Lester Brown es el protagonista de El hombre de los mil nombres, la más reciente novela de Ricardo Silva Romero. A Ricardo Silva Romero le interesa el cine y a partir de la biografía novelada de este productor se ha propuesto crear una verosímil reconstrucción de la vida de un personaje inexistente que vive experiencias con seres reales como Walt Disney, Woody Allen o Martin Scorsese, se trata de un personajes literario tan digno como para merecer la reconstrucción de su vida en 350 páginas apoyada con fotografías, carteles y testomonios de fuentes fidedignas que le niegan al lector la posibilidad de suponer que se halla ante un texto y un personaje de ficción. Cuando el lector descubre que todo es mentira puede sentirse burlado o admirado, todo depende de sus espectativas, de su propia concepción de la literatura, particularmente de la función de la literatura.

Para Ricardo Silva Romero la literatura es juego, como lo era para Borges y todos quienes lo siguen, en este tipo de textos es fundamental generar diferentes posibilidades de lectura e interpretación, éstas se logran gracias al uso de la ténica narrativa, la elección y organización de los recursos estéticos a partir de los cuales se constituyen, si el lector no sabe de cine, de productores, de directores, si se trata de un lector no especializado, no se percatará de los chistes, la anécdotas, la apreciación del narrador sobre algunas películas o personajes reales o ficticios, lo más seguro es que no terminará la novela y quedará con la vaga sensación de que es muy ignorante en relación con el tema, la novela podría convertirse en una excelente motivación para el lector no cinéfilo, una excelente excusa para empezar a interesarse por el cine.

En esta novela Colombia no está en ninguna parte, como no lo está Rusia en Lolita o Francia en The Windows on the World, las referencias a lo nacional no le interesan a este autor para quien la literatura nace de la literatura misma y para quien tal vez el reto consiste en hacer literatura no precisamente comprometida con la nación sino con una pasión particular: el cine visto desde la perspectiva de la producción, el cine imaginado a partir de las relaciones entre quienes hicieron del cine la combinación más o menos equilibrada entre industria, negocio, arte, ténica y diversión para las masas iletradas y cultas.

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