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  • Vieja y fea a los 31. Dedicada a Catalina Ruiz-Navarro

    Catalina Ruiz-Navarro es feminista, nadie lo duda, y en sus columnas de opinión suele tomar los escándalos relacionados con mujeres de la farándula norteamericana para reflexionar sobre estructuras de poder, patriarcado, falocentrismo, estereotipos impuestos por la sociedad patriarcal y reivindicación de los derechos de las mujeres reclamados desde hace ya bastante tiempo sin que ni hombres ni mujeres recapaciten ante la abominación de la que son cómplices al callar e ignorar.

    ¡No más! dice Catalina cada cierto tiempo y sale a marchar -en minifalda- (porque es dueña de su cuerpo) y a exhibir carteleras ante el Procurador.

    Todos las semanas hay un escándalo relacionado con una “diva” y cada semana Catalina sufre y llora porque la diva atormentada es mujer y como mujer tiene derecho a no ser vulnerada en sus derechos. Toma como pretexto el sufrimiento de una mujer de la farándula para luego hablar de las mujeres en general y, luego, de ella en particular. Siempre termina hablando de ella y de la red de mujeres que la acompañaron en su infancia y adolescencia. Ella es una mujer rodeada de mujeres, educada por esas mujeres para luchar por los derechos de las mujeres. No hay quien lo dude.

    La última columna feminista de Catalina Ruiz-Navarro se titula Espejito, espejito y en resumidas cuentas nos cuenta que está sumida en una tremenda depresión porque ya no aguanta el trago y la rumba dura como antes -cuando era modelo de la revista SoHo, cataba condones, despreciaba a los hombres con caspa, nos enseñaba cómo usar una minifalda y participaba en Estudios -de la revista SoHo- sobre cómo escoger hombres para rumbear, para goterear o para convertirlos en amantes de una noche.

    Catalina está sumida en una tremenda depresión porque tiene 31 años, le salió una cana y se encontró una arruga cuando se contemplaba ante su espejo. Catalina se ve como una chica SoHo o como una chica Águila, es un hecho, y asume que la mayoría de las mujeres desean ser “la chica” porque ven mucho cine y mucha televisión norteamericana: “Mientras los personajes para mujeres en Hollywood sigan limitados a “la chica” las actrices de Hollywood no van a poder envejecer”.

    Las divas del cine no pueden envejecer y Catalina tampoco, porque ella también es “la chica”, así se ha representado ante los hombres y ante las mujeres y, por esa misma razón, cumplir 31 años se ha constituido para ella en una absoluta tragedia, en un motivo para narrar su indignación y su desazón.

    Dice Catalina más adelante: “Las mujeres, a diferencia de los hombres, salimos de escena cuando envejecemos”. Eso no es cierto y ha llegado el momento de hablar de mí: he conocido a lo largo de mi vida mujeres de más de sesenta años respetadas y admiradas por hombres y mujeres, mujeres que no soñaban con ser “la chica”, sino seres humanos que se pensaron más allá de la edad, las líneas de expresión y su color de pelo. Pueden o no dejarse ver la canas, pero ese detalle tonto no es relevante; esas mujeres son mucho más que un cuerpo para el placer visual de los hombres o para su propio espejo, son seres humanos, mujeres que trabajan con hombres y con mujeres y que piensan más en su cerebro, en su experiencias, en sus gustos, que en los cuerpos que se ocultan debajo de la ropa.

    Catalina está obsesionada con la vejez, tiene miedo de no ser una mujer atractiva, deseable ante la mirada masculina, y hace de ese temor un universal femenino que la mayoría de las mujeres no comparte: “A las mujeres, además, nos exigen una cosa rarísima: envejecer “con dignidad”. Esto quiere decir o bien aceptar la vejez (y con ella una sentencia a la obsolescencia) calladas, sin chistar, o hacernos algunos retoques aquí y allá en cuyo caso la dignidad reside en que nadie sepa a ciencia cierta por qué nos vemos más jóvenes”. Es obvio que el grupo social del que forma Catalina no es precisamente de intelectuales o de artistas sino de hombres y mujeres preocupados por la apariencia, por lo bien que se ven ante los ojos de los demás; al parecer ella asume que su grupo de amigos y la gente que ella admira y desea imitar encarna los valores de la sociedad entera. Si Catalina viera a la gente común, que es la mayoría, descubriría asombrada que los temores de ella producirían la risa de millones de mujeres que no los comparten, que cuando eran jóvenes no aspiraban a ser “la chica”.

    Catalina tiene miedo: “Yo crecí en una casa con mujeres de cuatro generaciones. Las vi a todas desnudas, a mi mamá, a mi abuela, a mi bisabuela, y sé lo que me espera”. Yo no he visto a las mujeres de mi familia desnudas pero tengo claro que ellas se ríen de la vejez, son mujeres que viven la vida de tal forma que siempre temo si podré estar a la altura cuando llegue a su edad. Mi mamá es mucho más vital que yo y mi abuela soporta con resignación el final de la vida sin sentirse superior a nadie por hacerlo. No somos feministas, no tenemos nada que reclamarle a los hombres porque nos han tratado muy bien. El hecho de que Catalina Ruiz-Navarro no haya visto hombres en su familia, el hecho de que no sepa lo que es un padre amoroso y un abuelo cariñoso y sabio no debe convertirlo en pretexto para adjudicarle a Los hombres, a La sociedad patriarcal, los dolores de todas las mujeres, porque, entonces, lo que escribe no es una columna de opinión sino un ajuste de cuentas personal (casi tan personal como el de Uribe con las FARC), que no tendría por qué involucrar a todos los hombres del universo por una sencilla razón: la mayoría de los hombres no son como ella los imagina. Los hombres y las mujeres son seres humanos que sufren y sienten miedo e incertidumbre de forma similar.

    Y así continúan los lamentos de “la chica”. Como diría el poeta: Esto no hay por dónde agarrarlo.

    ¿Cuándo aparecerán las feministas que amen a los hombres, que sueñen con llegar al fondo de esos seres maravillosos que a veces sienten tanto miedo, respeto y reverencia, esos hombres que parecen niños aspirando al poder para deslumbrar a las mujeres, esos admiradores insaciables de las versatilidad y del cuerpo femenino?

    Las feministas como Catalina Ruiz-Navarro no saben de lo que se pierden al ver a los hombres como enemigos o como verdugos, ella no sabe que los hombres pueden ser compañeros respetuosos y amables. Soy mujer y para los hombres que he conocido a lo largo de mi vida sólo tengo palabras de afecto y de gratitud, mi vida no sería tan plena sin mi papá, mis hermanos, sobrinos, novios, amigos, sin mi cuñado y sin todos los jóvenes a las que he tenido el placer de oír hablar en un salón de clase. En vez de escribir Catalina debería acudir a un psicólogo para que le ayude a solucionar sus conflictos con los hombres, un experto que le ayude a comprender y a perdonar la ausencia y el abandono de los hombres de su entorno.

    Así termina, más o menos, el lamento de “la chica” que no sabe cómo asumir la edad adulta, es muy triste saber que hay mujeres que se pueden complicar la vida con semejantes tonterías:

    “Hoy, a mis 31 años, me encuentro preguntándome preocupada si eso será una arruga frente al espejo. Encima este año me salió mi primera cana, algo que solo es preocupante porque soy mujer, en los hombres los cabellos blancos equivalen a sex appeal, madurez, experiencia. Mi envejecimiento empieza a hacerse visible, es más evidente que no poder lidiar con la resaca. Me encuentro entonces teniendo un miedo irracional a esa vejez, no a los achaques o dolores que puedo aguantar en silencio (y con una mano en la frente para mayor drama), es más un miedo a ver, y a que todos vean, cómo se avejentan mis selfies. Es el mismo miedo irracional que sentimos los fans de Empire Records al ver que Zellweger había envejecido, que eso se puede, que “we are next”.

  • Yo también me aburro

    La vida no tiene sentido y casi nadie lo sabe. Yo lo sé desde hace mucho tiempo -desde hace más de cuarenta años- y cuando supe que la vida no tiene sentido decidí que lo mejor era dedicarse a descansar y a esperar y a eso he consagrado mi vida entera: a descansar y a esperar.

    No hay nada de qué arrepentirse porque no he hecho nada, porque no creo en la acción, porque durante el tiempo transcurrido he vivido como si observara la vida desde la muerte.

    No hacer nada es otra forma de burlarse de la vida, no seguirle el juego, no ser cómplice de la mentira y el autoengaño.

    La mayoría de la gente no entiende por qué se aburre y espantan el aburrimiento estudiando, trabajando, viajando, bebiendo, jugando, haciendo sufrir a otros seres humanos que no saben por qué están aquí ni cuál es su Misión. No hay misión, pasamos como pasan los perros, los gatos, las nubes y las hojas de los árboles y de nada sirve ser un personaje ilustre porque todos los personajes ilustres terminan desfigurados por el tiempo y llegará un momento en el que nadie los recuerde.

    He pasado la mayor parte de mi vida sonriendo con prepotencia ante el afán, los sueños, los triunfos y la arrogancia de los demás. Pero tantos años de descanso y de convencimiento de que la vida no tiene sentido me han arrastrado a algo peor que el convencimiento de que la vida no tiene sentido: he terminado doblegada ante el aburrimiento.

    ¿Cómo se aburre una persona inteligente y culta?

    Se aburre de forma inteligente y piensa en todas las frases ingeniosas que han pasado por su mente en otros momentos de aburrimiento. Pero es más emocionante reír a carcajadas siendo joven que estando cerca de la temporada más ridícula de la vida: la vejez.

    Todavía no tengo canas, camino más rápido que el ejemplar más veloz de toda mi familia, no tomo ningún medicamento, no me duele el cuerpo ni el alma, como bien, duermo bien… pero me asusta la idea de vivir treinta o cuarenta años más riéndome de las mismas estupideces, de los errores reiterativos de mis compañeros de especie.

    Conclusión: no es gracioso aburrirse después de los cuarenta.

  • Twitter y Facebook

    Twitter es para genios y Facebook es para chismosos imprudentes.

    Twitter se lee y Facebook se mira.

    La mayoría de la gente con una cuenta en Twitter la usa para leer;

    La mayoría de la gente con una cuenta en Facebook la usa para mirar.

    El que lee sufre y el que mira también sufre.

    El que lee sufre porque algunos tuits hieren

    El que mira sufre porque la imagen hiere más que la palabra.

    Twitter y Facebook sirven para presumir.

    En Twitter se presume con humor, ironía, conocimiento, inconformidad, denuncia, falsa denuncia….

    En Facebook se presume con fotografías. La vida privada, la felicidad compartida sin decoro para ser envidiada por quienes ven esas fotografías.

    En Twitter se exhiben fotografías y en Facebook se anotan estados y frases para pensar, para poner a pensar a la gente envidiosa mientras mira fotografías, reflejo de felicidad, de plenitud total.

    Mirar fotografías en Facebook es una forma de envilecerse al contemplar la vida de los imprudentes que publican fotografías de su vida privada.

    Leer tuits no sé qué pueda llegar a significar.

  • Twitter y la risa

    Anoche estuve revisando mis FAVs

    Y casi todos me volvían a producir risa,

    ¡Loca de la risa!

    ***

    La risa es un asunto que me interesa mucho,

    Pero también me interesan otras muchas cosas.

    Por ejemplo leer libros y ver películas

    Y aunque algunas veces los libros y las películas me producen risa

    Nada me produce tanta risa como ver lo que faveo en Twitter.

    ***

    Pero debo confesarles algo: casi siempre es una risa estúpida.

    De los FAVs que revisé no recordaba casi nada

    Porque casi todo lo que produce risa en Twitter es provocado por algo que ha ocurrido en el instante:

    La caída en el lodo de una figura pública

    O una señora de sesenta años bailando desnuda.

    ***

    Mientras revisaba mis FAVs no me reía,

    Más bien estuve a punto de echarme a llorar:

    ¿Tantos años consagrados a brindarme la mejor educación

    Para terminar riéndome de lo que se ríe el usuario común de la red llamada Twitter,

    Que no es precisamente gente digna de ser admirada por alguien como yo?

    ***

    Por eso me voy.

    A partir de este momento voy a empezar a usar Twitter para lo mismo que uso Facebook:

    Para enlazar lo que voy escribiendo en este blog.

    Porque escribir en este blog es lo único que sigue valiendo la pena.

    ***

    Y por eso me despido:

    ¡Adiós queridos amigos!

    Me extrañarán dos o tres semanas y después se acostumbrarán a vivir sin mí

    Porque en la vida todo pasa.

    ***

    ¡Adiós!

  • Del blog al libro

    Sé de varios autores de libros que han incursionado en el mundo del blog y escriben en tiempo real como escriben sus libros: con el mismo tono, con el mismo estilo, con el mismo amor propio. Después de dos o tres años en el mundo digital dan el gran paso y convierten sus mejores posts en un gran libro, en otro libro para la colección, para anotar en la Hoja de Vida del gran erudito.

    Esos libros, los libros que surgieron de un blog, son libros sin sentido porque el universo del libro no es igual al universo del blog y a continuación les voy a explicar por qué:

    El libro está hecho de átomos, el blog está hecho de bits. Walter Ong y Paul Virilio son de gran ayuda para entender mejor el asunto.

    El libro es para leer de forma lineal, el blog es para leer de forma aleatoria.

    El libro exige un tipo de lector, un lector formado a partir de la lectura de libros; el lector de blogs, en cambio, es un lector nuevo, un lector “educado” en entornos digitatales o un lector que pudo haber sido antes un lector de libros. Son lectores diferentes, su configuración mental cambia cuando cambia el soporte.

    Pasar del libro al blog es muy ligero y pasar de blog al libro es muy pesado.

    El autor de libros es una especie de Dios y su lector es un lector conforme, no tiene derecho a refutarlo; el autor de posts que serán publicados en un blog es un pobre ser dispuesto a ser ridiculizado, banalizado, escarnecido, atormentado… porque los posts se pueden compartir, porque Google puede direccionar a un blog, porque los lectores pueden comentar, y si el creador del blog es generoso y publica todos los comentarios, puede llegar un momento en el que los lectores se pongan por encima del genio digital y lo destrocen por el simple placer de hacerlo sonrojar o porque lo que escribe los afecta tanto que se sienten obligados a comentar y comentan. Y no precisamente en los mejores términos.

    El libro es un ladrillo, el blog es como la seda.

    El autor de un libro queda condenado de por vida después de publicar sus bellas composiciones, no se puede arrepentir de lo dicho; el autor del blog puede, en cambio, disponer del material a su antojo: puede modificarlo las veces que desee, puede desarrollar una idea en varios posts y enlazarlos a través de etiquetas. Puede -si pasa por una terrible crisis existencial- borrar el blog entero y empezar de cero con otro nuevo blog o, simplemente, darse un tiro y acabar con todo, porque la persona que escribe en un blog es un ser libre, autónomo, juguetón y mucho menos serio y pesado que el arrogante escritor de libros.

    En el libro el autor lo es todo, en el blog el autor no es nada, no importa quién escribió lo que estamos leyendo sino cuánto nos divierte y con quién lo queremos compartir. El blog está matando al autor pero no al libro.

    El autor de libros no sabe quién lee sus libros ni cómo reaccionan los lectores, la venta de ejemplares no garantiza la lectura; el escritor de blogs, en cambio, tiene un registro diario de las visitar a su blog y sabe cuáles son los textos más comentados, los más leídos y, además, puede interactuar con sus lectores. Aunque no tenga nombre ni cuerpo puede llegar a ser más humano que el autor de libros.

    Como se podrán dar cuenta, soy una defensora absoluta de la escritura en medios digitales y desprecio a los escritores de libros que no han descubierto las grandes diferencias entre un soporte y otro.

  • Poetas tuiteros

    Lo más difícil de leer y escribir en literatura es poesía, pero la masa ignorante y analfabeta siente que es lo más fácil y lo más democrático también, precisamente porque no saben de literatura, porque no respetan el arte y subestiman a los poetas. Asumen que la poesía la escribe cualquiera, se sienten con el derecho para competir con Blake, Baudelaire, Rilke, Keats, Leopardi, Dickinson, Hofmannsthal y todos los demás.

    Así son.

    Asumen que escribir Mi mamá me ama o El enano come banano es poesía, es decir, que al aprender el alfabeto se apropian de la lengua, del sistema, del ritmo, la técnica. Y entonces cualquiera se llama a sí mismo Poeta: poeta tuitero.

    En Twitter abundan más los poetas que los filósofos, poetas y filósofos sin formación académica, gente que no ha leído ningún libro y ni siquiera sabe escribir en español. Pero como en las redes sociales reina la ignorancia, la zalamería y la nivelación desde abajo se felicitan unos a otros por sus maravillosas composiciones.

    Sospecho que varios poetas tuiteros han publicado sus antologías y éstas han sido presentadas en las ferias del libro como la Obra, la gran revelación, la nueva reencarnación de Silva o de Barba Jacob.

    Así son.

    Los poetas tuiteros conversan, interactúan entre ellos, hablan de temas diversos y entre un verso a la luna, al sol, a las estrellas, al amanecer, al atardecer, a la montaña, a la brisa marina… revelan su verdadera naturaleza.

    Cuando mejor se conoce a una persona – a un poeta- es cuando habla, cuando no está “componiendo”, cuando es más él mismo, la persona, el centro de su ser revelado a través de la conversación cotidiana, la palabra que fluye sin premeditación, la oralidad prístina.

    Pero la oralidad prístina del típico poeta tuitero no me lleva a pensar en las cartas de Emily Dickinson, las imágenes de William Blake o los Consejos de Rainer María Rilke, sino que me hacen pensar en el parlache, en doña Gloria, en el Zarco, en el habla más representativa de Colombia, la que más nos divierte cuando estamos hablado de fonología.

    Ante las conversaciones de la mayoría de los poetas tuiteros me siento sumergida en esta conversación.

    Así son:

    -Quiubo.

    -Bien.

    -Hijueputa. Más mal, estuve en el entierro de Janik.

    - ¿Cómo?

    - Sí, hijueputa, lo mataron el viernes.

    - Vida marica: ¡lo mataron! ¿Quién fue el gonorrea?

    - No que va, el malparido se mató solo.

    - Mande

    - Sí, iba en una moto con Jerry y se le atravesó una puta buseta y el gorsobia voló, explotó.

    - Hijueputa, es güevón vivito todavía no se pasaba de remojo, pa’ ir a matarse él mismo.

    - Sí, aquél… está más grave, el que lo iba parrillando y a ese sí no, sólo se jodió una mano y se cortó la cara. Ese man ya está es de mental y no hace sino gritar, dizque: viejo, por qué vos, hijueputa, y casi no lo deja enterrar.

    - Jerry es un amor, una nota, Hoy mismo me piso pa’ allá. El no se va a joder más.

    -Yanik quedó más lindo, todo nota, lo peinaron muy cuquita, yo me tomé todo un rollo con él; pero ahí el feto era yo, él estaba preciosis. Los muchachos, cuando lo iban a enterrar, se tiraron a ese güeco, casi no dejan hacer nada. Los chachos están dolidos, más si no tienen por qué vengarse. Porque cuando hay con quién, ellos se desahogan, pero ahora están con eso adentro. Mejor no vas donde Yerry.

    - ¡Las güevas! Así me den chumbimba, yo tengo que ir, tengo que estar con él, a la efe, como debe ser, ¿o sino qué? Yo vuelo, no, olvídate, ese man me necesita.

    -Sisas, tienes razón, cuando él entienda te va a agradecer.

    -Bueno parcera, parlamos, paso por vos a las ocho pa’ que nos pisemos pa la novena.

    -¡Jmp! Hijueputa, me dañaste la mañana. Chao.

    -Bye.

  • De la mujer más fea del universo a @elsyswinger

    Hay gente que no me quiere y tiene todo el derecho a no quererme porque no soy perfecta ni aspiro a serlo, pero es increíble la cantidad de estrategias que crean mis “enemigos” para complicarme la vida cada cierto tiempo. La última locura descabellada fue la de un escritor argentino que armó un escándalo increíble -de dimensiones globales- porque según él, yo interferí para que él no se ganara el premio nobel de literatura, ¡Sí! El Premio Nobel de Literatura. Es tan descabellada la idea que lo único que podemos pensar es que hay gente perturbada en las redes sociales y me toman por quien no soy.

    Las personas que me quieren como me hago querer me dijeron que probablemente detrás del escritor frustrado podría haber algún intelectual colombiano asesorándolo. Eso sería muy triste si tenemos en cuenta que yo no soy nadie ni tengo nada. Sólo este blog y una cuenta en Twitter, nada más.

    En Twitter han creado cuentas de todo tipo para referirse a mí, para insultarme, para suplantarme, para calumniarme, para decirme que soy la mujer más fea del universo, para decirme que debería suicidarme, para amenazarme de muerte… y siempre he respondido desde aquí, con palabras, nunca he indagado para saber quién está detrás de la nueva creación porque no le quiero ver la cara, podría llevarme una muy desagradable sorpresa.

    La semana pasada crearon una cuenta nueva: @elsyswinger. Se supone que desde ahí Andrés y yo ofrecíamos servicios sexuales para parejas. Publicaron fotos que yo misma he publicado para “provocar” a los posibles interesados y no faltaron quienes se provocaron, claro. Hasta ahí no hubo problema, una cuenta más, una persona más interesada en amargarme la vida. El asunto se complicó hoy cuando una amiga me llamó para decirme que la habían llamado preguntando por mí y que ella simplemente había dicho que era el número de la persona equivocada, una llamada muy extraña, sin duda. Revisé la bendita cuenta y el número que aparecía en el perfil era el de ella.

    La persona que creó la cuenta falsa me conoce, probablemente está muy cerca de mí y de mi amiga y está llevando la broma hasta límites muy arriesgados. No sé por qué razón no me afecta que me amenacen de muerte o me digan que soy la mujer más fea del universo, pero sí me enfurezco cuando veo pornografía en las redes sociales. Cuando la pornografía está asociada a mi nombre y, además, involucran a una persona que ni siquiera tiene una cuenta en Twitter, me enfurezco todavía más.

    Quien creó la cuenta falsa debe estar leyendo este post y seguramente se siente excitado porque le doy importancia, porque no lo estoy ignorando como a los demás, porque no lo estoy tratando como a un simple troll. Sepa usted que si vuelve a crear otra cuenta, antes de pedir que lo reporten por contenido inadecuado, me voy a encargar de que la policía se haga cargo de usted. Por amenazas anteriores he sido asesorada por @policiacolombia (esos señores son muy amables a través de la línea telefónica) y si usted, quien quiera que sea, un pervertido, un “enemigo” o un gracioso, vuelve a actuar yo voy a actuar en contra de usted porque esas no son bromas.

    No es gracioso crear perfiles falsos en Twitter con nombre propio. Usted se hacía llamar Elsy Rosas Crespo.

    No es gracioso publicar pornografía en Twitter.

    No es gracioso anotar en una cuenta falsa el número teléfono de una persona real para que le atormenten la vida.

  • La celosa: a propósito de la señora de @MrIlseKoch

    Muchas personas sueñan con conversar conmigo: familiares, amigos, colegas, admiradores, lectores, gente de la vida real, gente de la vida virtual… y yo casi nunca quiero conversar con nadie. Esa es la verdad pura y simple. ¿Por qué? Porque la mayor parte de la gente no tiene gracia para conversar y me desesperan. Soy sensible y sofisticada.

    Hace dos días tuve la fortuna de conocer en Twitter a una persona digna de mi conversación: el señor @MrIlseKoch. Cuando descubro a alguien con quien puede conversar me entusiasmo y comparto mi entusiasmo con otras personas, y como @MrIlseKoch es tuitero tenía que presumir nuestras reciente amistad desde mi cuenta de Twitter y lo hice dos o tres veces. Quería que todos supieran que había descubierto joyas en medio de la porquería. La conversación fue a través de mensajes privados.

    Dos días bastaron para que la señora del tuitero se pusiera celosa y entonces tengo que pasar por primera vez en la vida por esta situación tan escabrosa: decirle a una señora celosa que no se preocupe por mí porque no estoy interesada en tener un romance con su señor.

    Es obvio que la esposa del tuitero lo vigila y es obvio también que él sabe que es vigilado. Problema de ellos. Lo que me fastidia es que yo, precisamente yo, la persona más seria, recta y fiel en mis principios, tenga que dar explicaciones de este tipo para que una señora insegura deje de fijarse en mí y busque la semilla del mal en otra parte, la mala mujer que le quiere arrebatar a su hombre.

    Muchas personas usan Twitter para buscar sexo, yo no. Uso Twitter para leer, para conversar, para divertirme, para aprender… pero no para buscar amantes o placeres de fin de semana.

    Señora: la forma más efectiva de expresarle amor a un hombre no es a través de los celos sino de la confianza. Con su hombre hablamos de vacas, de superficialidad, de reproducción irresponsable, de subdesarrollo, de mal gusto, de apariencia, de libros, de películas, de ignorancia, de escritura, de viajes, de vinos, de comidas… y no pensamos en la posibilidad de un posible romance entre los dos porque no somos tan bestias y elementales como la mayoría de los seres humanos.

    Hablé con su hombre precisamente porque es un hombre serio con el que se puede hablar de temas serios, esos son los hombres que me interesan, pero sólo para hablar, para nada más, no se asuste. Tengo la impresión de que la quiere mucho a usted y a sus hijos. Sospecho que es una persona seria, responsable, de carácter fuerte y claro en lo que le gusta y en lo que no le gusta y creo también que no usa Twitter para conseguir mujeres dignas de sus celos. Esa es mi conclusión después de haber conversado con él durante varias horas.

    La invito a recapacitar, piense que los celos no sirven para nada porque hacen ver a la gente ordinaria, sin contar con que ponen en ridículo a seres inocentes. Piense también en la molestia que me ocasiona, me obligó a usar este blog tan erudito para transfigurarme en protagonista de telenovela. No es justo, pero no tenía más alternativa.

  • La última fotografía

    Las fotos que he ido publicando durante los últimos años (no más de diez, en todo caso) generan mucho morbo. Hay quien me ve como la mujer más fea en la historia de la humanidad, hay quien me ve como una persona graciosa, hay quien se entusiasma, hay quien se ríe, hay quien se asombra, hay quien se indigna, hay quien me imita y hay quien es consciente de que se trata de un simple juego. Y eso es.

    Es el juego de siempre: quiero hacerle sentir al tonto que no es tan tonto como cree, quiero que crea que es una persona inteligente. ¿Hay algo más fácil que hacer sentir inteligente al tonto? ¡No! Es algo muy sencillo, pero para hacerlo se necesita inteligencia.

    Siempre se trató de un juego que dejó de ser divertido para mí porque no tengo edad (tengan en cuenta que nací en 1970) para andar jugando con la distorsión de mi propia imagen a través de la fotografía. Si el mundo sigue girando con el mismo ritmo durante mucho tiempo cada vez que alguien busque en Google Elsy Rosas Crespo o Ensayista se encontrará cara a cara con esas fotografías perturbadoras. El tiempo se encargará de hacerlas cada día más enigmáticas, mucha gente se preguntará si la señora de las fotografías es real, si murió tan joven, quién era el fotógrafo y no faltará el genio al que le dé por interpretar las poses.

    No soy ninguna de las Elsys que he compartido en las redes sociales sino una persona mucho más simple. Soy la mujer más común que se puedan llegar a imaginar, casi una nulidad, alguien que pasa desapercibido por donde camina y ese también es un juego consciente porque me gusta jugar a ser invisible, representar el papel de una pobre mujer para hacer sentir bien a mi prójimo: a hombres y mujeres. Me gusta que se sientan superiores a mí siempre, me gusta que me den paldamitas en la espalda cuando me ven.

    ¿Es un juego divertido? Sí, claro, por supuesto, siempre lo será. Todos los juegos conscientes son siempre divertidos.

  • ¿Por qué tengo tantos seguidores?

    Desde que nací he pasado la vida dando explicaciones.

    Desde que escribo también.

    ¿Quién escribe?

    ¿Cuántos son?

    ¿Por qué sobre temas tan diversos?

    ¿En realidad es usted una mujer?

    ¿Por qué no parece que escribiera siempre la misma persona?

    ¿Usted qué hace?

    ¿Dónde trabaja?

    ¿Usted se inventa a Andrés?

    ¿Cuántas cuentas tiene?

    ¿Por qué es tan famosa?

    ¿Por qué es tan fea?

    .

    .

    .

    Y últimamente:

    ¿Por qué tiene tantos seguidores?

    Esta es la pregunta más injusta que he leído y también la que me lleva a hacerme más preguntas a mí porque la respuesta no la sé:

    ¿Por qué me siguen si no soy complaciente?

    ¿Por qué me siguen si no sigo?

    ¿Por qué me siguen si no me favean?

    ¿Por qué no me siguen todos los que me leen?

    ¿Por qué soy tan famosa?

    ¿Por qué duele tanto que yo tenga “tantos” seguidores?

    ¿Por qué la gente es tan estúpida?

    ¿Por qué estoy tan vigilada?

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