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  • ¿Quién es y qué quiere Fernando Vallejo?

    Fernando Vallejo es por sobre todas las cosas un intelectual del siglo XX, esa gente comprometida con el conocimiento y la comprensión de los problemas sociales -que en nuestro tiempo no se desligan de los problemas científicos- más que con la exhibición de ellos mismos en los medios, en los hoteles de lujo, en las ferias del libro, en los programas de televisión, en las revistas de farándula y en las redes sociales. No puede ser comparado con los “autores” deseosos de vender muchos libros y de ser amigos de gente influyente para escalar más rápido en su carrera de “artistas” porque nos ha dejado claro desde hace mucho tiempo que no le interesa el dinero ni el poder. La prueba más contundente es lo que ha hecho con la remuneración económica otorgada gracias a sus premios literarios: la ha donado a fundaciones encargadas de proteger a los animales maltratados o abandonados.

    Fernando Vallejo no tiene nada que ver con Héctor Abad Faciolince, Ricardo Silva Romero, Juan Esteban Constaín, Alberto Salcedo Ramos y todos lo demás Grandes Escritores Colombianos de Nuestro Tiempo. Ellos, los pequeños, sí que están metidos en el negocio de la literatura y han sabido construir muy bien su personaje sensible y bueno para exhibir en los medios, en las ferias del libro y en los congresos de literatura. Fernando Vallejo no. Este hombre auténtico no quiere ser complaciente con nadie, no está interesado en quedar bien ante el público, no quiere posar de humanista ni de salvador de los pobres.

    Nuestro objeto de estudio está entre Pierre Bourdieu y Natalia París porque tuvo la suerte o la desgracia de estar vivo en pleno 2015. Es un hombre entre dos mundos completamente opuestos y la masa de televidentes y usuarios de las redes sociales se sienten con el bagaje intelectual suficiente para interpretar su vida privada, sus opiniones en los medios, sus discursos leídos en voz alta, sus obras literarias, su vida en México, sus frases provocadoras y todo lo que el pobre hombre es, representa, encarna y proyecta sin necesidad de saber quién es, cuál es su formación académica, cuáles son sus lecturas, sus intereses, sus grandes preocupaciones y mucho menos, cuál es su obra escrita, los textos literarios que le dieron reconocimiento mundial.

    Fernando Vallejo es el único escritor colombiano que ha superado a su maestro Gabriel García Márquez y que tiene un lugar bien definido en la literatura latinoamericana y en la universal. Eso a muy poca gente le importa porque la persona es mucho más importante que la obra y al público en general no le gusta leer libros sino opinar sobre la gente que escribe libros. El autor supera la obra y hasta la persona más ignorante, agresiva y de mal gusto se siente con el derecho a decir que Fernando Vallejo no tiene derecho a decir lo que dice y que una persona dañina como él no le aporta nada a un país como Colombia.

    Pueblo indolente, colombianos de bien: cada vez que ustedes insultan, desprecian y subestiman a Fernando Vallejo le están dando la razón, le están demostrando a él y a ustedes mismos que Colombia es el reino de la ignorancia, de la vulgaridad, de la agresividad. Un país dominado por la iglesia, atropellado por los políticos, un país habitado por gente que no ha podido separar el sexo de la reproducción y que sigue viendo a las mujeres como vacas o como burras que sólo sirven para reproducirse, un país de televidentes y de admiradores de jugadores de fútbol, un pueblo que se solaza en su propia podredumbre, que goza viendo cómo vamos de mal en peor.

  • La intimidad como espectáculo

    En muy pocos libros se analizan los textos escritos que se producen hoy en la red por personas conocedoras del tema, por intelectuales interesados en textos de ficción en soporte web como parte de la historia de la escritura y de la literatura, como parte del estudio de temas tan actuales desde hace más de cincuenta años como son: la muerte del autor, el ocaso de la novela y el fin del arte.

    Paula Sibilia, en La intimidad como espectáculo, nos presenta el triste panorama que estamos viviendo desde hace ya bastante tiempo en lo relacionado con el yo narrador, la figura del autor y la creación de este autor, con las obras que produce, quién las produce, con qué propósito, quién las ve, cómo se exhiben, quién gana con la exhibición…

    El libro está dividido en nueve partes:

    El show del yo.

    Yo narrador y la vida como relato.

    Yo privado y el declive del hombre público.

    Yo visible y el eclipse de la interioridad.

    Yo actual y la subjetividad instantánea.

    Yo autor y el culto de la personalidad.

    Yo real y la crisis de la ficción.

    Yo personaje y el pánico de la soledad.

    Yo espectador y la gestión de sí como una marca.

    Es un libro erudito que nos recuerda los textos más representativos de Walter Benjamin, Virginia Woolf, Marcel Proust, Friedrich Nietzsche y Guy Debord, entre muchos otros, en temas relacionados con procesos de escritura, figura del autor, materia para la narración, el arte de futuro, el comercio del arte, la preeminencia del arte sobre el artista y el propósito buscado por el autor en el momento de aventurarse en el ejercicio de la escritura o de cualquier otro tipo de creación.

    La sociedad del espectáculo, “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” y Ecce Homo se constituyen en los textos fundamentales a partir de los cuales se articulan las ideas centrales, que no son nada alentadoras y que en un lector culto y atento pueden llevarlo a replantear el papel que juegan sus textos en la red, en un blog por ejemplo, en un espacio tan banal como el soporto que uso para redactar y publicar esta reseña, precisamente.

    La autora considera que los blogs y YouTube son los grandes soportes para crear historias y que casi todas las historias que se presentan en esos espacios son historias banales narradas por gente común que busca ser vista y leída y que para conseguirlo se valen de estrategias que en muchas ocasiones atentan contra su dignidad como seres humanos. A ellos no les importa, lo que de verdad importa es que los vean y los lean.

    Los textos que circulan en la red son en su mayoría textos de gente común, personas que quieren ser visibilizadas, reconocidas y remuneradas, lo que esas personas no saben es que las usan. Hay una parte del libro relacionada con el trabajo de marketing que hay detrás de las grandes pequeñas figuras de la web, la gente que se siente triunfadora porque le sirve a una marca.

    Hay un gran despliegue a lo largo del libro sobre la forma en que se ha perdido la obra para destacar la figura del autor, ya no importa qué se escribe sino quién lo escribe y qué se sabe de esa persona, especialmente sobre su vida privada. Los lectores y espectadores no esperan historias bien narradas sino hechos reales de gente común, gozan viendo cómo se va narrando una vida, no importa de quién sea, y quieren conocer muchas vidas, no sólo una. Y una vida narrada da paso a otra vida y no hay cuándo parar porque todos los días en los blogs y en YouTube podemos presenciar historias nuevas y eso es lo que busca quien exhibe su vida y quien la contempla: exhibirse como se exhibe otra gente en los programas de televisión más escabrosos que todavía mucha gente sigue tomando en serio mientras los ve. No importa que la imagen personal se deteriore, lo que de verdad importa es capturar lectores y espectadores y sentirse famoso.

    La autora no habla mucho de Facebook ni de Twitter y es una verdadera lástima porque es un hecho que son esos espacios los que tienen capturados y perdidos a más seres humanos que se toman por famosos y dan cuenta de su vida privada sin respetar límites. En el libro sólo se menciona a un autor colombiano: Efraím Medina y su desnudo frontal en Técnicas de masturbación entre Batman y Robin, pero es evidente que algunos autores colombianos han llegado mucho más lejos y han caído mucho más bajo. Lo que Carolina Sanín hace en YouTube, por ejemplo, es mucho más lastimero que cualquier desnudo frontal de un hombre en la carátula de un libro, más cuando se trata de una persona que, se supone, sabe bastante de escritura, lectura, literatura, interpretación, manejo de la imagen…

    ¿Vale la pena leer el libro? ¡Por supuesto!

    Si usted ha expuesto un poco su imagen y quiere entender por qué no vale la pena hacerlo este libro es para usted.

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  • El fracaso está directamente ligado a la necesidad de hablar mal de alguien

    La frase que se constituye en titulo de este post es un tuit muy faveado.

    ¿Quién lo escribió?

    No importa.

    Lo realmente importante es que muchas personas están de acuerdo con esa gran frase, esa especie de aforismo escrito por un gran pensador en tiempo real que además de gran pensador es una persona exitosa en las redes sociales porque muchos otros tuiteros favean sus grandes ideas y eso lo debe hacer sentir muy bien, como un gran triunfador, precisamente.

    Analicemos la frase que no me dejó dormir en paz anoche:

    El fracaso está directamente ligado a la necesidad de hablar mal de alguien

    Hay varios grandes temas de la Filosofía presentados en la pequeña Obra Maestra.

    1. El fracaso (como lo opuesto al triunfo).

    2. La relación entre acción y reacción.

    3. ¿Qué es lo realmente importante en la vida?

    4. Teoría del lenguaje (específicamente la reflexión eterna sobre verdad y mentira y también sobre el ser, el parecer y el representar).

    5. La maldad humana (representada en el hecho de hablar mal de alguien).

    Vayamos por partes:

    1. ¿Qué es el fracaso?

    El fracaso es lo opuesto al triunfo.

    ¿Y qué es el triunfo?

    Depende de la perspectiva. No es lo mismo triunfar en el siglo XIV antes de Cristo que gozar de semejante privilegio en el año 2015. No es lo mismo triunfar siendo pobre que teniéndolo todo, no es lo mismo triunfar viviendo en la ciudad que viviendo en el campo, no es lo mismo triunfar teniendo como referente de triunfador a Pablo Escobar que a Leonardo da Vinci, no es lo mismo triunfar en Twitter que en un casino.

    Si nos acogemos a los Grandes Maestros de todos los tiempos y de todas las culturas el triunfo se resume en varias pequeñas frases.

    Triunfar en la vida es:

    – Superar el miedo a la muerte.

    – Comprender que la vida no tiene sentido y buscarle uno que se lleve bien con nuestro propio potencial intelectual o espiritual mientras esperamos con paciencia que nos sorprenda la muerte.

    – Descansar la mayor parte de la vida, vivir en permanente estado de contemplación (puesto que la vida no tiene sentido).

    – No aspirar a los bienes materiales sino a los intelectuales y a los espirituales.

    – No perder la calma ante los cambios, aspirar a la imperturbabilidad.

    2. La relación entre acción y reacción.

    El filósofo tuitero celebrado por la Asamblea dice de forma contundente: si habla mal de alguien fracasará en la vida.

    Ahora varias preguntas relacionadas con ese enunciado:

    ¿La gente no habla de la gente?

    ¿Por qué la gente habla mal de la otra gente?

    ¿Hay gente que no habla mal de nadie?

    ¿De cuántas personas debemos hablar mal para que el fracaso sea más efectivo?

    ¿Hay niveles en el hablar mal de otras personas?

    ¿Hablar mal de otras personas denota debilidad de carácter, ignorancia, miedo, falta de fe, envidia?

    ¿Hablar mal de la gente es un defecto o un problema psicológico?

    ¿El fracaso es más evidente si se habla mal de otras personas cara a cara, en Twitter (a través de mensajes privados) o vía WhatsApp?

    ¿Qué pasa cuando empezamos hablando bien de una persona y terminamos hablando mal?

    ¿Qué pasa cuando empezamos hablando mal de una persona y terminamos hablando bien?

    ¿Se fracasa mejor cuando se habla mal de otras personas desde un blog o por teléfono?

    ¿Qué pasa si hablo mal de mi mamá?

  • La amistad según Gustave Flaubert

    En nuestros tiempos se escriben bellos cantos a la amistad, la sinceridad, el amor… todo sumido en la más triste banalidad. Si Gustave Flaubert estuviera vivo y tuviera una cuenta en Twitter sería acribillado sin compasión por las bellas almas que pueblan las redes sociales. Gente buena, noble y dulce que dice decir exactamente lo que piensa.

    ¡No!

    Nadie dice en las redes sociales lo que de verdad piensa porque la verdad de las sensaciones y los sentimientos es exclusividad de la gente fuerte y lo que domina el mundo virtual es la debilidad, la banalidad y la tontería.

    Nunca antes en la historia de la humanidad habíamos podido contemplar con mirada de asombro -con los ojos cerrados y la boca abierta- tanta tontería reunida en un solo espacio. Es asombroso y emocionante al mismo tiempo. Hay mucho material para analizar. Se sufre pero también se goza.

    En las cartas a Louise Colet hay una bella colección de frases hermosas sobre la amistad, pero para hablar de amistad Flaubert debe hablar también de amor, soledad, amargura y miseria de la vida.

    Demos gracias a Dios porque este hombre está muerto. Si estuviera vivo se sentiría aún más deprimido y destrozado -gracias a la imbecilidad ajena- de lo que pudo estarlo en el siglo XIX.

    Con ustedes, uno de los hombres más malos que ha dado la tierra, una de las peores alimañas. Un ser lleno de odio, envidia, amargura.

    ¿Saben qué es lo peor de todo?

    Yo admiro a este hombre despreciable ante la mirada implacable de la chusma de su tiempo.

    Con ustedes el gran Gustave Flaubert:

    Tengo el defecto de haber nacido dotado de una lengua especial, cuya clave sólo yo poseo.

    No hay oso blanco encaramado en su témpano del polo que viva más olvidado que yo en la tierra.

    Me da miedo ser frío, seco, egoísta, y Dios sabe, sin embargo, lo que en estos momentos siento dentro de mí.

    He cavado mi agujero y en él me quedo, poniendo gran cuidado en que reine siempre la misma temperatura dentro.

    Lo que me sorprende es que, debajo de esas críticas se note un odio contra mí, contra mi persona, un prejuicio denigrador.

    No quisiste creerme cuando te dije que era viejo. ¡Sí que lo soy, por desgracia! pues todo sentimiento que a mi alma llega se agría igual que el vino cuando lo introducen en recipientes ya muy usados.

    He hecho mal, he sido un necio. Me he portado contigo igual que, en otros tiempos, lo hice con aquellos a quienes más quería: les mostré el fondo de mi saco, y el polvo acre que despedía se les pegó a la garganta.

    Adiós, trata de olvidarme; yo nunca te olvidaré. Te equivocaste al decirme que sólo sentía por ti curiosidad. Hay más, pero tú sólo crees en las cosas cuando son extremas. Adiós otra vez. Siempre que necesites algo me encontrarás.

    Otro se sentiría orgulloso del amor que me prodigas; su vanidad bebería en él con gusto y su egoísmo de varón se sentiría halagado hasta en los repliegues más íntimos. Pero en cambio tu amor hace que mi corazón desfallezca de tristeza.

    Si he sido duro es porque estoy enfermo. Dolorido, amargado, la vida me desloma como un trote demasiado duro que destroza las riñones. El único momento en que no sufro es cuando estoy solo. Los mejores afectos con frecuencia me irritan desmesuradamente.

    Yo soy el oscuro y paciente pescador de perlas que bucea en los bajos fondos y vuelve con las manos vacías y la cara azulada. Una atracción fatal me empuja hacia los abismos del pensamiento, me lleva al fondo de esos precipicios interiores que jamás se agotan para los fuertes.

    No estoy con nadie, en ningún sitio, no soy de mi país y puede que tampoco del mundo. Aunque muchos me rodeen, sigo estando solo; por eso los huecos que dejó la muerte en mi vida no aportaron a mi alma un nuevo estado de ánimo, sino que acentuaron ese estado. Yo estaba solo por dentro y ahora estoy también solo por fuera.

    Por muy uniforme que sea tu vida por lo menos tienes algo que contarme. Pero la mía es un lago, un estanque quieto donde nada se mueve, en donde nada sobresale. Cada día que pasa se parece al anterior. Puedo decirte lo que haré dentro de un mes, dentro de un año, y considero esto no sólo sabio sino afortunado.

    Quisiera mandarte únicamente palabras dulces y tiernas, de esas suaves como un beso que algunos saben decir pero que, en mi caso, se quedan en el fondo del corazón y expiran al llegar a los labios. Si yo pudiera, cada mañana tu despertar se vería perfumado por una olorosa página de amor.

    El contemplar una vida que una pasión violenta -de la índole que sea- ha vuelto miserable es siempre algo más instructivo y altamente moral. Eso rebaja, con una ironía aullante, tantas pasiones banales y manías vulgares, que uno queda satisfecho al pensar que el instrumento humano puede vibrar hasta ese extremo y subir hasta tonos tan agudos.

    La faceta ridícula que veo en el amor siempre me impidió entregarme a él. He deseado, en ocasiones, seducir a una mujer, pero con sólo pensar en el aspecto extraño que en esos momentos debía de tener, me entraban ganas de reír. Tanto es así que mi voluntad se derretía al fuego de la ironía interior, y dentro de mí cantaba el himno de la amargura y de la irrisión.

    La diferencia que ha existido siempre entre mi modo de ver la vida y el de los demás ha hecho que me encerrase (¡no bastante, por desgracia!) en una áspera soledad de la que nada lograba hacerme salir. Me han humillado tantas veces, he escandalizado y hecho gritar tanto que he terminado, desde hace ya mucho tiempo, por reconocer que, para vivir tranquilo, hay que vivir solo y poner burletas en todas las ventanas por miedo a que el aire del mundo llegue hasta uno.

    No estimes tanto mi talento, no aspiro a ser un Goethe, pues las velas resultan pálidas al lado del sol y, aunque no lo creas, no me esfuerzo por remedar a nadie, y a los grandes hombres mucho menos. En cuanto a mi corazón, su conducto es angosto y está embozado, el líquido no sale de él con facilidad, va corriendo arriba y da vueltas como un torbellino… todo él lleno de bajos fondos movedizos, muchos barcos embarcaron en ellos.

  • Una pregunta muy seria: ¿Te gusta lo que hace Elsy?

    Recordemos que mi interlocutor anónimo tenía cuenta en Twitter y decidió abandonarnos porque no soportó tanta podredumbre en masa. Hoy durante el almuerzo tuvo una discusión que sospecho acalorada con una lectora-detractora que no me quiere.

    No me quiere, pero me lee.

    No le importo pero sabe quién soy y se atreve a referirse a mí como Elsy

    ¿Quién le concedió tanta confianza?

    No le gusta mi estilo pero todo le queda siempre bastante claro.

    El eterno retorno.

    ¿Estará ella leyendo este post temblando de ira e indignación?

    ¿Cree que nadie debe leerme porque soy un peligro para la sociedad?

    ¿Un ser inmisericorde y malvado que merece un castigo ejemplar?

    ¿O simplemente alguien que sabe escribir y la obliga a llegar hasta el final aunque no quiera?

    Ven, vamos, dime que quieres llegar hasta el final, que te mueres por saber qué es lo que viene después, el golpe bajo.

    ¿Una persona falta de afecto que escupe toda su indignación aquí?

    ¿Soy venenosa pero no se pierde ninguna de las entradas?

    ¿Por qué hay gente así?

    ****

    Veamos cómo se discute sobre mí mientras se saborea un delicioso jugo de mora después de deglutir la papa y la yuca:

    La indignada: “¿Te gusta lo que hace Elsy?”.

    Mi interlocutor anónimo: Y entonces tuve que resolver en un giro dramático al estilo de la mierda que se comería al final el coronel cuando vio que no le escribían:

    “Todos tenemos facetas, y no en todas las facetas caben todos los afectos”.

    Mi compañera de mesa apuró un insípido jugo de mora, hizo la pausa y respondió:

    La indignada: “O sea, celebras lo que hace al escribir sobre otras personas”.

    Mi interlocutor anónimo: Perdonen la hondura de esto que diré, pero entonces pensé en cómo la pobre sin querer condenó a la humanidad entera por ser una humanidad llena de humanos hablando de otros humanos. Pensé en las lágrimas de Homero al saber que esta sujeta (para ser incluyente y que después Florence no me calumnie) lo condenaba por hablar de Telémaco, la calienta güevos de la mamá y el viajero de negocios de su padre.

    Como bien pude haberme equivocado en mi percepción, pedí algo de ruta, y entonces me encontré sancionado por leer a alguien supuestamente sancionable. Y tuve que pensar en qué era la sanción. Pero en particular, tuve que pensar de nuevo en esta horda de celebradores de la sanción que no separa asuntos, que se unge de análisis pero que carece de capacidad relativa a los contextos. Lo que haga Elsy con las celebridades, es asunto de Elsy. Lo que haga usted leyendo tales diatribas, es su asunto. Mientras no separen cada cosa en la libre administración de su ocio, no dejarán de ser morbosos y aguapaneleros que se divierten y después se confiesan. Porque de eso está hecha hoy esta trama de la red.

  • Te amo, pero vivo contigo

    El amor es el pretexto para la reproducción y por eso es tan importante para todos aunque no estemos en edad de reproducirnos o hayamos decidido no hacerlo como cualquier marrana gorda. Porque supimos separar el amor de la reproducción, porque no nos dejamos engañar por la sociedad ni nos dejamos manipular por el impulso de la vida que motiva a todos los seres con órganos sexuales diferenciados a mezclarse unos con otros -aunque no crean en el amor-, a reproducirse como cualquier otro animal. La mayoría se reproduce de manera ciega, se divierten de lo lindo convirtiendo dos en tres y presentando el hecho como milagro, proeza o fruto del amor en Facebook y en Instagram. ¡Qué asco!

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    Los seres privilegiados que nacimos con el don para creer en el amor romántico lo cultivamos con mucho empeño porque la idea que tenemos del amor es lo que mejor nos define, casi más que la idea que tenemos de Dios, la Belleza o la Bondad.

    ¿Pero qué es el amor romántico?

    Vayamos a Wikipedia:

    "El amor romántico es uno de los modelos de amor que fundamenta el matrimonio monogámico y las relaciones de pareja estables en las culturas modernas, principalmente las occidentales.

    El amor idealizado es considerado como un sentimiento diferente y superior a las puras necesidades fisiológicas, como el deseo sexual o la lujuria, y generalmente implica una mezcla de deseo emocional y sexual, otorgándole, sin embargo, más énfasis a las emociones que al placer físico, a diferencia del amor platónico, que se centra en lo espiritual. Algunos analistas recientes1 inciden en que las características más señaladas de este tipo de amor se confirman y difunden a través de relatos literarios, películas, canciones. Se trata de un tipo de afecto que, se presume, ha de ser para toda la vida (te querré siempre), exclusivo (no podré amar a nadie más que a ti), incondicional (te querré pase lo que pase) e implica un elevado grado de renuncia (te quiero más que a mi vida)".

    El amor romántico es incompatible con la convivencia porque ésta le resta poder a la emoción del encuentro, al deseo de ver al ser amado, a permitirnos el placer de soñar con los momentos que se compartirán esa próxima vez que se espera con emoción e intensidad. Con la convivencia se acaba la novedad, es una especie de ¡Sí! ¡Te amo!, pero tanto como a mi hermana o a mi mejor amigo, somos felices haciendo mercado, comprando ropa para los dos, en las salas de cine, en el parque jugando con los perritos y riéndonos en la cara de la gente como niños, viendo televisión y burlándonos de todo y de todos.

    Pero tanta dicha, tanta pasión compartida, tantos maravillosos momentos que hemos vivido juntos, yo a tu lado y tú al mío, se convierten en una maldita rutina que me hace olvidar que un día te amaba tanto que deseaba vivir contigo para no cansarme de contemplarte cada mañana, cada atardecer y cada noche.

    Julio Ramón Ribeyro tenía razón. La convivencia mata el amor. Uno se convierte en la mejor amiga o en la hermana del novio y eso no es justo:

    El gran error de la naturaleza humana es adaptarse. La verdadera felicidad está construida por un perpetuo estado de iniciación, de entusiasmo constante. Y aquella sensación sólo la producen las cosas nuevas que nos ofrecen resistencia o que aún no hemos asimilado. El matrimonio destruye el amor, la posesión mata el deseo, el conocimiento aniquila el placer, el hábito la novedad, la destreza, la conciencia. Ser el eterno forastero, el eterno aprendiz, el eterno postulante: he allí una forma para ser feliz. Un fórmula sin embargo difícil. La naturaleza humana reclama la estabilidad. La estabilidad en el amor, en la residencia, en el pensamiento. Hay en nosotros una pesada carga de sedentarismo que nos obliga a vivir en un sitio, querer a una mujer, pertenecer fiel a una ideología. Y esto es terrible pero necesario. Necesario porque tiene sus compensaciones, y porque hace posible, además, la vida social. El nomadismo, como lo concibo -geográfico o intelectual- produciría una sociedad anárquica y primitiva, construida por hombres egoístas y dispersos.
    Quién sabe, sin embargo, si esto será lo mejor. Por lo menos cada uno seria feliz -lo creo al menos- y ésta es ya una razón suficiente.

  • ¿Qué es lo que quieren las mujeres?

    Mi interlocutor anónimo bebió vino anoche y brindó por mí y por los poetas goliardos.

    Bajo el efecto de un Baco barroco escribió esta bella composición:

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    Reflexión nunca enviada de un 25 de diciembre.

    De la "ex" con "ex" y otras eses.

    Traídas todas las consideraciones, que a juicio, una mujer promedio puede hacer sobre las taxonomías de un hombre, también es necesario hablar de la ex de afectos afectados. Resulta que haciendo a un lado el estereotipo razonable de la simpleza y condición básica de un hombre, también hay que hablar de aquella que te usa como escampadero temporal. En el amor falta razón, y aunque la intuición es anterior al conocimiento, son tantos los gestos y las estratagemas de aquellas que navegan en el mar de ácido de un amor que se fue, que resulta imposible advertir las señales que te provean de un impermeable para su salpicadura.

    Dicen amarte, suelen hablar de hijos, de lo perfecto e incomparable que eres, de lo mucho que te admiran o lo mucho que se excitan al verte. Reciben cada gesto que les das a diario con un ?eres el mejor?, pero en ellas, la dudas, perfiladas en las inconveniencias sociales o en la sanción moral, aún quedan como manifiesto a la esperanza de abordar esa nave que se fue. Algunas mujeres, al final, prefieren el pirata idealizado en Jack Sparrow al capitán seguro de su embarcación.

    Prefieren la zozobra, su comodidad está en asegurarse la incomodidad de la incertidumbre. Entonces uno pasa al plano del inquietante ocaso. Entonces a uno sólo le queda el camino de la especulación. Entonces a uno le corresponde tomar distancia prudente, para que ellas puedan hacer lo que más les gusta: Buscar a ese alguien que no es ni tan educado ni tan culto, pensando en todas las groserías que obtendrán de él y como podrán ser superiores y anularlo. Buscarse a alguien ordinario. Buscarse un patán que culpe su patanería al mal humor de la ex que volvió y a su grosería sin escucharle. A él le pueden decir que no son así y que él es quien las hace ser así, y seguramente esos badulaques sí se lo van a creer.

    El lío no es de amor, es de perfil, de estilo. Y ahora que saben y pueden, muchas deberían buscarse uno así como lo describo. Buscarse un adolescente, porque algunos somos demasiado hombres para ellas, los que no nos ocupamos de ser perfectos, estamos con la ventaja de ocuparnos de ser buenos.

  • Vladdo: la mujer con pipi

    Mi corresponsal anónimo tiene una opinión sobre Vladdo. Su texto claro, preciso y contundente supo dibujar una sonrisa en mi rostro. En mí, una persona seria, distinguida y exigente con el Humor.

    Me la acaba de enviar y quiero compartirla con ustedes.

    En relación a Vladdo, mi sospecha recae en esa extraña aura de “mujer con pipí” que busca a toda costa redimirse y/o congraciarse con el género femenino. Recuerdo que fue materia de varios chistes entre Alba, Lucero, Yolanda, Gloria e Ivón. Mis hermanas mayores. Todas ellas, al lado de hombres maravillosos, padres de sus hijos, discutían sobre la “estrechez sexual” y la etiqueta que este malparido hacía crecer en una sociedad hecha a la medida del chiste ligero sobre lo que supuestamente somos los hombres. Creo con sinceridad que este celebrador de la mujer carga sobre su espalda la ligereza del hombre mal tratado y mal querido, que en el ánimo de ese ego herido del aplauso, hizo carrera con una mujer caricatura, victimizándola en tal grado que lo único que ha creado es un tamiz de fantasías aterradas sobre los hombres. Hombres, somos de todos los tipos, mujeres que ríen con Vladdo una sola: aquella con la destreza de repetir el patrón de hombre que está habituada a cargar para no sentirse anulada o incómoda en un escenario en el que sería incompetente, el de un hombre distinto.

  • El hombre de la camisa rosada

    Mi interlocutor anónimo continúa enviándome mensajes y el último siempre es mejor que el anterior. Para comprenderlos se necesita contexto pero el amable lector lo puede encontrar en este blog viajando a través de los tags.

    Espero que lo disfruten tanto como yo.

    Personajes:

    Marianne Ponsford

    El hombre de la camisa rosada

    Carolina Sanín

    *

    *

    *

    Alguna vez coincidí como jurado de una convocatoria “cultural” con la señora que fuera directora de la revista “cultural” llamada Arcadia, resma de papel entintado de lugares comunes a la celebración de los eruditos que aun creen que la cultura es una experiencia refinada sobre bienes distinguidos.

    No dejé de observar con atención a aquella mujer que alguna vez gastó tiempo y neuroconectores en una columna sobre por qué no salir con las amigas a comprar un bluyín. No encontré en sus posturas algo ajustado al motivo de la evaluación, permitir que publicaciones “culturales” emergentes recibieran un apoyo institucional.
    Lejos de esa, nuestra meta, la encontré fiel a esa segregación ilustrada que divide al que mucho sabe del que sabe poco, como si de nuevo, la acumulación enciclopédica fuera un lugar de celebración. Desde ese día, aumentó mi gusto por eso que antes le anotaba, es mejor la intuición. Lo particular de aquel día es que estaba vestido de rosado, y no pude evitar intertextualizarla con otra columnista que a su vez gastó tiempo en una diatriba feminista sobre el rosado. Mi conclusión, con mi tratado sobre la Opinión Chatarra en ciernes, es que finalmente también hay que celebrar la pendejada de leerlas y la pendejada de criticarlas, es en esas diferencias que algo puede pasar, aunque sea una pedrada que nos acabe como a los dinosaurios.

  • Y entonces pensaba en usted (mensaje de mi interlocutor anónimo)

    “Una respuesta digna”.

    De todos los encabezados sugerentes a un no pactado intercambio epistolar, aquello de una respuesta digna de él, supone en mi caso la atención precisa mas no quirúrgica de sus argumentos.

    Retomaré en parte lo que ya ampliaba sobre su accionar en la red.

    Recordé que alguna vez fui adolescente. Un tanto más joven. Recordaba que me faltaba mucho. De aquella época puedo evocar cierta desobediencia a lo que uno hoy considera razonable. También viajé con los ojos abiertos y la luz apagada a un lugar donde los afectos eran estrechos y mal contemplados. Nada se ponía en estricto balance. Pero de todas esas carencias la que más recuerdo era la de confundir los criterios del afecto. El afecto en efecto, y bien como usted lo sugiere, trasgrede los modos las maneras y los mecanismos. Tiene razón entonces en aquello de “Gracias a internet he conocido a gente encantadora con la que hubiera sido muy difícil coincidir en tiempo y espacio, internet nos brinda la posibilidad de acercarnos de manera efectiva con personas muy parecidas a nosotros. Antes debíamos dejarlo todo en manos del destino, debíamos aprender a romper el hielo en las incómodas primeras citas o encuentros fortuitos que no terminaron en nada porque se interpuso la molesta comunicación no verbal”.

    Ayer cuando le dije que disfrutaba la forma como entraba al baile con las manos por delante quitando máscaras, pensaba en una mujer que en estrépito interrumpe cualquier baile veneciano, o mejor, que entraba gritando al set de grabación de Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick gritando

    “¡¡¿¿Qué es esta maricada??!!”

    Entonces pensé en esa chispa que hemos perdido, entonces pensé en cómo la falta de arrojo se remplaza por los moldes que elegimos, pretendiendo salir positivos luego de ser vaciados. Y todo se vuelve una pose de adolescentes refinados. Entonces aparecen los niños y las niñas genio que necesitan aplauso y que corren frenéticos a él; entonces aparecen los vergonzantes que lastimeros hacen de la miseria de los pobres su bandera y su experiencia de orden superior. Entonces aparecen todos los perros de mercado de pueblo viejo queriendo un pedazo del gomelo del que nadie sabía que era menos que nadie.

    Pensaba en usted, y deseé volver a clase, porque sacar a pasear las palabras sin llevar tras de sí las cosas se ha vuelto un trámite fácil en la fragilidad de gente fragmentada que escribe en retazos. Entonces pensé en usted, con la máscara corrida y envuelta en un tufo de anís, riendo mientras todos se le quedan viendo sin saber qué hacer, sin saber que es precisamente ese no saber lo que los hizo del montón.

    Debo concederle por homonimia varias razones, pero la principal de ellas es mi fragilidad. No quiero hacer de mi resistencia una premisa dramática, debo solo insistir en que una duda es esa que hecha manifiesto, tal vez encuentra eco en geografías exteriores, como la suya. Tal vez me puedo volver un sociópata por cuenta y riesgo de la náusea que me produce esa gente que quiere a toda costa salvar a los demás a la fuerza, pero no más que de aquellos con superioridades morales chuecas que criticaron a la universidad de la Sabana por un solo médico, etiquetándola desde sus propias etiquetas.

    Esto de la red también se ha vuelto un inventario de soliloquios victimizados.

    Frente a el asunto de “esa gente es la peor”, y la consecuencia material de “…lo mejor es hacer de cuenta que no existen”,debo decir en mi favor que lo intenté con las estratagemas propias de Twitter, silenciándolos o bloqueándolos, pero algunos de ellos son como las moscas que espantas pero que vuelven revoloteando de distintas formas. Esto de los divos y las divas contraculturales me produce inquietudes existenciales frente a esa opinión disfrazada de libertad de expresión. No es un secreto que todos parecen dominar los temas en razón de las agendas noticiosas, y terminan condenando sin distinguir los valores éticos, de los morales, los jurídicos y los políticos. Todo se establece desde el marco de discusiones estériles y sin contexto.

    A alguien le gusta una película que a otro podrá no gustarle, al uno podrá interesarle el tema del fútbol como a otros no. A muchos les importará debatir si Santos entrega al país como a otros solo les interesa esa paz a como dé lugar en oposición a esos que les interesa la guerra del mismo modo. No habría inconveniente en el intercambio de las opiniones desbordadas, si las mismas no estuvieran soportadas en ideas desajustadas.

    Frente a aquello de “la soledad no se cura con nada”, no me queda otro recurso que decirle que esta plataforma que viene y va en el ejercicio de escribir, me revela en todo como alguien que ya estaba solo aun en medio de la ruidosa interacción virtual.

    Encuentro que demasiadas coincidencias entre nuestros puntos parecería suspicaz, pero no debo hacer otra cosa que reírme y ratificar aquello de la formación de las personas en el uso de Objetos Virtuales de Aprendizaje. Una suerte de aparatosas maniobras para reflexionar sobre asuntos resueltos y obvios. Hablan de prosumidores mientras se contradicen en gimnasias de gurus cibermediales para enseñarle a la gente a usar una tecnología que ya de por sí usan. Alguna universidades hasta contratan talleristas para enseñarle a algunos docentes las maneras de usar una red social como Twitter. Perdón, pero todavía soy de los que cuando oye el concepto Nativo Digital piensa en una persona perteneciente a una minoría étnica indígena usando Tablet o Smartphone.

    Ese forzado traslado de los paradigmas propios de las ciencias básicas al terreno de las humanidades, me ha hecho reír tanto o más que el maniqueado concepto de tejido social.

    Por ahora me reporta un poco más de beneficio no dármelas de multitask, por el momento me siento en otro centro de gravedad al destetarme de las interacciones parciales y forzar mis neuroconectores a asuntos de mayor complejidad, como ampliar estas ideas.

    Vuelvo al comienzo, a manera de peroratio pues como verá me es imposible desligarme de mi oficio en la retórica: gracias por el digno de él, lo recibo de manera humilde, legítima y auténtica, por este nuevo placer de escribir sin firmarme.

    Un abrazo.

    Anónimo

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