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La mayoría de la gente nace, crece, se reproduce y muere. Si no se ha reproducido a los 30 considera que su vida es un completo fracaso y sólo desea morirse: triste realidad.

Leni Riefenstahl es un hermoso ejemplo de cómo en la vida hay mucho que hacer aparte de comer y dormir. Esta mujer es asombrosamente versátil, su carácter, su belleza y su pasión por el trabajo son dignos de admiración. Fue bailarina, actriz, directora, practicó el montanisño, el esquí y el buceo y en cada una de estas actividades se desempeñó muy bien, vivió la vida intensamente, dsfrutó de sus merecidos 102 años.

El pecado de ella fue haber realizado una obra maestra: El triunfo de la voluntad, en la que para desgracia de ella y no del arte, el protagonista fue Hitler. Durante la mayor parte de su vida esta valiente y orgullosa mujer luchó contra el estigma de ser considerada nazi y no artista. Las almas caritativas promotoras del amor y la paz universal se encargaron de hacerla sentir culpable de su trabajo y ella hasta el último momento dijo: la política no me interesa, lo que me interesa es la pasión por lo que se hace, el interés por el arte y el deseo de hacer obras de arte perfectas.

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"Siempre anduve a la búsqueda de lo insólito, de lo maravilloso y de los misterios de la vida". Así es como comienza Leni Riefenstahl su libro de memorias. Una mujer polémica, pero sin lugar a dudas una de las más grandes artistas del siglo XX. La visión de su ojo tras la cámara y sus innovadoras ideas, aún hoy inmersos como estamos en plena era digital, no han sido superadas.

Leni nació en Berlín en 1902. Comenzó su carrera como bailarina, hasta que una lesión de menisco la alejó temporalmente de la escena.
Era el año 1924 y una casualidad la llevó a ver una película del Dr. Arnold Fank sobre los montes dolomitas. Quedó tan impresionada por estas imágenes, que no paró hasta ponerse en contacto con él.
Fank escribió para ella la que sería su primera película, El Monte Sagrado. Este fue el principio de una estrecha colaboración que se prolongaría durante muchos años. Leni sobrevivió a las más duras condiciones de trabajo, escalando montañas con los pies descalzos, dejándose sepultar por aludes de nieve, pero también aprendió a mirar a través de la cámara.
Gracias a otra película, El acorazado Potemkin de Eisenstein, que la cautivó por su revolucionaria técnica, fue consciente por primera vez de que el cine podía ser también una forma de arte.
Fueron años de éxitos en los que poco a poco se fue labrando una reputación. Fundó su productora y tuvo las más variadas ofertas, incluyendo la de emigrar a Hollywood y convertirse en una gran estrella.
En 1932 dirigió La luz azul, que tras ser premiada en Venecia, la lanzó a la fama internacional.
En ese año tuvo también un encuentro que marcaría el resto de su vida. Estaba a punto de salir de viaje hacia Groenlandia, donde debía interpretar el papel de una aviadora en una película de la Universal, cuando recibió una sorprendente invitación, Hitler quería conocerla. Era un gran admirador de sus películas y estaba impresionado por la valentía de una guapa y joven mujer, que resistía sin dejarse dominar, a las presiones de la industria cinematográfica.
Volvieron a verse medio año después. Hitler sentía un creciente interés por todo lo que se relacionaba con ella. Leni se fue dando cuenta progresivamente de los peligros de esa amistad y se fue distanciando. No quería verse envuelta en intrigas políticas. Respetaba la figura del Hitler que prometía sacar a Alemania de la miseria, pero rechazaba sus ideas racistas. Conoció también a Goebels, a quien detestaba profundamente y con quien se enfrentó en numerosas ocasiones siendo éste ya Ministro de Propaganda.

Con la subida al poder del Tercer Reich, se vio obligada a aceptar la dirección de dos documentales sobre el congreso del partido, El triunfo de la fe (1933) y El triunfo de la voluntad (1936), esta última obtuvo el Premio Nacional de Cinematografía, la medalla de oro en la Bienal de Venecia, y medalla de oro también en la Exposición Universal de Paris en 1937. También realizó un corto sobre la Wermacht para acallar las críticas de los generales, furiosos de que el Führer hubiera encargado "tan honrosa tarea" a una dama.

Mientras tanto estuvo viajando por España para rodar los exteriores de Tierra Baja, que acabaría aparcada por falta de financiación.

Precursora de tomas que serán clásicas, utilizaba el traveling de modo completamente innovador.

Su siguiente trabajo fue Olimpíada, una epopeya sobre los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. En esta película tuvo a 60 operadores trabajando a sus ordenes y experimentó con métodos revolucionarios para la época. Mandó colocar ruedas bajo las cámaras para poder seguir la marcha de los atletas y cavar fosos en el estadio para captar los saltos desde una perspectiva aérea. Se valió de un objetivo de 600 mm, el de más largo alcance y de una cámara subacuática, ideada especialmente por uno de sus colaboradores para los saltos de trampolín.
El resultado fueron más de 400.000 metros de película, que tardaron cuatro meses en visionar. El trabajo de montaje duró casi dos años.
Esta fue una época no exenta de intrigas y maquinaciones, sobretodo por parte del Ministerio de Propaganda que quería hacerse con el control de la película.

600 mm. y cámara de cine submarina.

Cámara montada en una corredera y cámara montada en un globo.

Se estrenó el 20 de abril de 1938, el día en que Hitler cumplía años. Obtuvo un gran éxito tanto de público como de crítica y Leni emprendió una triunfal gira por Europa, avalada por un nuevo León de Oro conseguido en el Festival de Venecia.
Había conseguido su objetivo, crear una película cuyo interés perdurara con el tiempo.

El 9 de noviembre zarpó rumbo a América, acompañada por un secretario del Comité Olímpico y por Ernst Jäger, antiguo redactor de Film-Kurier, caído en desgracia al estar casado con "una mujer no aria" y por quien Leni intercedió personalmente ante Goebels.
Durante la travesía apenas recibieron noticias de Alemania y cuando a su llegada a N.Y. la prensa le preguntó su opinión acerca de lo acontecido durante la noche de los cristales rotos, su respuesta fue que no creía que nada de eso pudiera ser cierto. Los periódicos tergiversaron su respuesta, escribiendo que la Sra. Riefenstahl negaba las atrocidades cometidas contra los judíos.
Los tres meses de viaje resultaron un auténtico fracaso. Todos querían ver la Olimpíada pero por temor a las posibles represalias de la Liga Anti-Nazi, preferían guardar el secreto. La película era considerada una obra maestra pero nadie en EEUU se atrevería a distribuirla.
Poco antes de regresar a Alemania recibió una llamada que le informaba de la traición de Jäger. Había estado informando de cada uno de sus pasos y recibiendo cantidades de dinero que había pedido prestado en su nombre. También estaba en negociaciones con un periódico sensacionalista con el que se había comprometido a escribir las más infames calumnias. Por supuesto él no apareció para acompañarla en el viaje de regreso dejándola a merced de las iras de Goebels.

Se refugió de nuevo en las montañas, inmersa con los preparativos de una nueva obra, Pentesilea y se entrenaba duramente para poder ser la gran amazona que requería su papel. En todos sus trabajos se esforzaba por mostrar una increíble fortaleza, lo que contrastaba amargamente con su realidad cotidiana, ya que a lo largo de su vida ha tenido innumerables problemas de salud.
Trabajadora incansable hacía años que no sólo interpretaba y dirigía, sino que también escribía los guiones y cortaba y montaba la cinta.
A punto de comenzar el rodaje, recibió una llamada urgente que le comunicaba que debía volver inmediatamente a Berlín. Había empezado la guerra.

La expresión de Leni ante la barbarie nazi, con su marido Peter Jacob.

Con algunos de sus colabores partió como corresponsal a Polonia, donde fue testigo en primera línea de las atrocidades de la guerra. Quedó tan horrorizada que pidió autorización para regresar inmediatamente a Berlín y nunca más filmó escenas bélicas.
A su regresó comprobó que la industria cinematográfica seguía en pleno apogeo. No era el momento para Pentesilea porque los costes eran demasiado elevados, pero había una productora interesada en continuar con el rodaje de Tierra Baja.
Regresaron a España para seguir con el rodaje de exteriores, pero la escasez de divisas les hizo tener que trasladarse de nuevo a Alemania. En las montañas de Karwendel construyeron una aldea de estilo español y como extras contrataron a un grupo de gitanos de un campamento cercano. Después de la guerra se la acusó de haber sacado a estos gitanos de un campo de concentración y de haberlos utilizado como esclavos.

Durante aquellos años conoció al que más tarde sería su marido, un oficial del ejército llamado Peter Jacob. También tuvo dos pérdidas importantes, la muerte por enfermedad de su padre y la de su hermano, destrozado por una granada en el frente de Rusia.

Debido a los constantes bombardeos sobre Berlín se trasladó a Kitzbühel (Austria), donde depositó todo el material de sus películas, incluida Tierra Baja de la que tan sólo faltaba el trabajo de sincronización y montaje.

El caos que siguió al final de la guerra fue una época especialmente dura. Los americanos la detuvieron tres veces y las tres veces logró escapar. Cuando finalmente pudo regresar a su casa, se la habían confiscado. La obligaron a trasladarse junto a otras personas a un caserío a pocos kilómetros de allí, donde se reunió con su madre y con su marido.
Fue detenida nuevamente, encerrada en una celda e interrogada durante meses. Allí le mostraron por primera vez las terribles imágenes del holocausto. ¡Todo su mundo se vino abajo, nunca había sospechado que algo así hubiera podido ocurrir!.

Leni en todo su esplendor en la película Tierra Baja.

Un mes después de su puesta en libertad, los americanos se retiraban del Tirol para dejar a una guarnición francesa. Leni se negó a trasladarse ante la imposibilidad de llevarse consigo los rollos de Tierra Baja. Confiando en el documento que le habían dado los americanos y recordando los éxitos artísticos obtenidos en Francia, pensó que estaría a salvo.
Los franceses la encerraron de nuevo, su enfermedad se agravó y llegó incluso a pensar en el suicidio, asistida por uno de sus carceleros que le entregó un manual de cómo debía hacerlo. Su madre logró interceder por ella y la soltaron, para ver como al poco tiempo le confiscaban los pocos bienes que le quedaban, incluyendo el material fotográfico y el dinero de las cuentas de familia.
Les obligaron a trasladarse y ante la imposibilidad de dirigirse a Berlín, pensaron en Friburgo donde esperaban encontrar cobijo en la casa de Fank, que se desentendió completamente de ellos.
Vivieron meses en un cuartucho, pasando hambre y miseria. Su matrimonio fracasó, incapaz de soportar tantas tensiones.
Intentó recuperar algunas de sus pertenencias que incluían a la película Olimpiáda, dejadas a recaudo de un antiguo amigo y colaborador, pero se encontró con una desagradable sorpresa, éste se había apropiado de ellas.

Una mañana se presentó en su casa un coche militar que la condujo a la peor de las condenas, dejándola recluida en un manicomio. Allí permaneció durante tres meses en los que como una forma de "desnazificación" le estuvieron aplicando electoshocks.
¿Quién y porqué la odiaba tanto que quería destruirla e incapacitarla de tal forma?.

En diciembre de 1948 tuvo su primer juicio, que se saldó con un veredicto favorable, que reconocía su no-implicación ni en el partido ni en ninguna otra de sus ramificaciones.
El gobierno militar francés apeló esta sentencia y fue juzgada nuevamente en 1949, obteniendo un nuevo veredicto a su favor, en el que se hacía constar que contrariamente a las afirmaciones aparecidas en la prensa, no se había encontrado ni un testigo ni una sola prueba, de que su relación con Hitler excediese los límites del cumplimiento comercial de los encargos realizados a la artista, y con relación a la intención de hacer propaganda Nazi, se recordaba que antes de que estallara la guerra su película El triunfo de la Voluntad, había recibido las más altas distinciones internacionales.
Tras una nueva apelación, se la calificó como simpatizante aunque no perteneciente al partido.

Durante los siguientes años se vio envuelta en innumerables pleitos para recuperar sus pertenencias. Así se enteró de la ilegalidad cometida por los franceses al confiscar sus bienes y de que habían vulnerado sus derechos de autor al intentar montar los rollos de Tierra Baja con el fin de comercializarla directamente. Para tapar el escándalo y cubrirse ante posibles reclamaciones posteriores, estaban haciendo lo imposible para que no se le devolvieran e incluso habían intentado destruir la cinta.

En los años cincuenta intentó inútilmente reconstruir su carrera cinematográfica. Con el material recuperado hizo duplicados de La luz Azul, La Olimpíada y finalmente, veinte años después de haber sido empezada, pudo estrenar Tierra Baja.
A estos se sumaron otros proyectos como el de coproducir una película en Italia, o los tres guiones que escribió inspirados en España, pero cada vez que parecía obtener un éxito o vislumbraba un rayo de esperanza, aparecía en la prensa un artículo difamatorio que la obligaba a pleitear y acababa por frustrar el proyecto.

En 1961 desembarcó por primera vez en África, donde se enfrascó en la filmación de exteriores para otra película, Cargamento Negro, que tampoco vería nunca la luz.
En el Hospital de Nairobi donde se recuperaba de un gravísimo accidente que por poco le cuesta la vida, encontró en un número atrasado de la revista Stern, una fotografía que mostraba a unos guerreros de cuerpos esculturales, tan perfectos que parecían estatuas de Rodin. Como único indicativo podía leerse "Los Nuba de Kordofan".

Fotografías de Leni Riefenstahl durante su estancia en Africa
Apenas había información sobre esta tribu primitiva, que ni siquiera había sido visitada por misioneros. Situó el lugar como una provincia al Sur de Sudán y se obsesionó tanto con encontrar a estos Nuba, que un año después y con 60 años cumplidos, se enroló en una expedición que con fines etnológicos emprendía un viaje por esas tierras.
Ni las adversas condiciones en las que se realizaría el trabajo, durmiendo por falta de medios económicos en sacos de dormir en el suelo, ni el hecho de ser la única mujer entre un grupo de hombres, pudieron detenerla.

El tan anhelado encuentro no iba a defraudarla. Se integró perfectamente en las costumbres de la tribu, aprendió su lengua y compartió cobijo y mesa. El resultado fueron unas impactantes fotografías que dieron la vuelta al mundo.
Estas imágenes de luchas, ritos iniciáticos, fiestas de los muertos..., no habían sido nunca antes plasmadas por una cámara, incluso las que estaban prohibidas a los ojos de las mujeres, pudo Leni presenciarlas.
Había regresado a la escena pública, esta vez convertida en testigo excepcional de una tribu remota y primitiva que desgraciadamente no tardaría mucho tiempo en extinguirse. Devorados por la incipiente civilización, pocos años después se encontraría a sus "orgullosos guerreros" cubiertos con mugrientas camisetas.

En 1968 conoció a Horst Kettner, un joven cámara al que ella entrenó y que desde entonces se convertiría en su más estrecho colaborador. Junto a él se atrevió a adentrarse todavía más al Sur, en el interior de los remotos closed districts de Sudán, en busca de nuevas tribus que hubieran tenido poco o ningún contacto con el hombre blanco.

Su primer libro sobre los Nuba tardó diez años en publicarse. Sus enemigos volvieron a la carga acusándola de fascista. Algunos intelectuales alemanes creyeron ver en la perfección de estos atléticos desnudos, reminiscencias de la ideología nazi.
Un nuevo revés para esta mujer que siempre defendió la autonomía estética del arte.

Leni Riefenstahl se dedica en la actualidad a la realización de imágenes submarinas.

Conocí a Leni hace cinco años en Papúa Nueva Guinea. Tenía 92 años y era una entusiasta buceadora.
Había conseguido su certificado en Mombasa a la edad de 71 años y se había recorrido medio mundo buceando.
Nos encontramos en la plantación de Wallindi. Yo estaba trabajando a bordo del Tiata por lo que no pude disfrutar de su compañía todo lo que me hubiera gustado.
Cada mañana la veía organizar con una envidiable disciplina las inmersiones y las tomas que quería para ese día. Era una mujer de carácter, acostumbrada a mandar pero a la vez afectuosa y amable con todo el mundo.
Realizaba dos inmersiones diarias excepto los domingos, que los dedicaba a descansar y a contestar su enorme correspondencia.
Aunque fuera del agua tenía que ser ayudada porque su menudo cuerpo no hubiera podido soportar tanto peso, bajo ella se la veía disfrutar con su ingravidez como si fuera una niña.

Las últimas noticias que sobre ella tengo son del pasado mes de febrero. En un recorte de prensa leí que había sobrevivido milagrosamente al estrellarse la avioneta en la que viajaba por África.

http://www.fotosub.org/leni.htm

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