En las salas de cine de Bogotá casi siempre hay en cartelera una película colombiana. Algunos títulos, actores y directores hacen pensar irremediablemente en las telenovelas, series o programas de humor de la televisión y este temor, en mi caso particular, me lleva a tomar la decisión de no querer ver la película. En el caso de que decida verla casi siempre me encuentro con los mismos temas: miseria, corrupción, pobreza, violencia, injusticia, indiferencia, discriminación, arribismo, prostitución, mal gusto.... y cuando se pretende hacer algo diferente he terminado viendo películas que parecen parodias de películas norteamericanas que esperan ser vistas con seriedad.
El cine colombiano no colma las expectativas de los televidentes, pero a veces siento que las críticas a este cine, por parte de los colombianos, es despiadada. La mayoría de las películas que se hacen en todos los países del mundo son tan malas como las colombianas, ocurre lo mismo que con la literatura: hay que leer cien libros para encontrar uno que sea de total agrado. Yo no encuentro, contando el cine extranjero y colombiano, más de dos o tres películas muy buenas durante un año. He visto películas pésimas en las que participan grandes actores, me he desilusianado de películas muy malas de grandes directores pero ese hecho no me lleva a condenar a estos actores o a estos directores.
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