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  • Bienvenidos al nuevo blog

    Hoy recibí un correo en el que me dicen que todos estos archivos desaparecerán en diciembre de 2015 http://ensayista.blog.com.es/disp/arcdir/

    Supongo que es otro sitio que desaparece de internet porque dejó de ser rentable.

    Pero no todas son malas noticias: acabo de crear un nuevo blog en el que publicaré los archivos más destacados, no todos porque son bastantes y no me alcanzaría la vida para publicarlos todos.

    http://elsyrosascrespo.blogspot.com/

    ¿Por qué tengo dos blogs?

    Porque desde que soy leída por gente de Colombia he sido víctima de censura varias veces. Hay muchas personas interesadas en que no vuelva a escribir.

    ¿Por qué?

    Habría que preguntarle a ellos.

    Tener dos blogs es una medida preventiva: si hackean uno tengo el otro para salvar la información.

    Hasta ahora he publicado lo de junio y julio de 2007. Espero terminar de publicar el blog entero en menos de un mes.

  • Personas convertidas en objetos de consumo

    Hoy no caminé mirando flores, perros y gatos sino personas, gente apurada corriendo a su trabajo. La mayoría con cara satisfecha y bien vestidos, hasta donde su presupuesto lo permite. No se ven satisfechos y resueltos porque lo estén sino porque en su lugar de trabajo y fuera de él han visto videos y han recibido charlas de gente con apariencia de satisfacción y plenitud sobre la importancia de la buena actitud y la presentación personal como parte del proceso llamado triunfar en la vida (es decir, tener mucho dinero para comprar todo lo que quieran y ser queridos, admirados y envidiados por sus familiares, vecinos y amigos) y lo han aprendido bien: han aprendido a fingir que todo está muy bien aunque los fines de semana sepan que todo está muy mal y por eso salen desesperados a los centros comerciales a comer helado y a consumir vitrinas con la mirada.

    Salen los pobres y salen los ricos, salen en carro y salen a pie, puede ser el helado más simple o el helado más sofisticado. Se reúnen ahí o en un parque o simplemente caminan o ven televisión o pornografía o pasan el día entero con sus amigos virtuales de cualquier red social conscientes de que su vida es miserable pero sin dejar de sonreír en todas las fotografías que publican. Viven con la idea fija de que todo podría mejorar si trabajaran menos, ganaran más, consumieran más y gracias a eso podrían venderse también como exitosos objetos para ser consumidos en el mercado de la carne.

    Este es el gran sueño: convertirse ellos mismos en objetos de consumo. De ahí el auge de las cirugías estéticas y la idea de convertirse en marca personal, en encarnar lo que la publicidad llama crear tu propio estilo. Y entonces estamos acostumbrados ya a ver a las mujeres maniquí caminando con aire de suficiencia; ellas no quieren ser mujeres, quieren verse como el maniquí exhibido en la vitrina del almacén de ropa que les gusta. Esa es su mujer ideal y luchan por ser como ella, como la muñeca gigante con rasgos humanos. Las mujeres maniquí buscan hombres maniquí, porque también los hay, y entonces recordamos el mundo de la muñeca Barbie y descubrimos que ese mundo ahora es nuestro mundo, el que vemos desfilar ante nuestros ojos.

    Son sólo sueños porque la mayoría de la gente trabaja más de lo justo a cambio de una remuneración económica que apenas le alcanza para sobrevivir y para comprar sus disfraces que los harán ver como satisfechos y resueltos cuando se dirigen al trabajo y cuando se encuentran con sus amigos o sus amantes de turno. Quienes han alcanzado su sueño están todavía más destrozados que los frustrados, porque han descubierto que todo era una triste ilusión, los objetos que compraron en el mercado del centro comercial o en el mercado de la carne no lograron satisfacerlos, se sienten peor con el triunfo y lo ahogan en droga, desmesura, depresión, ansiedad, suicidio, indiferencia o falta total de sentido.

    Comprar produce placer en cualquier terrícola que viva en en año 2015, los filósofos, los científicos y los artistas también lo disfrutan, ellos no se salvan de la miseria y no conformes con disfrutar comprando objetos se ha convertido el humano en un objeto de consumo más: hombres, mujeres, niños y mascotas. No basta con ver vitrinas y soñar con la compra, las personas también se han convertido en los objetos del deseo, son la vitrina ambulante.

  • ¿Me estoy volviendo lesbiana?

    Todos los días salgo a caminar y en el camino me cruzo con muchas señoras, todas mayores que yo: pensionadas, viudas y casadas, supongo. Casi todas tienen aire de mujeres satisfechas y eso las hace ver muy atractivas. No miran hombres, no van en plan de conquista, están concentradas en lo suyo, no se visten como putas de gimnasio, son señoras serias y amables entre ellas pero sin coquetería, como mujeres que han vivido ya bastante, conscientes de su edad y sin ningún deseo de payasear, de jugar a que son niñas o mujeres jóvenes deseosas de aparearse con un buen ejemplar del género masculino. Eso es lo que más me gusta de esas señoras mayores: no parecen animales en celo como las clientas de los gimnasios.

    Una pregunta que nos hacemos mi hermana y yo, porque ella también sale a caminar, es: ¿dónde están los hombres mayores? ¿no les gusta caminar? ¿no les gustan los parques? ¿son viejos amargados? ¿están todos muertos?

    Lo que me tiene preocupada es que ahora fijo mi mirada en señoras mayores no sólo cuando estoy en el parque sino en todo momento, cuando camino de forma casual, cuando voy en un bus, cuando estoy almorzando. Mi mirada se fija en las señoras mayores de cincuenta, en las más serias y en las más seguras, en las que no están en plan de conquista. Debe ser porque en el cine esas son las mujeres que me resultan más atractivas y porque en lo más profundo de mi ser deseo ser como ellas.

    No estoy buscando novia, estoy proyectando el futuro, supongo que es eso porque cuando las señoras se dan cuenta de que las miro me da vergüenza y miro para otro lado.

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  • Carta abierta a un lector enamorado

    Desde hace una semana un lector frecuente de este blog dejó varios comentarios, decía que envidiaba a Andrés, que le encantaría conocer a alguien como yo porque sería un privilegio. Para demostrarle que soy una señora de carne y hueso que desayuna, almuerza, come, duerme y trabaja como cualquier otro ser humano le pedí que me siguiera en Twitter y habláramos. Hablamos y se deshizo en halagos. Quería conocer mi voz y que yo conociera la suya, entonces pasamos a Whatassp y oí su voz.

    Hablamos durante cuatro o cinco horas y mi deseo era que entendiera que soy una persona común y el hecho de que escriba tan bien no me convierte en un ser sobrenatural. Para que viera que soy humana le dije que podríamos vernos algún día y tal vez podríamos llegar a ser amigos. Más allá de eso no porque vivimos en ciudades diferentes y tenemos muy pocos rasgos comunes. Para comenzar nos separan 18 años de edad y no quiero volver a relacionarme con hombres menores porque no quiero que me tomen por feminazi. Le conté varios detalles de mi vida privada para que me viera como la persona común que soy, ese detalle lo hizo sentir en una relación íntima y se ilusionó un poco más.

    Hoy le dije que no deberíamos volver a hablar pero insistió. Tuve que bloquearlo y entonces decidió dejar comentarios en el blog diciendo que es un bobo. Sus últimos mensajes en Whatsapp fueron reproches, que mi nivel es muy alto para un hombre como él, que tengo razón al rechazarlo.

    Es una situación muy incómoda, no lo voy negar.

    No soporto la idea de que alguien se entusiasme o sufra por la señora que escribe aquí. Ni amor ni odio, esos sentimientos no deben tener nada que ver con la escritura. La gente no debería experimentar sentimientos gracias a la escritura sino por el trato directo con las personas, aunque escriban bien o no porque ese detalle no es tan importante en las relaciones humanas. La escritura es un oficio más y la gente que escribe también es humana, como todos los demás, no deben tener privilegios.

    La escritura tiene muy poco que ver con la persona que escribe. Hay libros enteros sobre eso, la persona que escribe no debe ser confundida con la escritura y el escritor no debe usar su estatus de “artista” para tener un séquito de admiradores y para disponer del cuerpo de sus lectores sólo porque escribe muy bien. Eso no es justo y los escritores que confunden la escritura con el sexo son unos abusadores. Los lectores que convierten al escritor en objeto del deseo también están un poco confundidos porque el sexo no tiene nada que ver con la escritura. Lo mejor que se puede hacer con un texto escrito es leerlo y ya.

  • Conocerme es la pérdida de la ilusión

    Como la mayor parte de la gente no es culta, inteligente ni sensible pero pueden ver mi erudición, mi inteligencia y mi sensibilidad son un completo fastidio cuando me dicen que soy muy culta, muy sensible y muy inteligente. Fastidia que me lo digan por escrito o cara a cara.

    Puedo decir con el pobre Flaubert:

    Otro se sentiría orgulloso del amor que me prodigas; su vanidad bebería en él con gusto y su egoísmo se sentiría halagado hasta en los repliegues más íntimos. Pero en cambio tu amor hace que mi corazón desfallezca de tristeza.

    De tristeza y de fastidio.

    Sólo he conocido a un hombre que en medio de todos los halagos, en medio de tanta admiración, me ha divertido hablando de temas serios, de política, economía, literatura… Con él hablamos con emoción no disimulada, de cerebro a cerebro, y con mucha sensibilidad. Con los demás son conversaciones bobas. O son muy arrogantes o son muy posudos o son muy convencidos o se arrodillan ante mí y no soporto nada de eso.

    Con la mayor parte de la gente que hablo hago el papel de la boba, no hablo mucho, no saco lo mejor de mí. ¿Por qué es tan difícil encontrar interlocutores dignos de mis ojos y de mis oídos?

    Nadie imagina mi dolor.

  • Historia de taxi

    Mis hermanos creen que lo mínimo que una persona como yo debe tener es un carro. Estuvieron a punto de convencerme de comprarlo la semana pasada y en el último momento dije que no. No lo necesito, para una persona como yo un carro es más un problema que una solución, ni siquiera tengo paciencia para consentir un perro, un gato, una mata, ¿por qué tendría yo que perder tiempo consintiendo un carro? Un carro es como un niño, dice mi mamá. Y yo le creo.

    Me dijeron que una alternativa es contratar un taxista de confianza disponible para cuando lo necesite si le aviso con anticipación. Hay que pensar en la vejez, dicen ellos. Mi hermana conoce a una señora mayor que contrata un taxista por días y él es muy paciente, la acompaña, la espera, es todo un caballero, una verdadera alma de dios.

    Hoy tomé un taxi y terminé hablando con el conductor, le pregunté qué tan fácil es encontrar un taxista como el descrito en el párrafo anterior y el taxista se convirtió en un galán, me contó que hace un tiempo una turista española a la que recogió en el aeropuerto y luego llevó al hotel le pagó por acompañarla durante tres días porque ella se aburría mucho y no sabía qué hacer con tanto tiempo libre. Conocieron la ciudad, hicieron el amor -dijo él- y se divirtieron sanamente. No pudieron ir a Melgar por problemas de tiempo pero a él le hubiera encantado. La señora se llevó su número telefónico y dijo que si algún día volviera a Bogotá lo llamaría para que repitieran la historia. La señora nunca llamó.

    El taxista narró su historia con nostalgia y hasta con amor. El tenía 35 y la señora 50 0 55. Hablaba de ella con mucho respeto.

    Yo le conté una historia también:

    Una señora le pidió a un taxista que le subiera una caja hasta el apartamento, después de descargar la caja ella le dijo a quemarropa que le daba $200.000 si tenía sexo con ella ya, en su apartamento. El taxista lo pensó un poco, menos de cinco minutos, dijo que sí, disfrutó con la señora y luego era feliz contándole la historia a sus amigos y pasajeros. La historia me la contó un amigo mío que fue pasajero suyo.

    Yo le conté la historia al taxista y empecé a reír como niña; él también sonreía y me contó que le encantaban las pasajeras, los hombres no, dijo que ahora no podía ser tan caballero como antes porque las señoras son muy desconfiadas y con razón porque la ciudad es cada día más insegura. Yo le dije que sí, que le tenía miedo a los taxistas, que nunca me había pasado nada malo pero que había oído historias asombrosas.

    Después de las risas el taxista se puso serio y me dijo que le encantaría ser mi chofer, empezó a mirarme de forma extraña pero no me inspiraba miedo sino confianza. Le dije que por ahora no lo necesitaba porque todavía tengo mucha vitalidad, que sólo quería saber si era posible encontrar ese tipo de servicio. Me dijo que le encantaría llevarme a donde yo quisiera y hacer lo que quisiera con él, me dijo que anotara su número telefónico y le diera el mío. Parecía un señor enamorado a primera vista. Me dijo que podía arreglarme cualquier daño en la casa, hacer lo que yo quisiera. Yo no paraba de reír, no lo podía creer. Le dije que anotaría su número telefónico por si algún día lo necesitaba, me dijo que le marcara y le dejara mi número de manera muy respetuosa, en ningún momento dejó de ser un gran señor. Le dije que no, llegamos a nuestro destino, me dio la mano como si fuera una princesa, me dijo que le dijera mi nombre, me dijo que esperaría la llamada. Me bajé del taxi, borré el número y no sabía si reír o llorar.

    El señor taxista enamorado a través de mí recordó a su pasajera española y pensó que podría repetir la historia conmigo, pero ahora la pasajera sería menor que él, pero señora, en todo caso. Creo que esa es la explicación.

    Cuando llegué a la casa llamé a mi hermana, le conté la historia, reímos como locas, nos asombramos y nos preguntamos si muchas mujeres son amantes de su taxista de confianza; decidimos que es una locura pensar que podré encontrar un taxista como el de la abuela y llegamos a dudar de la castidad de la señora.

    Lo más conmovedor de todo es que el taxista parecía un hombre noble, sensible y bueno.

  • Familia unipersonal

    Me contó mi hermana que en Bogotá hay proyectos de vivienda para familias unipersonales. Algo con lo que yo soñaba hace diez años -cuando estaba comprando casa- y no encontré. Cuando compré la casa desde donde escribo este post el modelo definido de familia -visto desde los proyectos de vivienda- era simple: un hombre, una mujer, dos niños, que equivalen a: habitación principal, dos habitaciones pequeñas, estudio, área social, cocina, comedor, terraza, balcón, dos o tres baños. Esa era la estructura general de los proyectos de vivienda hace diez años en Bogotá.

    ¿Qué es una familia unipersonal?

    Es una familia constituida por una sola persona.

    Parece una contradicción pero no lo es porque la familia es la base de la sociedad, la sociedad mueve la economía y si una persona que vive sola consume vivienda esa vivienda debe ser puesta a disposición de la nueva familia.

    La vivienda para familias unipersonales no tiene espacio para comedor, espacios inmensos para recibir a los amigos ni cocinas muy bien dotadas. Tienen un solo baño.

    Esa era mi vivienda soñada. Miré los proyectos, me antojé y luego decidí que ese tipo de vivienda no es para mí.

    ¿Por qué?

    Porque la soledad es hermosa cuando se comparte con familias tradicionales, es excitante sentirse diferente a todos los vecinos, ser visto como un bicho raro, tratar de adivinar qué piensan las vecinas gordas de una familia como la mía. Un conjunto de familias unipersonales debe ser un conjunto macabro porque si todas las personas que viven solas a conciencia como yo son como yo, ese el comienzo del fin de la civilización porque las personas que viven solas a conciencia tienen bien definido por qué lo hicieron y lo último que quieren ser es buenos vecinos, es decir, ser amigos de sus vecinos y aspirar a ser como ellos. Tengamos en cuenta que los tres años de convivencia con Andrés no alteraron mi mente de soltera eterna porque llevaba viviendo sola 23 años y mi cerebro se acomodó a su estado natural en cuatro meses.

    Hace dos semanas pensaba que podría volver a vivir con alguien. Hoy pienso que no, es mucho más sana la relación entre un hombre y una mujer cuando cada quien vive en su casa.

    El panorama de los conjuntos residenciales para familias unipersonales debe ser tan desolador como el presentado en las novelas francesas recientes, las de Houellebecq, Foenkinos, Beigbeder… Personas solas que a veces se sienten abandonadas, gente satisfecha porque se siente autosuficiente, controlada, madura, independiente, fuerte… Pero en lo más íntimo de su ser, cuando se ponen sinceros con ellos mismos, se sienten absolutamente solos y miserables.

    Todo lo que han dicho los grandes filósofos sobre los valientes que han decidido vivir solos como proyecto de vida es imposible de realizar en este tiempo de éxito profesional, cambio de sexo, tetas gigantes de silicona, viajes baratos y antidepresivos que se consiguen en los supermercados.

    La familia unipersonal del siglo XXI no tiene nada que ver con la del siglo XIX o XX. Esa soledad no se alimenta de filosofía ni de literatura sino de libertad sexual y bohemia y yo no podría soportar unos vecinos bogotanos que se creen moralmente superiores porque beben, se drogan, son promiscuos, gente de mente abierta de la que intenta suicidarse cada cierto tiempo, intelectuales de avanzada que admiran a los intelectuales franceses de comienzos y mediados del siglo XX y aspiran a ser como ellos pero no lo lograrán nunca porque están más cerca del modelo gringo aunque no lo sepan.

  • La escritura como acto de liberación

    Cuando leí la historia de la escritura supe que en el siglo XVIII, con la proliferación de los diarios, las memorias y las cartas escritas con materiales mucho más fáciles de adquirir y de manipular que durante todos los siglos anteriores se popularizó el acto de escribir, de escribir sobre uno mismo, nació la escritura autorreflexiva. También supe que escribir es un ejercicio terapéutico y que el trabajo que hace el médico, el sacerdote, el psicólogo o el psiquiatra lo puede hacer una persona que escribe si lo hace a conciencia, con sinceridad, de forma regular, si está dispuesta a volver una y otra vez sobre lo escrito.

    Antes de que aparecieran los blogs escribía diarios a mano y a máquina, luego empecé a escribir ensayos y terminé escribiendo aquí, en el sitio llamado blog o bitácora; también podría llamarse diario, un diario compartido, el día a día expuesto y dispuesto a ser comentado, escrito con la firme intención de despertar emociones en los lectores, sentimientos de amor, odio, admiración o pesar. Es pura cuestión de perspectiva, ir más allá del texto, dejarse tocar y afectar por las palabras.

    El único compromiso es decir exactamente lo que pienso siendo consciente de las reacciones que pueda desencadenar la escritura, el modo en que cada nueva reflexión pueda afectar a otras personas. Algunas veces un post puede desencadenar sentimientos desproporcionados y entonces me llaman y me regañan, me dicen que estoy loca, que soy una irresponsable, que borre lo que acabo de escribir.

    Puedo decir con el pobre Flaubert:

    Me han humillado tantas veces, he escandalizado y hecho gritar tanto que he terminado desde hace ya mucho tiempo por reconocer que para vivir tranquilo hay que vivir solo y poner burletas en todas las ventanas por miedo a que el aire del mundo llegue hasta uno.

    No hay penas que no puedan curar la lectura y el cine, estas actividades distraen la mente y nos ayudan a comprender mejor la vida y a tomar decisiones responsables. Cuando se combina la lectura, el cine, la expresión oral en aulas de clase y la escritura el proceso se completa y el trabajo final, el más benéfico y restaurador, termina siendo siempre la escritura, porque la escritura libera.

    La escritura es una medicina natural como beber agua, tomar el sol, comer frutas o caminar, pero también debemos saber que es mucho más complicado decidir escribir y saber cómo hacerlo. La escritura es el último gran paso en el proceso comunicativo y todos sabemos que la mayor parte de la gente ni siquiera es hábil con el primero, con el básico, con el origen mágico de todo: con el poder y el respeto a la palabra ajena, con la concentración total ante las palabras de los demás.

    Oír y ver es el comienzo de todo. Si no se oye no se puede ver ni pensar con claridad. Después de oír es preciso leer y después de leer se puede empezar a pensar en escribir. No es tan sencillo como algunas personas optimistas nos han querido hacer creer pero los resultados de la escritura como proceso terapéutico son sorprendentes.

    Tengan en cuenta que les habla la voz de la experiencia.

  • La loca Elsy

    Desde 1979 han tratado de ofenderme usando la palabra loca para referirse a mí y esa palabra nunca me ha ofendido, más bien me ha sorprendido porque siempre he sentido que soy una persona dominada por la cordura y el buen juicio. Parezco el proyecto del humano perfecto. Varias veces me han dicho que estoy más allá del bien y del mal. Una loca que está más allá del bien y del mal, eso es muy gracioso.

    Cuando era niña y me decían que era loca sospechaba que me lo decían porque no me gustaba jugar sino caminar, no soportaba la violencia de los juegos infantiles, lo que me gustaba era mirar los dibujos que había en los salones del colegio y caminar por unos pasillos angostos, pasillos y callejones, siempre los mismos. Desde niña gozo caminando siempre por los mismos caminos porque la rutina es encantadora, todavía lo hago: todas las mañanas a la misma hora durante una hora camino siempre por el mismo camino y veo como crecen las ramas de los árboles, como florecen y mueren las formas de la naturaleza, como envejecen los perros del vecindario.

    Cuando estaba en bachillerato me decían loca porque odiaba todo en el colegio, estaba dominada por la indisciplina y hacía exactamente lo contrario, no lo que los profesores y coordinadores esperaban que hiciera. En el colegio con sus filas, uniformes, puertas cerradas, horarios estrictos, consejos a la juventud, izadas de bandera, tareas y direcciones de grupo me sentía en una cárcel. Nadie tenía fe en mí, esperaban un final infeliz, pensaban que era una oveja descarriada, un caso perdido, una persona mal orientada. Y no, nada de eso, lo único que quería era escapar de esa prisión para encerrarme a leer en la biblioteca, quería ser autodidacta, no quería ser bachiller, odiaba la educación formal. Y todos pensaban que estaba loca, pero no. Luego supe que sin leer a Althusser había descubierto a través de la amarga experiencia que el sistema educativo es un modelador de mentes, un aparato ideológico de estado y supe también que la mejor alternativa era resistir y, entonces me sentí orgullosa de mi actitud y sentí pena por los mejores estudiantes, por los mejor educados, por los que izaban bandera, ganaban becas y leían discursos de agradecimiento el día en que se graduaban de bachilleres.

    Cuando conocí a mi primer amor me trató de loca y de bruja al final del romance. Ese día supe que ese pobre hombre estaba muy enamorado y no podía explicar de forma racional la naturaleza de sus sentimientos. Cuando es el ser amado el que me dice loca me emociono más porque siento que lo que lo impulsa a decirlo es la confusión, el hecho de no saber exactamente cuál es la naturaleza de sus sentimientos. Y es porque cuando amo a una persona lo hago de todo corazón y no debe ser fácil escapar de esa locura. Era loca porque no me quería casar ni quería tener hijos. Nadie lo podía creer. La sociedad entera esperaba que la pareja perfecta sellara su idilio, su mundo perfecto, en la iglesia, ante los ojos de Dios; esperaban que tuviéramos dos o tres hijos y fuéramos felices para siempre. Yo no aspiraba a eso, yo quería amor, no quería pensar en el otro aparato ideológico de estado: la familia. En esa época todavía no había leído a Althusser y también descubrí que no quería darle gusto a la sociedad, quería amor, no quería ser la esposa perfecta, no quería ser buena cocinera, madre ejemplar ni buena vecina, quería seguir leyendo y todos pensaban que estaba loca porque había encontrado al amor de mi vida y lo había dejado ir. El ahora es feliz, tiene esposa gorda y una hija. No fue tan cierto que le dañé la vida como me lo dijo una vez gritando y llorando de ira e indignación.

    Cuando terminé la maestría la gente pensaba que estaba loca porque no quería ser doctora, porque no quería viajar, porque no quería investigar, porque no quería publicar libros, porque no quería ser conferencista, porque no quería ser profesora de tiempo completo en una universidad prestigiosa si era un hecho que tenía todos los méritos para ser una intelectual exitosa, una figura digna de ser llamada por los medios radiales e impresos para que opinara sobre los grandes temas. Estaba loca porque quería seguir leyendo y caminando, porque quería seguir siendo una persona común a pesar de mi erudición, mi inteligencia y mi talento para escribir. No creo que esté loca por haber tomado esa decisión, sé de varias personas ilustres que se han consagrado a esa vida, que se han tomado en serio su rol de pensadores, genios o influyentes y creo que no son dignos de envidia, su idea de éxito está enmarcada en las trampas de nuestro tiempo, muchos hacen el papel de idiotas útiles, no saben que los verdaderos triunfadores son los dueños de los medios, los bancos, las empresas de telecomunicaciones y las multinacionales. El intelectual es un consumidor más, un emprendedor, un profesional exitoso, un joven bien preparado. Muchos de ellos cayeron en la trampa y están sumidos en la depresión, el estrés y la frustración.

    Cuando empecé a escribir sobre figuras públicas varias personas me llamaron loca, me pudieron que buscara ayuda profesional porque estaba perturbada, temían que escribiera sobre ellos o sobre sus compinches, temían que les dañara su carrera exitosa. La forma de mostrarme su miedo fue llamándome loca. Después aparecieron las amenazas de muerte y la censura en Twitter y por pura prudencia dejé de escribir sobre estrellas de la farándula, escritores colombianos y divas tuiteras. Exponerse a la muerte violenta al estilo colombiano sólo por escribir sobre estas personas no es una locura sino una irresponsabilidad porque me han advertido varias veces que mis enemigos van muy en serio y si me sigo burlando de ellos me mandan matar.

    Andrés acaba de llamarme loca, él, la persona que se supone es quien mejor me conoce después de mi familia. Mi familia dejó de pensar en mí como la loca desde hace mucho tiempo porque me conocen desde hace mucho tiempo. Que Andrés me haya llamado loca merece un post aparte.

  • Carta abierta a Andrés

    Habíamos acordado que terminado nuestro romance se acabarían los escritos sobre nuestra linda historia de amor que a tanta gente le gustaba porque estaba muy bien narrada y la documentábamos con fotografías que nos tomábamos nosotros mismos para convencer al público de que éramos reales, gente de carne y hueso, personas felices y realizadas en la vida que saboreaban con placer cada momento.

    Éramos una pareja común pero gracias al poder de la palabra, lo que llaman literatura, los lectores se entusiasmaban compartiendo la historia de nuestra vida. Vivíamos la vida y la compartíamos con los demás, ese era nuestro privilegio, teníamos nuestro propio público, éramos capaces de ponerlos a soñar con un amor tan bonito como el que vivíamos los dos.

    Mucha gente que me conocía me preguntaba por Andrés, querían saber si era real, si era tan encantador como lo imaginaban, yo siempre les decía que sí, que era tal y como lo describía. Los dos sabíamos que exageraba un poco, que lo hacíamos ver todo bonito, que omitía los detalles poco dignos para no echar a perder el carácter de los personajes y la estructura de la historia, queríamos presentarla como una bella aventura de cuento de hadas y los dos llegamos a creer que era el mundo perfecto, como en el cine, que disfrutábamos tanto.

    Nos gustaba soñar que estábamos viviendo nuestra propia película porque al comienzo nos sentíamos así, como en nuestras películas favoritas. Y éramos supersticiosos. Durante varios años llegamos a creer que teníamos una misión, que dos personas tan particulares como nosotros no pudieron encontrarse por casualidad. Pasaron diez años y descubrimos que no había ninguna misión, que había que despertar del sueño y buscar horizontes nuevos con otras personas porque nosotros éramos unos irresponsables que terminaron en un punto muerto. El cuento de hadas empezó a parecer una película de terror.

    No podíamos continuar riéndonos de la vida, jugando con los perros en el parque y apostando en el casino. No podíamos seguir viendo la misma película para luego repetirla de memoria y reír como niños, porque no éramos niños. La infancia había quedado atrás hace mucho tiempo. No podíamos seguir así porque había dejado de ser divertido.

    Tres años de convivencia nos sumieron en la rutina y el desamor. Vivíamos sin pasión y sin ilusiones. Los dos pensamos que era necesario dar el gran paso, darle un nuevo rumbo a nuestras vidas y lo dimos. No fuimos cobardes como la mayoría de los seres humanos. Hasta el último momento nos reímos de la vida, nos parecía un chiste que yo volviera a ser una mujer soltera y usted también. Ahora hasta tiene novia y los dos deberíamos celebrarlo porque usted es mucho más joven que yo, en alguna medida le robé sus mejores años, de eso soy consciente, siempre lo fui. Trece años de diferencia me hacían ver como una abusadora de menores y usted no puede quedarse diez años olvidando nuestra bonita historia de amor sino que debe aprovechar al máximo la juventud y la vitalidad que todavía conserva. Yo estoy más cerca de la vejez que de la juventud y no quiero empezar un nuevo romance tan pronto porque no es sano, recuerde que soy experta en el amor y en el duelo y la melancolía, necesito más tiempo para digerir las experiencias.

    Tal vez termine casada con la lectura, ese ha sido el gran amor de mi vida. Dos amores largos con hombres amorosos, sensibles y apasionados vividos a conciencia me dejan bastante satisfecha.

    Diez años de felicidad no se borran de un plumazo, los dos estamos de acuerdo en eso, más si los dos estábamos convencidos de que nos sentíamos bien uno al lado del otro. Soñábamos con que un gran amor podría convertirse en una gran amistad pero al parecer es imposible, tal vez porque sólo pasa en las películas o en las personas que se conforman con amistades imperfectas. Ya sabe que prefiero no tener amigos a tener amigos a medias, personas con las que no se puede hablar con transparencia.

    ¿Por qué escribo esta carta para todos?

    Porque hoy sentí que usted teme que lo convierta en mi nuevo objeto de estudio y empiece a escribir sobre usted como he escrito sobre otras personas que me resultan odiosas o ridículas. No lo voy a hacer, no voy a desdibujarlo porque no vale la pena, porque la historia es tan bonita que no vale la pena echarla a perder. No quiero que viva con el temor constante de que voy a ejercer una especie de venganza con el arma que mejor domino: la escritura.

    Usted y yo nos conocemos como pocas personas pueden llegar a conocerse, durante diez años compartí con usted mis estrategias narrativas, casi siempre le contaba sobre qué iba a escribir y cuál era la reacción que esperaba de los personajes de la historia, leía los escritos en voz alta y reíamos de nuevo como niños porque cuando escribo sobre la gente ridícula me domina la risa. Es inevitable.

    No soporto la idea de inspirar miedo en las personas que aprecio, discúlpeme por haber sido tan franca en la última semana, esa franqueza no pasará de lo privado a lo público. Lo más sano es conservar los mejores recuerdos y no temer actos dobles de parte de ninguno de los dos. Somos personas nobles y dulces y eso es lo que de verdad importa. Le deseo lo mejor de todo corazón y espero que este sí sea el último post en el que mencione su nombre.

    Si algún día llego a escribir en contra suya merezco el repudio de la humanidad entera porque no es noble despellejar a las personas que nos hicieron felices y yo fui muy feliz con usted.

    Eso era todo.

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