El humor y la ironía son temas de mi total interés, creo que los grandes artistas y científicos son grandes humoristas porque no son seres optimistas, porque el realismo y la búsqueda de lo grotesco forma parte de su particular manera de vivir la realidad. Me gusta leer a Fernando Vallejo y a Frederic Beigbeder, creo que expresan a través de sus obras lo que los lectores queremos confirmar; para hacerlo no se valen de detallados análisis antropológicos sino que usan uno de los recursos más efectivos para divertir a los lectores mientras desplegan un discurso moral que se interpreta casi siempre de manera equivocada: la literatura.

No se puede ser chistoso deliberadamente, la gente feliz por lo general tiene pésimo sentido del humor. La peor novela es aquella en la que el autor se siente muy gracioso y espera que el lector se divierta leyendo su libro como si se tratara del programa de humor que se ve en familia el sábado en la noche. Los chistes de la literatura casi nunca son chistes gratuitos, supongo que los grandes novelistas no esperan divertir a su público cuando escriben una novela; yo siento que el chiste, la ironía, surgen de manera no premeditada y creo también que los chistes de la literatura son resultado de un proceso de observación, análisis y contraste de lo que se vive en el día a día. La risa de un novelista como Flaubert o como Baudelaire es una risa amarga, no es la risa del payaso de la fiesta de amigos.

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