (página 14).

    Yo era demasiado intelectual, demasiado perverso para que creyeran en la castidad de mi imaginación (página 16).

    Se puede dar un concierto frente a cincuenta mil personas y tener un pánico atroz a hablarle a una mujer (páginas 17).

    Mi vida es un intento incesante de probarle al mundo que valgo algo (página 17)

    El sufrimiento es una eternidad. Antes de los gritos, había probado el silencio (página 17).

    La búsqueda de Dios es una idea para los débiles, al final de esa inspiración esperaba también el vacío (página 18).

    Yo era un canalla, como todos los que triunfan (página 20).

    Soy puro instinto, siempre viví bajo el dictado de mi sensibilidad (página 20).

    Soy tan famoso que mi vida pertenece a todos. Todo el mundo tiene su opinión sobre lo que he vivido (página 21).

    Ahora pienso que el amor experimentado es proporcional al que no se recibe (página 25).

    Al fin puedo vivir días que se parecen unos a otros. Descubro la rutina maravillado (página 33).

    Algunos han visto en mí un príncipe de la exuberancia, y les sorprendería saber que todo eso nació de un gran mutismo (página 52).

    Nunca había conocido a una chica como ella, y bebía sus palabras. Y hasta su silencio, lo bebía también (página 91).

    No tengo ninguna idea del camino a tomar para acceder a mi corazón (página 90).

    Nunca asumí mi lado de hombre rico. En el fondo, no soy un tipo generoso, sino un tipo que se siente incómodo con el dinero (página 144).

    Lo que siempre había buscado: una mujer que fuera también una compañera de la creación. Y la felicidad física se escondía ahí, detrás de la prioridad intelectual del deseo (página 152).

    Celebridad depresiva es un pleonasmo (página 170).

    Me angustiaba terriblemente la idea de cantar en público. Era capaz de vomitar en un concierto. Nunca tuve confianza en mí. Y entonces me sentía más frágil de lo habitual (página 182).

    Vestido con un simple kimono, podía quedarme sin hablar, sin hacer nada. No era pereza ni meditación, sino un estado de contemplación interior (página 187).

    portada-lennon_grande

  • El lugar ideal ideal para vivir de amor y agua fresca

    Se instalaron en un pequeño apartamento, un nido de ratas. Pero el lugar nunca tiene importancia en el comienzo de las historias de amor. Los primeros tiempos, se miraban a los ojos y eso les bastaba. El decorado empieza a interesar después; con la llegada del primer asomo de hastío uno recuerda que el mundo existe. La guarida que tenían era el lugar ideal para vivir de amor y agua fresca, pero como estaba yo, el mito romántico se complicaba. Pasaban el día abrazándose, jugando, y les importaba un bledo si yo dormía o no. Eso debía hacerme sentir mal, muy mal, y empecé a ponerme insoportable. Quería dormir con ellos, no en el suelo al lado de su cama.

    David Foenkinos, en Lennon.

  • Un animal sediento se arroja sobre el manantial que acaba de descubrir (una mujer)

    Después de leer este cuento debes tratar de dibujar a los personajes, no basta con imaginarlos.

    Los personajes son:

    - El señor del traje negro.

    - La señorita que sirve café en las noches y recibe a sus huéspedes (de día) en el lecho.

    - Los ancianos que observan al hombre sin disimulo desde su ventana (recuerda que debes hacer énfasis en la mirada senil).

    - Las personas que se acercan tanto que parecen uno.

    - La imagen del silencio después de un grito (este es el dibujo más complicado).

    - Él y ella después del beso en toda la cara como un animal sediento que acaba de descubrir un manantial.

    ****

    El cuento:

    Esbelto pero con aire fuerte, digno de las miradas propias de la curiosidad senil. Una cabeza seca y huesuda, provista de una nariz alabeada sobre un traje negro ceñido, provisto de cinturón, pliegues, bolsillos, hebillas y botones que tampoco parecen hacer juego con su abdomen prominente. ¿Es joven o viejo? No importa. Es un señor.

    No es fácil imaginar a este personaje (recuerda que no sólo debes imaginarlo sino que también debes dibujarlo, en eso consiste el juego).

    Un largo diálogo de miradas alrededor del traje y de la cabeza que no hace juego con el cuerpo ni con el traje negro. ¿Quiénes son los fríos observadores? Los viejos que miran sin disimulo desde su ventana (con mirada senil) ¿Puedes imaginarte una mirada senil? ¡Dibújala!

    Eligió su más hermoso traje negro para lucirlo ese día en el lecho, porque ella servía café durante la noche y de día recibía a sus huéspedes en el lecho.

    Formaron un grupo estrechamente cerrado.

    Se ha producido silencio después de un grito.

    La tomó primero de la mano y luego por la muñeca. La abrazó y la besó en la boca, después en todo el rostro, como un animal sediento se arroja sobre el manantial que acaba de descubrir.

  • Experiencia, recuerdo y olvido

    Esta mañana, mientras esperaba que pasara el tiempo, tomé un libro de Walter Benjamin con sus mejores ensayos:

    Baudelaire, Proust, Poe, Kafka, la fotografía, la historia, la violencia…

    Benjamin era maravilloso hace veinte años, sospecho que las nuevas generaciones de lectores deben dormirse cuando lo leen, como deben dormirse también leyendo a Flaubert, el maestro del estilo.

    Flaubert y Benjamin se sienten muy rancios a pesar de que tardarán en ser olvidados y enterrados. Mucha gente seguirá hablando de ellos para parecer eruditos y profundos pero pocos comprenderán las ideas de estos pobres hombres tristes y contemplativos, pocos los seguirán admirando de corazón como los admiré yo durante tanto tiempo. Ya no, están muy gastados en mi mente, me entusiasma más pensar en Pascal, en Ovidio o en Séneca, ¿a quién queremos engañar?

    Si Flaubert y Benjamin parecen tipos pesados cómo será de pesado y fastidioso para el lector de nuestro tiempo -con teléfono móvil, adicto a revisar sus redes sociales y a chatear- leer a Proust, al Proust de En busca del tiempo perdido. Sospecho que ese ladrillo no lo leerá con gusto alguien nacido después del año 2005.

    Leyendo y pensando pensaba en mi forma de procesar los recuerdos a lo Proust, crecí leyendo ese tipo de literatura, la de la gente que goza más recordando que viviendo y leyendo que conversando con los amigos. No fue una experiencia muy reveladora:

    He tenido dos o tres amigos con los que he pasado momentos dignos de ser recordados, los he admirado tanto que he llegado a confundir el afecto con el amor, he pensado de todas las formas posibles cómo pude ser tan dichosa al lado de gente tan inteligente, dulce, sensible y culta como ellos… Me he solazado en su recuerdo, en el recuerdo de nuestros mejores momentos. Ha pasado el tiempo, mucho tiempo, diez o veinte años. Un día cualquiera nos volvimos a encontrar por casualidad y el recuerdo de ese ser sobrenatural no correspondía con la imagen que mi mente había creado, fue todo una gran desilusión, un fraude total. Estamos en otros tiempos, ya no se puede vivir a lo Proust, es antiestético, ridículo y vulgar.

  • Formas de tomar la siesta

    La mayor parte de mi vida la he pasado descansando y el descanso siempre ha estado acompañado de experiencias placenteras del tipo: comer, dormir, caminar, hablar, mirar por la ventana, ver películas, oír música, montar en bicicleta, nadar, leer y escribir. Dormir es uno de los placeres más aristocráticos. Hoy vamos a hablar de ese placer.

    Hay diferentes formas de dormir y de no dormir. Cuando éramos niños no podíamos entender que nuestra mamá dedicara tantas horas a dormir durante el día. No sabíamos si era insomnio y si le gustaba tomar la siesta, sospecho que es parte de lo primero y parte de lo segundo. De verla dormir me antojé y empecé a tomar la siesta siendo apenas una niña, quería saborear la experiencia y valió la pena.

    Mientras viví en familia -hasta los 19 años- mi mamá me despertaba a las seis de la mañana con un taza de café. Saludaba, la recibía, me la tomaba y seguía durmiendo. Dormir después de tomarse un café es una de las experiencias más placenteras de la vida.

    Durante mucho tiempo, estando sola conmigo misma, pasaba el día entero en bata y me gustaba intercalar sueño con lectura y con café: me levantaba, tomaba café, me acostaba, dormía, me volvía a levantar, me tomaba otro café, leía, me acostaba de nuevo, volvía a dormir, me volvía a levantar, volvía a leer, me volvía a acostar… Era un juego muy divertido porque el café interfería en el sueño y la lectura también. En esa época no había internet, sólo había libros, café y cobijas. Eran otros tiempos, ahora no se pueden hacer experimentos.

    Tomar la siesta en un bus es algo que he hecho desde la infancia, lo hago por gusto, cuando no quiero oír conversaciones ajenas. En algunas ocasiones escojo la ruta más larga para llegar al mismo lugar sólo porque quiero tomar una buena siesta ambulante, no me gustan los taxis porque en un taxi no puedo dormir. Se duerme bien en busetas y en colectivos, en el Transmilenio y en el SITP no se puede tomar una buena siesta porque las sillas no son cómodas.

    Hubo un tiempo en el que gozaba leyendo de noche y durmiendo de día, no es la experiencia más hermosa que recuerdo pero valió la pena. En ese tiempo supe lo que era el insomnio y descubrí el placer de leer para escribir. En esa época ya había computadores con Word, pero no había internet en el hogar. Sólo yo puedo saber cómo gozaba escribiendo de día o de noche y enviando luego esos escritos tan eruditos a revistas nacionales e internacionales. Cuando peor dormía era cuando más leía y mejor escribía, eso fue hace más o menos quince años.

    Hubo otro tiempo en el que me sentía como una reina levantándome a las tres de la mañana a leer, gozaba viendo amanecer, leía hasta que me vencía el sueño y repetía las sesiones de libros, café y cobijas durante todo el día.

    Dormir en un carro recorriendo el país también es maravilloso, he hecho eso dos veces con mi cuñado, mi hermana y mis sobrinos. Dentro de un carro, en carretera, se abusa del sueño pero es una bonita experiencia.

    La siesta de la tarde después de un café es una de mis favoritas: almorzar, tomar cafecito y acostarse a dormir.

    Hay un asunto que me tiene preocupada: hay días en los que por estar pensado en internet olvido tomar la siesta, olvido que dormir es más placentero que navegar. Es maravilloso burlarse de la gente pero dormir es mejor que cualquier otra experiencia.

    Tengo un propósito para lo que queda del año y de la vida: darle más importancia a mis recreos con el sueño que con la escritura en tiempo real.

  • La hijueputa esa (autoentrevista)

    Quiero a este pueblo áspero, vivo, último tipo de las sociedades primitivas y que, al hacer alto a mediodía, tumbado a la sombra, bajo el vientre de sus camellas, se burla, mientras fuma su chibuquí, de nuestra valiente civilización que tiembla de ira.

    Gustave Flaubert

    ****

    - ¿Por qué comenzamos con este fragmento de una de las cartas de Flaubert a Louise Colet?

    - Porque siempre, cuando camino, recuerdo esa frase y me gusta mucho. Me gusta sentirme como el señor bajo el vientre de sus camellas, aunque no fume. La idea de descanso y de desprecio es lo que más me seduce.

    - ¿Disfruta haciendo temblar de ira a la gente civilizada?

    - Aquí no hay gente civilizada, recuerde que estamos en Colombia. Me gusta burlarme de la gente exitosa y de la idea que tienen de éxito.

    - ¿Está pensando en Virginia Mayer y en las frases desobligantes que escribió ayer sobre usted en su cuenta de Twitter?

    - Sí, estoy pensando en ella, todavía trato de entender por qué se descontroló tanto si no es la primera vez que me burlo de sus poses en este blog.

    - ¿Será porque la ridiculizó más de la cuenta explicándole por qué no es Bukowski con vagina?

    - Probablemente.

    - Hablemos de lo que Virginia Mayer dijo de usted anteponiendo a cada prejuicio el sonoro ¡La hijueputa esa!, una expresión tan colombiana.

    - Dijo que no sé inglés, no he presentado obras en la feria del libro, no he entrevistado a nadie, no tengo una maestría y no he publicado en ninguna revista. Insinuó también que soy ama de casa.

    - ¿Es cierto eso que ella dijo de usted? ¿En realidad es usted tan poca cosa? ¿No ha cosechado ningún triunfo? Trate de explicarnos de forma concreta y sin llorar qué piensa de esos juicios.

    - Mi vida ha consistido en despreciar todo eso que ella aprecia y usa como carta de presentación. Se supone que sé inglés pero hago lo posible por pensar, escribir y hablar sólo en español. Creo que mi lengua materna es un tesoro y siendo yo hispanohablante no necesito presumir con el inglés o con cualquier otro idioma. Otra sería la historia si yo fuera rumana o japonesa. Mi política lingüística ha sido siempre clara: si quiere hablar conmigo aprenda español. Prefiero explorar el español que balbucear otras lenguas para parecer cosmopolita, globalizada o internacional.

    - Ahora hablemos de las obras que usted no ha presentado en las ferias del libro.

    - Las ferias del libro no me interesan ni siquiera para comprar libros, prefiero las librerías o las bibliotecas. Formo parte del campo intelectual y, como se podrá imaginar, casi toda la gente que conozco ha publicado por lo menos dos libros. La mayoría de mis amigos y conocidos han presentado sus obras en ferias de libro, bibliotecas, librerías, centros culturales, universidades… La idea de convertirme en vendedora de libros, de autopromocionarme, de hablar de mis procesos de escritura, de invitar a un amigo para que hable ante mí y ante un público inocente de lo inteligente que soy, de lo bien que escribo, de la pureza de mi estilo, de mis influencias, maestros y lecturas fundamentales tampoco me seduce.

    Aunque usted no lo crea soy una persona humilde y sencilla y no soportaría sentarme a hablar de mi cerebro en público; tampoco soportaría que alguien hablara de la grandeza de mi ser, la profundidad de mis ideas y la originalidad de mis palabras en mi presencia, para vender libros. Eso no lo soportaría, lo supe cuando vi a mis amigos pasando por ese espectáculo tan denigrante.

    - Usted no ha publicado un libro . ¿Por qué?

    - Porque no me interesa, cualquiera publica un libro en Colombia, es muy fácil, además tendría que promocionarlo, venderlo, venderme para vender mis libros. Eso es algo a lo que no estoy dispuesta, sería una experiencia muy fuerte para mí. Me parece más emocionante verme citada en otros libros, que se hable de lo que escribo aquí en las ferias del libro, estar ausente de cuerpo pero presente en la mente de las personas que hablan sobre escritura. Eso me gusta más, me parece un juego muy divertido.

    - Virginia Mayer dice que usted no ha entrevistado a nadie. ¿Toma esa acusación precedida de ¡La hijueputa esa! como una gran ofensa?

    - No he entrevistado a nadie porque no soy periodista, no me imagino entrevistando a nadie que no sea yo misma. Cuando Virginia me propuso un perfil para KienyKe, cuando me dijo que la gente quería saber quién era Ensayista, sentí lo mismo que siento cada vez que alguien se siente ante mí como ante un ser excepcional o digno de ser entrevistado. Cuando me proponen una entrevista pregunto siempre qué me van a preguntar y cuando me lo dicen quedo todavía más confundida y desilusionada porque los periodistas colombianos hacen preguntas muy estúpidas. No aspiro a entrevistar a nadie que no sea yo y no le acepto entrevistas a nadie que no sea yo, esa es mi política periodística.

    - ¿Tampoco tiene una maestría?

    - Sí la tengo y es gracioso saber que a la gente le importan ese tipo de cosas. Los títulos académicos significan muy poco para mí, casi nada. Lo que me importa de verdad es lo que he encontrado fuera del sistema educativo, eso ha sido lo mejor.

    - ¿Tampoco ha publicado en revistas?

    - Si, he publicado en revistas, parece que no es fácil encontrarlas. Eso tampoco me interesa mucho, ni siquiera guardo los ejemplares que me envían por ser la Autora de uno de los textos publicados. La meta es no volver a publicar en ninguna revista impresa, rechazar todas las ofertas que tengan que ver con publicación de libros, participación en ferias y fiestas, columnas de opinión y participación en revistas. Todo está tan degradado que la mejor alternativa sigue siendo internet. A eso le estoy apostando desde hace unos diez años.

    - ¿Es usted ama de casa?

    - Supongo que sí, no tengo mucama ni negrita, me ocupo yo misma de todo lo que necesito para vivir.

  • Virginia Mayer es Bukowski con vagina

    No voy a describir de nuevo a Virginia Mayer porque estoy harta de hacerlo, siempre que escribo un post en este blog sobre ella pienso que es el último porque más bajo no puede caer y siempre termina demostrándome que sí puede caer más bajo, tiene el poder de superar sus propios niveles de autodegradación, miseria personal y tontería.

    Anoche un tuitero generoso me contó a través de un mensaje privado que Virginia Mayer ahora se autodefine como Bukowski con vagina. No lo podía creer, revisé sus tuits y es verdad. Primero escribió que no le gusta la poesía porque no la entiende, después siguió una cuenta de frases de Bukowski y a los dos o tres días se proclamó como la reencarnación de uno de los poetas norteamericanos más originales de todos los tiempos: Charles Bukowski.

    Que una mujer diga que ella es Bukowski con vagina es tan absurdo y descabellado como que un hombre diga que él es Emily Dickinson con pene. Bukowski sólo puede ser concebido en el cuerpo de un hombre, en el cuerpo de ese hombre excepcional llamado Charles Bukowski y Emily Dickinson sólo puede ser pensada en el cuerpo y con la características de esa mujer única en la historia de la literatura: los dos, hombre y mujer, son personas y poetas excepcionales.

    Virginia Mayer es como Bukowski pero con algunas variaciones:

    1. Es una mujer gorda muy desagradable que se expresa a través de un español muy pobre.

    2. Es una zalamera profesional, le gusta congraciarse y recibir favores de los “poderosos” e “influyentes” de los medios y la literatura colombiana (usa su cuenta de Twitter para establecer contactos, encontrar trabajo y comer gratis).

    3. Lucha por encontrar el amor y la aceptación de los tuiteros a través de todas las formas de autodenigración (está en un tratamiento para adelgazar y exhibe sus avances).

    4. Hace experimentos para la revista SoHo con la intención de saber cómo tratan a una gorda fea.

    5. Felicita a personalidades como Salud Hernández y Gustavo Gómez por sus hermosas fotos de perfil.

    Me cuesta creer que tenga una idea tan deformada de Charles Bukowski, no encuentro ninguna similitud entre los dos por más que me esfuerce.

    **

    Vamos a hacer un ejercicio:

    Copiaré una selección de tuits recientes de Virginia Mayer y luego haré lo mismo con algunas frases de Bukowski que podrían convertirse en tuits. Entre todos decidiremos si ella es la reencarnación del buen hombre o no lo es:

    Los tuits de Virginia Mayer:

    1. Uepa, @saludhernandezm, te ves muy guapa en esa foto!

    2. @gusgomez1701 Qué maravilla de foto.

    3. Mi superpoder es soportarte.

    4. A mí por qué no me invitan a lanzamientos de marcas de whisky y a fiestas de revistas, es porque me río muy duro?

    5. Mi amor por ti va en bajada.

    6. Mi virginidad ya tiene dueño. Tú sabes quién eres.

    7. Ya se dieron cuenta que estoy dedicada a ser la Bukowski con vagina? Mi carrera es una vil imitación.

    8. Mi nivel de mamacita era XL. Ahora soy L pero sigo siendo mamacita.

    9. Al único poeta que entiendo es a Charles Bukowski.

    10. Gente muy interesante en la Fiesta del Libro en Cúcuta: @saludhernandezm Mario Jursich @marcelventura @Brigittelgb

    11. Cobro por pintar las uñas porque tengo que mantener mi hogar. Y cuando digo hogar, me refiero a mi museo de esmaltes.

    12. A mí no me gusta la poesía básicamente porque no la entiendo.

    13. Para mañana, sin falta, espero una campaña en contra de la gente que se baña en piscinas.

    14. El oscuro abismo entre un jajajajaj y un Ja. Ja. Ja.

    15. Mis viejos me educaron y yo me deseduqué.

    16. Enamorarme de ti. Creer que no, pero sí.

    17. Before and after. Cinco meses de tratamiento y dieta con @ClinicaRada. 13 kilos menos, faltan 19.

    18. Paris Hilton es una guisa del Only.

    19. La vida es eso que pasa mientras no comes pan con mantequilla, Nucitas, Nutella, cupcakes, french vanilla frosting y chocolate chip cookies.

    virginia mayer

    Si Bukowski estuviera vivo y fuera tuitero escribiría más o menos así:

    charles-bukowski

    1. Si quieres saber quiénes son tus amigos, haz que te metan en la cárcel.

    2. Un intelectual dice una cosa simple de un modo complicado; un artista dice una cosa complicada de un modo simple.

    3. El culo es la cara del alma del sexo.

    4. Tan preocupado está mi amigo por desgajar de mis huesos la carne de mi alma que apenas parece pensar en su propia existencia.

    5. Eso es todo lo que hace la gente, juegos de niños. Van del coño a la tumba sin que les roce siquiera el horror de la vida.

    6. Traté de convertirte en mujer pero no eres más que una puta.

    7. Si hubiera nacido mujer hubiera sido prostituta. Como había nacido hombre, anhelaba mujeres, cuanto más guarras mejor.

    8. Las buenas mujeres me daban miedo porque a veces querían tu alma y lo poco que quedaba de la mía quería conservarlo para mí.

    9. Es por culpa de mi niñez, sabes. Nunca supe lo que era el amor…

    10. Ahora, después de décadas, era un escritor con escritorio. Sí, sentí el temor, el temor de volverme como ellos.

    11. A mí cada vez que alguien me hablaba me entraban ganas de tirarme por la ventana o de escapar en el ascensor.

    12. Si el mundo dura hasta el próximo siglo ahí estaré yo todavía, pero los viejos críticos estarán muertos y olvidados.

    13. Aquella electricidad hedionda que continúa propagando la fealdad de la especie a lo largo de inútiles centurias.

    14. Coge la familia, mézclala con Dios y la nación, añade diez horas de trabajo diario y tienes todo lo que necesitas.

    15. Cuidado con aquellos que buscan constantes multitudes; no son nada solos.

    16. Estamos aquí para desaprender las enseñanzas de la iglesia, el estado y nuestro sistema educativo.

    17. Estamos aquí para reírnos del destino y vivir tan bien nuestra vida que la muerte tiemble al recibirnos.

    18. Nunca sentía soledad; cuanto más separado de la especie humana se encontraba, mejor se sentía.

    19. La gente que cree en la política es como la gente que cree en Dios: soban aire con pajitas torcidas.

    20. El alma libre es rara, pero la identificas fácilmente cuando la ves.

    21. El hombre ha nacido para morir. ¿Qué quiere decir eso? Perder el tiempo y esperar.

    22. Por supuesto que es posible amar a un ser humano si no lo conoces demasiado.

    23. Estaba horrorizado con la vida, con lo que un hombre tenía que hacer simplemente para comer, dormir y mantenerse vestido.

    24. Cuando bebía el mundo aún estaba allí afuera, pero por el momento no te tenía agarrado del cuello.

    25. Me levanté y fui hacia el jodido cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice.

    26. Casi siempre lo mejor de la vida consiste en no hacer nada en absoluto, en pasar el tiempo reflexionando, rumiando todo ello.

    27. Yo no analizo jamás, me limito a reaccionar… yo ando con todos mis prejuicios.

    28. Al carajo con la verdad. El estilo es más importante: cómo hacer una por una cada cosita.

  • El descanso eterno

    Nací en 1970 pero empecé a tener conciencia de mí misma en 1975, cuando me obligaron a madrugar pro primera vez para ir a estudiar. Recuerdo ese primer día como uno de los días más tristes de mi vida.

    En el colegio me encontré con adultos falsos y niños estúpidos, ese día -mi primer día de clase- supe que no me gustaba estudiar y que tampoco me gustaba madrugar.

    Durante la infancia y la adolescencia sufrí mucho con mi educación, a los quince años decidí renunciar a esa mentira, supe que me gustaba descansar sin pausa y a eso consagré el resto de mi vida, a ver pasar las horas sin hacer nada por mi futuro. Sólo pensaba en el placer, en mi propio placer, en el gusto de no hacer nada. Sospechaba que la aristocracia de nuestro tiempo consiste en hacerse cargo de las horas. ¡Que trabajen los esclavos, yo nací para descansar! Estaba segura de que tenía razón, los equivocados eran los demás, aquellos adultos tontos que creen en el éxito y en las realizaciones personales relacionadas con el dinero, los amigos y los viajes de placer o de negocios.

    Cuando todavía era niña de uniforme me gustaba elevar globos, pasé muchas horas de mi vida elevando cometas grandes y globos pequeños desde la terraza de mi casa. Nunca fue tiempo perdido ver cómo algo que está al alcance de mi mano se va y luego -después de varias horas- vuelve a mis manos y lo vuelvo a soltar cada día y vuelve a regresar. Hay globos y cometas que se van y nunca regresan. Esa sensación me gustaba mucho, bajar de la terraza con las manos vacías y la cara azulada -porque mi hora favorita para elevar cometas era antes de que oscureciera y a esa hora hace mucho frío en Bogotá. Era una emoción indescriptible ver cómo mi globo se desplazaba tanto que ya no lo veía convertido ni siquiera en un punto. Elevando globos y cometas se pasan muchas ideas por la mente, la que más me gustaba era la de eternidad. Elevé globos y cometas durante varios años, lo hacía para olvidarme de tantas horas perdidas en un salón de clase. Elevando globos desarrollé el arte de la paciencia.

    Cuando me aburrí de los globos me consagré al tejido pero tengo mejores recuerdos de las horas perdidas, malgastadas a conciencia, con los globos que con las lanas y con las agujas, son placeres diferentes. Las ideas que se pasan por la mente no son las mismas pero sospecho que se piensa de forma más concentrada tejiendo que elevando cometas, aunque en las dos actividades la vista nos lleve por caminos diferentes.

    La lectura la descubrí estudiando y cuando descubrí la lectura supe también que los libros se encontraban en las bibliotecas y dejé los globos, las cometas y el tejido y me dediqué a leer. Mis libros favoritos eran los de filosofía, quería saber cuál es la mejor manera de vivir y leyendo esos libros supe que mi forma de vivir era la mejor de todas y que lo había descubierto viviendo, sin necesidad de leer ningún libro. Perder las horas leyendo es un placer que todavía disfruto, pero como soy generosa quiero compartir lo que leo con otras personas y hablando de libros descubrí que me gustaba ser profesora y fui profesora desde muy joven, cuando todavía era una niña y algunos de los estudiantes podían ser todavía más niños que yo pero me miraban con respeto y reverencia.

    Ser profesora es otra forma de descansar, escribir es otra forma de descansar. Lo que escribo en este blog se me pasa por la mente casi siempre mientras camino, porque también me gusta caminar y caminar es una experiencia tan gratificante como elevar cometas, tejer bufandas y saquitos, lavar ropa a mano, barrer la casa o leer.

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