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  • Yo, un cáncer social. Dedicado a @CamiloRpo (un tuitero influyente)

    La semana pasada sin saber cómo y sin saber por qué terminé revisando los tuits de @CamiloRpo y no salía de mi asombro cuando descubrí que era muy popular (muy faveado), uno de esos tuiteros famosos felices hablando de sí mismos y de sus maravilloso tuits en los medios, Camilo compartía con orgullo ese día una entrevista que le habían hecho en El Colombiano. Leí la bendita entrevista y me encontré con un “artista” de los tuits convencido de su propia valía, seguro de que tanta popularidad se debe a su inteligencia deslumbrante, a su creatividad, a su innegable sentido del humor.

    A continuación una pequeña muestra de las obras en 140 caracteres de nuestro maestro del tuit:

    - ¿Esa gente que se la pasa cambiando de estado en Facebook qué se cree? ¿Un pokemon?

    - ¿Cómo es posible que crean que la libertad existe sabiendo que mañana toca madrugar?

    - Esta hora parece un punto y aparte.

    - Esa amargura no se cura con dulce, gordita.

    - Muy difícil y aburrido intentar agradar a todos. Muy difícil y aburrido dejar de ser uno mismo.

    - El silencio de sábado por la mañana es un placer que combina perfecto con una buena lectura.

    - Nada peor que querer algo que uno no debe querer.

    Como el lector lo podrá notar, son frases hechas a la medida del idiota promedio, frases para aplaudir en el país de la ignorancia, en el reino de la estupidez llamado Colombia.

    Ese día escribí seis o siete tuits sobre Camilo (parece que ese es su nombre) y anoche, como quien ataca al peor de los males, nuestro poeta lanzó esta bala de largo alcance y 17 admiradores suyos apoyaron la Causa:

    “Ya va siendo hora de reportar por acoso a @ensayista. ¡Qué cáncer social esa mujer!”.

    ***

    Oh, no. ¡Dios!

    De nuevo apareció un líder de opinión invitando a la jauría a deshacerse de mí, el peor de los males.

    Lo asombroso de la invitación a la censura es que se haya referido a mí como cáncer social y que haya usado la palabra acoso:

    Una señora que escribe tuits y posts denunciando a gente estúpida como yo es un peligro para la sociedad porque acosa a las mentes brillantes de este bello país.

    ¿Ese es el mensaje que Camilo le envió a sus admiradores?

    ___

    Comencemos por el principio:

    ¿Qué es cáncer social?

    No es una pregunta fácil de responder, pero, si nos fijamos bien, pensar en una persona como cáncer social es concederle el poder de institución al estilo de la iglesia, la familia, el estado, la escuela, la televisión, la publicidad, la corrupción, la envidia, la mentira…

    Cuando Camilo se refiere a mí -una pobre señora que apenas sabe leer y escribir- como cáncer social y hace un llamado urgente para censurarlo porque siente que se constituye en un peligro porque acosa, entonces sólo puedo pensar que a los ojos de este tuitero ostento un poder del que no soy consciente.

    ¿Soy yo un cáncer social?

    Queda abierto el debate.

    ensayista

  • ¿Por qué las feministas también son animales? Dedicado a Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín

    Cuando una mujer ve a una perra, a una gata o a una burra extasiada frente a sus bebés recién nacidos queda maravillada ante la pasión de esas madres para hacerse cargo de sus crías, para amarlas con amor incondicional, desinteresado, gratuito… como sólo una madre puede amar a sus hijos.

    Lo que la señora no sabe es que ella es hermana de la burra, la rata y la cerda porque son mamíferos, animales que se reproducen gracias al intercambio genético de una hembra y un macho a través del apareamiento, que las señoras llaman de forma “romántica” – para olvidar que son animales- Hacer el amor.

    Hacer el amor como Dios manda para que dentro de nueve meses nazca un bebé gordo y llorón al que llamaremos El milagro de la vida.

    ¿Milagro de la vida?

    Pero si somos siete mil millones de seres humanos. Una especie de virus que se inventó el amor para justificar la reproducción irracional y despiadada que vulnera los derechos fundamentales de las demás especies. Hombres y mujeres son responsables de semejante acto irracional. Hombres y mujeres participan del crimen de seres vivos mucho más hermosos y discretos que los hombres y las mujeres.

    Si el milagro de la vida es varón será recibido como un rey, si es una niña será recibida con desprecio, lástima y consideración porque esa pobre criatura no sabe que llegó a una sociedad patriarcal y falocéntrica, piensa la madre feminista de la hipotética recién nacida que sólo ha leído libros de Ciencias Humanas y no sabe que también existe la biología, la genética y la neuorociencia y que cuando se aborda la vida desde estas perspectivas la hembra no sale muy bien librada porque la naturaleza no es precisamente feminista, a la naturaleza no le interesa la felicidad humana ni la liberación de la mujer, sólo le interesa crear estrategias para conservar especies.

    Las feministas no saben que entre las hembras en general la mujer es una de las que mejor ha desarrollado armas para seleccionar al macho y para ejercer control sobre él. El cuerpo de la mujer es una trampa exquisita para seducir al pobre hombre presa del deseo y la pasión loca. ¡Por eso somos siete mil millones de milagros de la vida!

    La feminista militante educará a su hija para que sea una mujer emancipada como ella, pero cuando la niña descubra que tiene tetas, culo, cintura, cadera, piel, voz y naturaleza de mujer descubrirá, sin saberlo, que es una máquina de seducción y correrá a buscar a su macho para reproducirse como todas las demás, como el animal más irresponsable de la tierra.

    Deseará ser modelo SoHo como Catalina Ruiz-Navarro o verá maltrato a las pobres criaturas llamadas mujeres en los detalles más insignificantes, como Carolina Sanín.

    Es difícil encontrar feministas en un rango de edad entre los 12 y los 20 años, esa es la edad de la reproducción y el animal joven no racionaliza la naturaleza de su deseo, sólo busca, como cualquier gata o perra en celo, a lo que ella llamará El amor de su vida para hacer el amor, pero todos sabemos que esos bellos sentimientos, esas búsquedas metafísicas son máscaras que la criatura inventa para no sentirse hermana en el deseo de la rata o de la gata.

    Cuando el hombre ve a la mujer como un objeto, cuando la mira con deseo y babea como un perro porque quiere compartir sus genes con ella también se convierte en objeto, en objeto del deseo, no es más objeto la mujer que el hombre porque ella sea la deseada y él el deseoso, es la naturaleza manifestándose en ellos.

    Feministas fanáticas: los hombres también sufren, los hombres también son tratados como objetos. ¿Quién defenderá a James y a Falcao? ¿No se dan cuenta de que esos dos pobres hombres son tratados como putas y son mucho más rentables que una puta?

    Esta historia continuará….

  • Autoentrevista al estilo Tómbola de la revista Cromos

    ¿Cuánto dura un rato feliz?

    La palabra rato es una palabra fea, es más hermoso pensar en instantes.

    Una canción que le levante el ánimo.

    Ninguna.

    Una motivación para dejar la cama un lunes.

    No tengo nada en contra de los lunes.

    ¿A qué edad regresaría?

    Nunca me he ido.

    Su mayor acierto en un escenario.

    Callar a la gente con la mirada.

    Lo mejor de ser irreverente.

    No aspirar a serlo.

    Un libro de autoayuda para recomendar.

    La primera parte de Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.

    Un espacio para esconderse y olvidarse de todo.

    No necesito esconderme ni olvidarme de nada.

    ¿A quién sueña conocer?

    A nadie.

    Un tuit para sus enemigos.

    No tengo enemigos.

    ¿Qué está sobrevalorado en la sociedad?

    Los seguidores en una cuenta de Twitter.

    Un plan para distraer la cabeza.

    Mirar por la ventana.

    Un remedio para combatir la tristeza.

    Caminar.

    ¿Qué momento de su vida borraría?

    Ninguno.

    Su mayor embarrada.

    Ninguna.

    ¿Cuándo fue la última vez que lloró de felicidad?

    No suelo llorar de felicidad.

    ¿A quién ha hecho feliz?

    A toda la gente que me conoce.

    ¿Qué la entristece?

    Las preguntas estúpidas.

    ¿Cómo le gustaría que la recuerden?

    Como una persona que pasó la mayor parte de su vida descansando.

    Una pelea.

    La del Bolo y el Gringo. Es muy buena esa pelea.

    ¿Qué es la felicidad?

    No hacer nada pero hacerlo a conciencia.

    ¿Qué la mantiene alerta?

    Mi cerebro.

    ¿Cuál ha sido la peor crítica que le han hecho?

    Que sigo a muy poca gente en Twitter.

    ¿Qué le saca la piedra?

    La expresión que usted acaba de pronunciar. Y es dizque periodista.

    ¿Qué la aburre?

    Una conversación de más de tres personas.

    ¿Qué la entretiene?

    No soy una persona a la que haya que entretener.

    ¿En qué es aprendiz?

    En nada.

    ¿Qué cambiaría de usted?

    Nada.

    Una deuda.

    No tengo deudas.

    Un sueño recurrente.

    No suelo soñar.

    Lo positivo de morirse un día de estos.

    Esa no es una pregunta inteligente.

    Una palabra que la defina.

    Dulzura.

    Lo peor de ser irreverente.

    Que tanta gente en Colombia crea que lo es cuando en realidad son imbéciles.

    De todas sus opiniones, ¿con cuál se queda?

    Con todas.

    Un compañero inseparable.

    La ropa.

    ¿Adónde van a parar los secretos?

    No tengo secretos.

    ¿El secreto para reinventarse?

    Esa pregunta se la debes hacer a Madonna.

    ¿Qué la desvela?

    Nada.

    ¿Un episodio que no repetiría?

    Volver a estudiar.

  • Tres días con smartphone

    oy resistente al cambio porque los cambios de mi tiempo son cada día más desalentadores: cambio climático, cambio de sexo, cambio de nacionalidad, cambio de estado civil… todo cambia cada día y el tiempo no nos da un respiro para saborear nada como lo saboreábamos en el lejano 1975.

    Como soy de otro siglo y tengo más años que casi todos ustedes fui educada para vivir despacio, para apreciar los objetos y para asociarlos con experiencias y con personas, para vivir de los recuerdos de las bellas sensaciones como momentos para coleccionar. ¡Así de boba soy!

    Como mi reino es el de la lectura y la escritura me eduqué con libros, bibliotecas, cuadernos, esferos y máquinas de escribir manuales y después eléctricas. Tuve computador de escritorio durante mucho tiempo (veintidós años con la misma belleza que cambié por el computador portátil desde el que escribo esta sentida composición).

    Por mí escribiría desde esa máquina maravillosa, pero fue imposible ajustarla con acceso a internet. Nada que hacer. Era una obra museo y con ese aparato escribí los ensayos que me hicieron pensar que podría ser una buena ensayista. Ese es el origen de mi nickname en el mundo digital, en el futuro que vendría mientras era joven y me entusiasmaba descubriendo el maravilloso mundo llamado Word.

    Todo lo relacionado con las nuevas tecnologías ha llegado a mí por la necesidad apremiante de comunicarme con una persona particular que me interesaba en ese momento y no en otro. Nunca por moda, por posar de inteligente, sofisticada, moderna… o por mostrarme superior a mi prójimo.

    Creé un correo electrónico para conversar vía Yahoo con el escritor colombiano Ricardo Cano Gaviria. Yo desde Bogotá, él desde Barcelona y Tarragona. Nuestro intercambio epistolar fue tan emocionante que terminé publicando las cartas, porque eran cartas, no eran frases estúpidas. Mi trabajo de maestría fue sobre su obra. ¡Valió la pena creer esa bendita cuenta en Yahoo!

    Conocí las salas de chat por casualidad, con mi hermano menor. Me preguntó si sabía qué era, le dije que no. Probé las salas de chat y ahí, en ese mundo tan oscuro conocí a Andres. Era mi primera cita con un ser virtual y era su primera cita con un ser virtual. Desde esa primera cita quedamos unidos para siempre. ¿No es maravilloso? ¡Valió la pena saber en qué consisten las salas de chat!

    Compré teléfono móvil para hablar con Andrés, fue un gran motivo, claro.

    Y, ahora, después de tanta resistencia, después de tanta insistencia, después de conocer todos las enfermedades físicas y psicológicas, toda la miseria existencial asociada a los “teléfonos inteligentes”, decidí comprar mi primer smartphone.

    Lo compré por miedo a no comprender la tecnología del futuro, porque el smartphone es la nueva flecha, porque si no lo compraba esta semana lo hubiera terminando comprando el próxima año. Lo compré con el mismo entusiasmo con el que compramos los televisores para ver partidos de fútbol y usamos internet en el hogar; era imposible seguir resistiendo pero fui valiente, digna de admiración: soporté durante años la presión social. Se supone que el teléfono habla del tipo de persona, de su condición social e intelectual, cuando todos sabemos que es mentira, es puro consumo y nada más.

  • Contra la masturbación

    La liberación femenina viene con el combo llamado liberación sexual y masturbación: para liberarte de las garras de la sociedad patriarcal y falocéntrica debes gozar plenamente de tu sexualidad y para lograrlo debes pasar antes por un largo proceso de autoconocimiento de tu propio cuerpo, de tu propia sexualidad, de lo que te gusta, dónde te gusta, a qué velocidad te gusta y durante cuánto tiempo.

    Mujer: debes ser consciente de tu propio placer, pasar primero por tus propias manos, abonar el terreno para que luego los demás, tus amantes, sepan cuáles son tus puntos más sensibles y gocen juntos, o cada uno por cuenta propia, hasta llegar al éxtasis.

    La sexualidad femenina es un tema complejo y sensible, te lo han hecho saber. La radio y la prensa te han adiestrado para ser diestra con tus manos y con los juguetes sexuales que compraste con la misma seriedad con la que compraste el teléfono y la ropa que llevas puesta.

    ***

    Cuando te imagino dispuesta a darte placer, caminando como una gata rumbo al cajón donde guardas tus tesoros, los objetos que te hacen sentir como una heroína salvaje y convencida de que darte placer con tus propias manos es un asunto muy serio, cuando te imagino escogiendo el objeto a la medida de tu deseo, cuando comparas medidas, colores y sabores y te sientes inteligente y liberada porque te liberaste a través de los juegos eróticos que tú misma inventaste te imagino un poco tonta. Sólo una tonta puede ser tan seria con un asunto tan ridículo como el autoplacer. Te sientes diestra y experimentada, entrenada como una máquina con tu juguetería nacional o importada.

    ****

    El amor romántico está sobrevalorado y el placer sexual también, son impulsos vitales relacionados con la reproducción animal y la multiplicación de los seres, trampas de la naturaleza.

    Si fueras menos elemental, si dejaras de pensar en sexo y sólo en sexo, si encontraras un novio y dejaras tus juguetes en su caja y pasaras por librerías y bibliotecas babearías de excitación al descubrir que todo está en el cerebro y que es más emocionante leer libros sobre el cerebro que manuales para darte placer con tus propias manos como si no fueras una mujer, un ser humano con un cerebro prodigioso, sino una cerda o una perra que se quiere revolcar y quiere resoplar sola o acompañada.

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  • Vieja y fea a los 31. Dedicada a Catalina Ruiz-Navarro

    Catalina Ruiz-Navarro es feminista, nadie lo duda, y en sus columnas de opinión suele tomar los escándalos relacionados con mujeres de la farándula norteamericana para reflexionar sobre estructuras de poder, patriarcado, falocentrismo, estereotipos impuestos por la sociedad patriarcal y reivindicación de los derechos de las mujeres reclamados desde hace ya bastante tiempo sin que ni hombres ni mujeres recapaciten ante la abominación de la que son cómplices al callar e ignorar.

    ¡No más! dice Catalina cada cierto tiempo y sale a marchar -en minifalda- (porque es dueña de su cuerpo) y a exhibir carteleras ante el Procurador.

    Todos las semanas hay un escándalo relacionado con una “diva” y cada semana Catalina sufre y llora porque la diva atormentada es mujer y como mujer tiene derecho a no ser vulnerada en sus derechos. Toma como pretexto el sufrimiento de una mujer de la farándula para luego hablar de las mujeres en general y, luego, de ella en particular. Siempre termina hablando de ella y de la red de mujeres que la acompañaron en su infancia y adolescencia. Ella es una mujer rodeada de mujeres, educada por esas mujeres para luchar por los derechos de las mujeres. No hay quien lo dude.

    La última columna feminista de Catalina Ruiz-Navarro se titula Espejito, espejito y en resumidas cuentas nos cuenta que está sumida en una tremenda depresión porque ya no aguanta el trago y la rumba dura como antes -cuando era modelo de la revista SoHo, cataba condones, despreciaba a los hombres con caspa, nos enseñaba cómo usar una minifalda y participaba en Estudios -de la revista SoHo- sobre cómo escoger hombres para rumbear, para goterear o para convertirlos en amantes de una noche.

    Catalina está sumida en una tremenda depresión porque tiene 31 años, le salió una cana y se encontró una arruga cuando se contemplaba ante su espejo. Catalina se ve como una chica SoHo o como una chica Águila, es un hecho, y asume que la mayoría de las mujeres desean ser “la chica” porque ven mucho cine y mucha televisión norteamericana: “Mientras los personajes para mujeres en Hollywood sigan limitados a “la chica” las actrices de Hollywood no van a poder envejecer”.

    Las divas del cine no pueden envejecer y Catalina tampoco, porque ella también es “la chica”, así se ha representado ante los hombres y ante las mujeres y, por esa misma razón, cumplir 31 años se ha constituido para ella en una absoluta tragedia, en un motivo para narrar su indignación y su desazón.

    Dice Catalina más adelante: “Las mujeres, a diferencia de los hombres, salimos de escena cuando envejecemos”. Eso no es cierto y ha llegado el momento de hablar de mí: he conocido a lo largo de mi vida mujeres de más de sesenta años respetadas y admiradas por hombres y mujeres, mujeres que no soñaban con ser “la chica”, sino seres humanos que se pensaron más allá de la edad, las líneas de expresión y su color de pelo. Pueden o no dejarse ver la canas, pero ese detalle tonto no es relevante; esas mujeres son mucho más que un cuerpo para el placer visual de los hombres o para su propio espejo, son seres humanos, mujeres que trabajan con hombres y con mujeres y que piensan más en su cerebro, en su experiencias, en sus gustos, que en los cuerpos que se ocultan debajo de la ropa.

    Catalina está obsesionada con la vejez, tiene miedo de no ser una mujer atractiva, deseable ante la mirada masculina, y hace de ese temor un universal femenino que la mayoría de las mujeres no comparte: “A las mujeres, además, nos exigen una cosa rarísima: envejecer “con dignidad”. Esto quiere decir o bien aceptar la vejez (y con ella una sentencia a la obsolescencia) calladas, sin chistar, o hacernos algunos retoques aquí y allá en cuyo caso la dignidad reside en que nadie sepa a ciencia cierta por qué nos vemos más jóvenes”. Es obvio que el grupo social del que forma Catalina no es precisamente de intelectuales o de artistas sino de hombres y mujeres preocupados por la apariencia, por lo bien que se ven ante los ojos de los demás; al parecer ella asume que su grupo de amigos y la gente que ella admira y desea imitar encarna los valores de la sociedad entera. Si Catalina viera a la gente común, que es la mayoría, descubriría asombrada que los temores de ella producirían la risa de millones de mujeres que no los comparten, que cuando eran jóvenes no aspiraban a ser “la chica”.

    Catalina tiene miedo: “Yo crecí en una casa con mujeres de cuatro generaciones. Las vi a todas desnudas, a mi mamá, a mi abuela, a mi bisabuela, y sé lo que me espera”. Yo no he visto a las mujeres de mi familia desnudas pero tengo claro que ellas se ríen de la vejez, son mujeres que viven la vida de tal forma que siempre temo si podré estar a la altura cuando llegue a su edad. Mi mamá es mucho más vital que yo y mi abuela soporta con resignación el final de la vida sin sentirse superior a nadie por hacerlo. No somos feministas, no tenemos nada que reclamarle a los hombres porque nos han tratado muy bien. El hecho de que Catalina Ruiz-Navarro no haya visto hombres en su familia, el hecho de que no sepa lo que es un padre amoroso y un abuelo cariñoso y sabio no debe convertirlo en pretexto para adjudicarle a Los hombres, a La sociedad patriarcal, los dolores de todas las mujeres, porque, entonces, lo que escribe no es una columna de opinión sino un ajuste de cuentas personal (casi tan personal como el de Uribe con las FARC), que no tendría por qué involucrar a todos los hombres del universo por una sencilla razón: la mayoría de los hombres no son como ella los imagina. Los hombres y las mujeres son seres humanos que sufren y sienten miedo e incertidumbre de forma similar.

    Y así continúan los lamentos de “la chica”. Como diría el poeta: Esto no hay por dónde agarrarlo.

    ¿Cuándo aparecerán las feministas que amen a los hombres, que sueñen con llegar al fondo de esos seres maravillosos que a veces sienten tanto miedo, respeto y reverencia, esos hombres que parecen niños aspirando al poder para deslumbrar a las mujeres, esos admiradores insaciables de las versatilidad y del cuerpo femenino?

    Las feministas como Catalina Ruiz-Navarro no saben de lo que se pierden al ver a los hombres como enemigos o como verdugos, ella no sabe que los hombres pueden ser compañeros respetuosos y amables. Soy mujer y para los hombres que he conocido a lo largo de mi vida sólo tengo palabras de afecto y de gratitud, mi vida no sería tan plena sin mi papá, mis hermanos, sobrinos, novios, amigos, sin mi cuñado y sin todos los jóvenes a las que he tenido el placer de oír hablar en un salón de clase. En vez de escribir Catalina debería acudir a un psicólogo para que le ayude a solucionar sus conflictos con los hombres, un experto que le ayude a comprender y a perdonar la ausencia y el abandono de los hombres de su entorno.

    Así termina, más o menos, el lamento de “la chica” que no sabe cómo asumir la edad adulta, es muy triste saber que hay mujeres que se pueden complicar la vida con semejantes tonterías:

    “Hoy, a mis 31 años, me encuentro preguntándome preocupada si eso será una arruga frente al espejo. Encima este año me salió mi primera cana, algo que solo es preocupante porque soy mujer, en los hombres los cabellos blancos equivalen a sex appeal, madurez, experiencia. Mi envejecimiento empieza a hacerse visible, es más evidente que no poder lidiar con la resaca. Me encuentro entonces teniendo un miedo irracional a esa vejez, no a los achaques o dolores que puedo aguantar en silencio (y con una mano en la frente para mayor drama), es más un miedo a ver, y a que todos vean, cómo se avejentan mis selfies. Es el mismo miedo irracional que sentimos los fans de Empire Records al ver que Zellweger había envejecido, que eso se puede, que “we are next”.

  • Yo también me aburro

    La vida no tiene sentido y casi nadie lo sabe. Yo lo sé desde hace mucho tiempo -desde hace más de cuarenta años- y cuando supe que la vida no tiene sentido decidí que lo mejor era dedicarse a descansar y a esperar y a eso he consagrado mi vida entera: a descansar y a esperar.

    No hay nada de qué arrepentirse porque no he hecho nada, porque no creo en la acción, porque durante el tiempo transcurrido he vivido como si observara la vida desde la muerte.

    No hacer nada es otra forma de burlarse de la vida, no seguirle el juego, no ser cómplice de la mentira y el autoengaño.

    La mayoría de la gente no entiende por qué se aburre y espantan el aburrimiento estudiando, trabajando, viajando, bebiendo, jugando, haciendo sufrir a otros seres humanos que no saben por qué están aquí ni cuál es su Misión. No hay misión, pasamos como pasan los perros, los gatos, las nubes y las hojas de los árboles y de nada sirve ser un personaje ilustre porque todos los personajes ilustres terminan desfigurados por el tiempo y llegará un momento en el que nadie los recuerde.

    He pasado la mayor parte de mi vida sonriendo con prepotencia ante el afán, los sueños, los triunfos y la arrogancia de los demás. Pero tantos años de descanso y de convencimiento de que la vida no tiene sentido me han arrastrado a algo peor que el convencimiento de que la vida no tiene sentido: he terminado doblegada ante el aburrimiento.

    ¿Cómo se aburre una persona inteligente y culta?

    Se aburre de forma inteligente y piensa en todas las frases ingeniosas que han pasado por su mente en otros momentos de aburrimiento. Pero es más emocionante reír a carcajadas siendo joven que estando cerca de la temporada más ridícula de la vida: la vejez.

    Todavía no tengo canas, camino más rápido que el ejemplar más veloz de toda mi familia, no tomo ningún medicamento, no me duele el cuerpo ni el alma, como bien, duermo bien… pero me asusta la idea de vivir treinta o cuarenta años más riéndome de las mismas estupideces, de los errores reiterativos de mis compañeros de especie.

    Conclusión: no es gracioso aburrirse después de los cuarenta.

  • Twitter y Facebook

    Twitter es para genios y Facebook es para chismosos imprudentes.

    Twitter se lee y Facebook se mira.

    La mayoría de la gente con una cuenta en Twitter la usa para leer;

    La mayoría de la gente con una cuenta en Facebook la usa para mirar.

    El que lee sufre y el que mira también sufre.

    El que lee sufre porque algunos tuits hieren

    El que mira sufre porque la imagen hiere más que la palabra.

    Twitter y Facebook sirven para presumir.

    En Twitter se presume con humor, ironía, conocimiento, inconformidad, denuncia, falsa denuncia….

    En Facebook se presume con fotografías. La vida privada, la felicidad compartida sin decoro para ser envidiada por quienes ven esas fotografías.

    En Twitter se exhiben fotografías y en Facebook se anotan estados y frases para pensar, para poner a pensar a la gente envidiosa mientras mira fotografías, reflejo de felicidad, de plenitud total.

    Mirar fotografías en Facebook es una forma de envilecerse al contemplar la vida de los imprudentes que publican fotografías de su vida privada.

    Leer tuits no sé qué pueda llegar a significar.

  • Twitter y la risa

    Anoche estuve revisando mis FAVs

    Y casi todos me volvían a producir risa,

    ¡Loca de la risa!

    ***

    La risa es un asunto que me interesa mucho,

    Pero también me interesan otras muchas cosas.

    Por ejemplo leer libros y ver películas

    Y aunque algunas veces los libros y las películas me producen risa

    Nada me produce tanta risa como ver lo que faveo en Twitter.

    ***

    Pero debo confesarles algo: casi siempre es una risa estúpida.

    De los FAVs que revisé no recordaba casi nada

    Porque casi todo lo que produce risa en Twitter es provocado por algo que ha ocurrido en el instante:

    La caída en el lodo de una figura pública

    O una señora de sesenta años bailando desnuda.

    ***

    Mientras revisaba mis FAVs no me reía,

    Más bien estuve a punto de echarme a llorar:

    ¿Tantos años consagrados a brindarme la mejor educación

    Para terminar riéndome de lo que se ríe el usuario común de la red llamada Twitter,

    Que no es precisamente gente digna de ser admirada por alguien como yo?

    ***

    Por eso me voy.

    A partir de este momento voy a empezar a usar Twitter para lo mismo que uso Facebook:

    Para enlazar lo que voy escribiendo en este blog.

    Porque escribir en este blog es lo único que sigue valiendo la pena.

    ***

    Y por eso me despido:

    ¡Adiós queridos amigos!

    Me extrañarán dos o tres semanas y después se acostumbrarán a vivir sin mí

    Porque en la vida todo pasa.

    ***

    ¡Adiós!

  • Del blog al libro

    Sé de varios autores de libros que han incursionado en el mundo del blog y escriben en tiempo real como escriben sus libros: con el mismo tono, con el mismo estilo, con el mismo amor propio. Después de dos o tres años en el mundo digital dan el gran paso y convierten sus mejores posts en un gran libro, en otro libro para la colección, para anotar en la Hoja de Vida del gran erudito.

    Esos libros, los libros que surgieron de un blog, son libros sin sentido porque el universo del libro no es igual al universo del blog y a continuación les voy a explicar por qué:

    El libro está hecho de átomos, el blog está hecho de bits. Walter Ong y Paul Virilio son de gran ayuda para entender mejor el asunto.

    El libro es para leer de forma lineal, el blog es para leer de forma aleatoria.

    El libro exige un tipo de lector, un lector formado a partir de la lectura de libros; el lector de blogs, en cambio, es un lector nuevo, un lector “educado” en entornos digitatales o un lector que pudo haber sido antes un lector de libros. Son lectores diferentes, su configuración mental cambia cuando cambia el soporte.

    Pasar del libro al blog es muy ligero y pasar de blog al libro es muy pesado.

    El autor de libros es una especie de Dios y su lector es un lector conforme, no tiene derecho a refutarlo; el autor de posts que serán publicados en un blog es un pobre ser dispuesto a ser ridiculizado, banalizado, escarnecido, atormentado… porque los posts se pueden compartir, porque Google puede direccionar a un blog, porque los lectores pueden comentar, y si el creador del blog es generoso y publica todos los comentarios, puede llegar un momento en el que los lectores se pongan por encima del genio digital y lo destrocen por el simple placer de hacerlo sonrojar o porque lo que escribe los afecta tanto que se sienten obligados a comentar y comentan. Y no precisamente en los mejores términos.

    El libro es un ladrillo, el blog es como la seda.

    El autor de un libro queda condenado de por vida después de publicar sus bellas composiciones, no se puede arrepentir de lo dicho; el autor del blog puede, en cambio, disponer del material a su antojo: puede modificarlo las veces que desee, puede desarrollar una idea en varios posts y enlazarlos a través de etiquetas. Puede -si pasa por una terrible crisis existencial- borrar el blog entero y empezar de cero con otro nuevo blog o, simplemente, darse un tiro y acabar con todo, porque la persona que escribe en un blog es un ser libre, autónomo, juguetón y mucho menos serio y pesado que el arrogante escritor de libros.

    En el libro el autor lo es todo, en el blog el autor no es nada, no importa quién escribió lo que estamos leyendo sino cuánto nos divierte y con quién lo queremos compartir. El blog está matando al autor pero no al libro.

    El autor de libros no sabe quién lee sus libros ni cómo reaccionan los lectores, la venta de ejemplares no garantiza la lectura; el escritor de blogs, en cambio, tiene un registro diario de las visitar a su blog y sabe cuáles son los textos más comentados, los más leídos y, además, puede interactuar con sus lectores. Aunque no tenga nombre ni cuerpo puede llegar a ser más humano que el autor de libros.

    Como se podrán dar cuenta, soy una defensora absoluta de la escritura en medios digitales y desprecio a los escritores de libros que no han descubierto las grandes diferencias entre un soporte y otro.

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