cuidado

Fernando Vallejo no se cansa de decir que Colombia es el país más asesino de la tierra, él lo dice y yo siempre pienso que es una de sus típicas exageraciones. Desde hace más o menos un mes estoy empezando a darle la razón, siento escalofrío cada vez que sé de los datos que salieron en una nueva versión libre de uno de los asesinos que salen cada día en los noticieros. Los asesinos son por lo general hombre cultos, elegantes, bien hablados, conocedores de los aparatos electrónicos de última tecnología y con gran sensibilidad ante el dolor ajeno. Unos denuncian masacres de 120 veinte personas y luego aparece otra persona corrigiendo, dice que no fueron 120 sino 1200 y luego resulta que son 3000. La mayoría de los citados no ha contado su versión libre y en cada versión libre aparecen nuevos asesinos que seguramente delatarán a otros. La lucha no es por el poder político sino por el poder que da el dinero, la hidra de siete cabezas, de la que también habla Vallejo, parece que tampoco es un simple juego de palabras: los militares, los políticos, los fiscales, los jueces, la registraduría, la guerrrilla, los paramilitares, los narcotráficantes... todos trabajan en busca del mismo fin: robarle la tierra a los campesinos y sacar ganancia, desde su lugar de trabajo y al precio que sea para enriquecerse más y seguir desarrollándose laboralmente en el énfasis que ha escogido.

La campaña de perdón y olvido no tiene justificación, si yo mando matar a 1200 personas y me perdonan por decirlo entonces cualquier persona puede matar o mandar matar a quienes se le antoje y luego ir a la fiscalía y decir que lo hizo, ellos lo perdonan y olvidan y lo más seguro es que el asesino seguirá matando.

Ayer mi hermana me contó de una masacre digna de película: mataron a mucha gente, los desmembraron y disfrutaron de la belleza del paísaje colombiano. Algunos pedazos fueron lanzados a un hermoso precipicio y los demás fueron arrastrados por la furia de algún río caudaloso, los que tanto menciona Fernando Vallejo en sus novelas. Si no hay cadáver no hay crimen.

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