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Homenaje a Manuel Marulanda, por James Petras

por ensayista @ 2008-05-28 - 18:39:14

Este "homenaje" sólo puede ser escrito por un extranjero, en Colombia pasarán años para que se empiece a hablar y a escribir sobre el muerto más costoso de la Historia de Colombia. Es probable que en el futuro se hable de él como del Ché, es probable que los futuros presidentes de Colombia se precien de haber sido amigos suyos. En este momente publicar esta nota es ya un acto terrorista. Definitivamente el libro sobre política titulado la Idiotez de lo perfecto, de Jesús Silva Herzog es muy actual.

Si Alvaro Uribe da con el paradero del muerto, ¿qué fantasía realizará?

Homenaje a Manuel Marulanda
James Petras
Rebelión

Traducido para Cubadebate, Rebelión y Tlaxcala por Manuel Talens.
Dibujo de José Mercader.

Pedro Antonio Marín Marín, más conocido como Manuel Marulanda Vélez y “Tirofijo”, era el líder máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Fue, sin duda alguna, el campesino revolucionario más grande de la historia del continente americano. Durante sesenta años organizó movimientos campesinos y comunidades rurales y, cuando todas las vías democráticas legales se le cerraron de forma brutal, creó el ejército guerrillero más poderoso de América Latina y las milicias clandestinas que lo sustentaban. En su época de mayor apogeo, entre 1999 y 2005, las FARC contaban con casi 20.000 combatientes, varios cientos de miles de campesinos activistas y cientos de unidades de milicias comunales y urbanas. Incluso hoy, a pesar del desplazamiento forzoso de tres millones de campesinos como resultado de las políticas de tierra quemada y las masacres del gobierno, las FARC tienen entre 10.000 y 15.000 guerrilleros en sus numerosos frentes distribuidos por todo el país.

Lo que hace tan importantes los logros de Marulanda son sus habilidades organizativas, su agudeza estratégica y sus intransigentes posiciones programáticas, basadas en el apoyo a las exigencias populares. Más que cualquier otro líder guerrillero, Marulanda, tenía una compenetración sin par con los pobres de las zonas campesinas, los sin tierra, los cultivadores indigentes y los refugiados rurales durante tres generaciones.

Tras empezar en 1964 con dos docenas de campesinos que habían huido de pueblos devastados por una ofensiva militar dirigida por USA, Marulanda construyó metódicamente un ejército guerrillero revolucionario sin contribuciones económicas o materiales extranjeras. Más que cualquier otro líder guerrillero, Marulanda fue un gran maestro político rural. Las extraordinarias dotes organizativas de Marulanda se fueron refinando a través de su íntima vinculación con el campesinado. Como había crecido en una familia de campesinos pobres, vivió entre ellos cultivando y organizándolos: hablaba su mismo lenguaje, se ocupaba de sus necesidades diarias más básicas y de sus esperanzas de futuro. De manera conceptual, pero también a través de la experiencia cotidiana, Marulanda realizó una serie de operaciones políticas y militares estratégicas basadas en su brillante conocimiento del terreno geográfico y humano. Desde 1964 hasta su muerte, Marulanda derrotó o eludió al menos siete importantes ofensivas militares financiadas con más de siete mil millones de dólares de ayuda militar usamericana, que incluía miles de “boinas verdes”, cuerpos especiales, mercenarios, más de 250.000 militares colombianos y 35.000 paramilitares integrados en escuadrones de la muerte.

A diferencia de Cuba o Nicarangua, Marulanda construyó una base masiva organizada y entrenó una dirigencia en gran parte rural; declaró abiertamente su programa socialista y nunca recibió apoyo político o material de los denominados “capitalistas progresistas”. A diferencia de los corruptos y codiciosos gánsteres de Batista y Somoza, que saqueaban y se retiraban bajo presión, el ejército de Colombia era un formidable aparato represor, altamente entrenado y disciplinado, reforzado además por homicidas escuadrones de la muerte. A diferencia de otros muchos famosos guerrilleros “de afiche”, Marulanda fue un auténtico desconocido entre los elegantes editores izquierdistas de Londres, los nostálgicos sesentaiochistas parisinos y los socialistas eruditos de Nueva York. Marulanda pasó su tiempo exclusivamente en la “Colombia profunda”; prefería conversar y enseñar a los campesinos y enterarse de sus quejas a conceder entrevistas a periodistas occidentales ávidos de aventura. En lugar de escribir manifiestos grandilocuentes y adoptar poses fotogénicas prefería la pedagogía popular de los desheredados, estable y poco romántica pero sumamente eficaz. Marulanda viajó desde valles prácticamente inaccesibles a cordilleras, desde selvas a llanuras, siempre organizando, luchando... reclutando y entrenando a nuevos líderes. Evitó presentarse en los “foros de debate del mundo” o seguir la ruta de los turistas izquierdistas internacionales. Nunca visitó una capital extranjera y cuentan que jamás puso los pies en Bogotá, la capital de la nación. Pero tenía un amplio y profundo conocimiento de las exigencias de los afrocolombianos costeños; de los indiocolombianos de las montañas y la selva; de las ansias de tierra de millones de campesinos desplazados; de los nombres y direcciones de los terratenientes maltratadores que brutalizaban y violaban a los campesinos y a sus familiares.

Durante las décadas de los sesenta, los setenta y los ochenta, numerosos movimientos guerrilleros se levantaron en armas, lucharon con mayor o menor capacidad y, luego, desaparecieron asesinados, derrotados (algunos incluso se convirtieron en colaboradores) o se integraron en los partos y repartos electorales. Poco numerosos, luchaban en nombre de inexistentes “ejércitos populares”; la mayoría eran intelectuales, más familiarizados con los discursos europeos que con la microhistoria, la cultura popular y las leyendas de los pueblos a los que trataban de organizar. Fueron aislados, rodeados y arrasados; dejaron quizá una herencia bien publicitada de sacrificio ejemplar, pero no cambiaron nada sobre el terreno.

Por el contrario, Marulanda encajó los mejores golpes de los presidentes contrainsurgentes de Washington y Bogotá y se los devolvió al cien por cien. Por cada pueblo arrasado, Marulanda reclutó a docenas de campesinos luchadores, enfurecidos y desamparados, y los entrenó con suma paciencia para que fuesen cuadros y comandantes. Más que cualquier ejército guerrillero, las FARC llegaron a ser un ejército de todo el pueblo: un tercio de los comandantes eran mujeres, más del setenta por ciento eran campesinos, si bien se les asociaron intelectuales y profesionales, que fueron entrenados por cuadros del movimiento. Marulanda fue un hombre venerado por su estilo de vida excepcionalmente sencillo: compartió la lluvia torrencial bajo cubiertas de plástico. Millones de campesinos lo respetaban profundamente, pero nunca practicó el culto a la personalidad: era demasiado irreverente y modesto, prefería delegar las tareas importantes a una dirigencia colectiva, con mucha autonomía regional y flexibilidad táctica. Aceptó un amplio abanico de opiniones sobre tácticas, incluso si discrepaba profundamente de ellas. A principios de los ochenta, muchos cuadros y líderes decidieron probar la vía electoral, firmaron un “acuerdo de paz” con el presidente colombiano, crearon un partido –la Unión Patriótica– e hicieron elegir a numerosos alcaldes y diputados. Incluso obtuvieron cuantiosos votos en las elecciones presidenciales. Marulanda no se opuso públicamente al acuerdo, pero no abandonó las armas ni “bajó desde las montañas a la ciudad”. Mucho más lúcido que los profesionales y los sindicalistas que se postulaban en las elecciones, Marulanda comprendía al carácter extremadamente autoritario y brutal de la oligarquía y sus políticos. Sabía que los gobernantes de Colombia no aceptarían nunca una reforma agraria justa sólo porque unos “pocos campesinos analfabetos los derrotasen en las urnas”. En 1987, más de 5.000 miembros de la Unión Patriótica habían sido asesinados por los escuadrones de la muerte de la oligarquía, entre ellos tres candidatos a la presidencia, una docena de congresistas y mujeres y alcaldes y concejales. Los supervivientes huyeron a la selva y se reincorporaron a la lucha armada o se marcharon al exilio.

Marulanda era un maestro a la hora de romper los cercos y evitar las campañas de aniquilación, sobre todo las que diseñaron los mejores y más brillantes estrategas del centro de contrainsurgencia de los Cuerpos Especiales del US Fort Bragg y de la Escuela de las Américas. A finales de los noventa, las FARC habían ampliado su control a más de la mitad del país y bloqueaban autopistas y atacaban bases militares situadas a sólo 65 kilómetros de la capital. Muy debilitado, el entonces presidente Pastrana terminó por aceptar negociaciones serias de paz, en las que las FARC exigieron una zona desmilitarizada y un programa que incluía cambios estructurales básicos en el Estado, la economía y la sociedad.

A diferencia de las guerrillas centroamericanas, que cambiaron las armas por cargos electorales, antes de deponer las suyas Marulanda insistió en la redistribución de la tierra, en el desmantelamiento de los escuadrones de la muerte y en la destitución de los generales colombianos implicados en las masacres, en una economía mixta basada en buena medida en la nacionalización de los sectores económicos estratégicos y en la financiación a gran escala de los campesinos para el desarrollo de cosechas alternativas a la coca.

En Washington, el presidente Clinton asistía histérico a aquel espectáculo y se opuso a las negociaciones de paz, en especial al programa de reformas, así como a los debates públicos abiertos y a los foros de debate organizados por las FARC en la zona desmilitarizada, a los que asistía numerosa la sociedad civil colombiana. La aceptación por parte de Marulanda del debate democrático, la desmilitarización y los cambios estructurales desenmascara la mentira de los socialdemócratas occidentales y latinoamericanos y de los universitarios de centroizquierda, que lo acusaron de “militarista”. Washington trató de repetir el proceso de paz centroamericano engatusando a los jefes de FARC con la promesa de cargos electorales y privilegios a cambio de que vendiesen a los campesinos y a los colombianos pobres. Al mismo tiempo Clinton, con el apoyo de los dos partidos del Congreso, hizo aprobar un proyecto de ley de apropiación de dos mil millones de dólares para financiar el mayor y más sangriento programa de contrainsurgencia desde la guerra de Indochina, denominado “Plan Colombia”. El presidente Pastrana dio por terminado de forma abrupta el proceso de paz y envió soldados a la zona desmilitarizada para que capturasen a la cúpula de las FARC, pero cuando éstos llegaron, Marulanda y sus compañeros ya se habían ido de allí.

Desde el 2002 hasta ahora, las FARC han alternado los ataques ofensivos y las retiradas defensivas, en especial desde finales de 2006. Con una financiación sin precedentes y un apoyo tecnológico ultramoderno de USA, el nuevo presidente Álvaro Uribe –socio de narcotraficantes y organizador de escuadrones de la muerte– adoptó una política de tierra quemada para ensañarse con el campo colombiano. Entre su elección en 2002 y su reelección en 2006, más de 15.000 campesinos, sindicalistas, trabajadores de derechos humanos, periodistas y otros críticos fueron asesinados. Regiones enteras del campo fueron vaciadas: de la misma manera que en la Operación Phoenix usamericana en Vietnam, se contaminó la tierra de cultivo con herbicidas tóxicos. Más de 250.000 soldados y sus compinches paramilitares de los escuadrones de la muerte diezmaron amplias zonas del campo colombiano controladas por las FARC. Helicópteros proporcionados por Washington bombardearon la selva en misiones de búsqueda y destrucción (que no tenían nada que ver con la producción de coca o con el envío de cocaína a USA). Al destruir toda la oposición popular y las organizaciones campesinas y al desplazar a millones de colombianos, Uribe logró empujar a las FARC hacia regiones más remotas. Al igual que había hecho en el pasado, Marulanda asumió una estrategia de retirada táctica defensiva, abandonando territorio para proteger la capacidad de lucha de los guerrilleros en el futuro.

A diferencia de otros movimientos guerrilleros, las FARC no recibieron ningún apoyo material del exterior: Fidel Castro repudió públicamente la lucha armada y buscó lazos diplomáticos y comerciales con gobiernos de centroizquierda e incluso mejores relaciones con el brutal Uribe. Después de 2001, la Casa Blanca de Bush etiquetó a las FARC de “organización terrorista”, presionando a Ecuador y Venezuela para que restringiesen los movimientos fronterizos de las FARC en busca de abastecimientos. El “centroderecha” de Colombia se dividió entre los que prestaban un “apoyo crítico” a la guerra total de Uribe contra las FARC y los que protestaban infructuosamente contra la represión.

Es difícil imaginar que un movimiento guerrillero pueda sobrevivir frente a una financiación tan masiva de la contrainsurgencia, un cuarto de millón de soldados armados por el imperio, millones de desplazados de sus tierras y un presidente psicópata vinculado directamente con una cadena de 35.000 miembros de escuadrones de la muerte. Sin embargo, sereno y resuelto, Marulanda dirigió la retirada táctica; la idea de negociar una capitulación nunca se le pasó por la mente, ni a él ni a la cúpula de las FARC.

Las FARC no tienen frontera contigua con un país que lo apoye, como Vietnam la tenía con China; tampoco goza, como Vietnam, del suministro de armas de la URSS ni del apoyo masivo internacional de los grupos occidentales de solidaridad, como los sadinistas. Vivimos en una época en la que apoyar a los movimientos campesinos de liberación nacional no está “de moda”; en la que reconocer que el genio de líderes campesinos revolucionarios que construyen y mantienen la auténtica masa de los ejércitos populares es tabú en los pretenciosos, locuaces e impotentes Foros Sociales Mundiales, cuyo “mundo” excluye regularmente a los campesinos militantes y para los que “social” significa el constante intercambio de mensajes electrónicos entre fundaciones financiadas por ONG.

Es en este ambiente tan poco prometedor frente a las pírricas victorias de los presidentes de USA y Colombia donde podemos apreciar el genio político y la integridad personal de Manuel Marulanda, el más grande campesino revolucionario de América Latina. Su muerte no generará afiches o camisetas para estudiantes universitarios de clase media, pero vivirá eternamente en los corazones y las mentes de millones de campesinos de Colombia. Se le recordará siempre como “Tirofijo”, un ser de leyenda al que mataron una docena de veces y, a pesar de ello, regresó a los pueblos para compartir con los campesinos sus vidas sencillas. Tirofijo fue el único líder que era realmente “uno de ellos”, que durante medio siglo se enfrentó al aparato militar y mercenario yanqui y nunca fue capturado o derrotado.

Los desafió a todos en sus mansiones, sus palacios presidenciales, sus bases militares, sus cámaras de tortura y sus burguesas salas de redacción. Murió de muerte natural, después de sesenta años de lucha, en los brazos de sus queridos compañeros campesinos.

¡Tirofijo, presente!

El sociólogo James Petras nació en Boston el 17 de enero de 1937, de padres griegos, originarios de la isla de Lesbos. Ha publicado más de sesenta libros de economía política y, en el terreno de la ficción, cuatro colecciones de cuentos.

El escritor y traductor español Manuel Talens es miembro de Cubadebate , Rebelión y Tlaxcala , la red de traductores por la diversidad lingüística. En mayo de 2008 ha aparecido su libro de ensayos Cuba en el corazón.

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente.

http://iblnews.com/view.php?id=500506


 
 

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ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:03

Primero fue el mail, luego el chat, el msn, los foros, los blogs, y facebook. En Facebook también publiqué este post y, como es obvio, allá se mueven más los comentarios, ya nadie quiere ser blogger. Los comentarios de esta nota vale la pena compartirlos con los lectores de blogs.

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:04

Flanagan DJ escribió:

ayer a las 12:44

El cuentista Petras tiene aquí material para otra obra de ficción: Marulanda, un buen hombre.
El peor cáncer de Colombia y este tipo lo alaba? definitivamente hay que perdonarlo por ser extranjero y no haber vivido en carne propia la inmensa cantidad de masacres, robos y secuestros que vivió Colombia mientras este engendro del averno llamado tirofijo, hizo de las suyas en nuestra tierra. Ejemplo de sus equivocaciones:
"nunca recibió apoyo político o material de los denominados “capitalistas progresistas”. " Los capitalistas progresistas nunca dieron el apoyo voluntariamente, porque el malnacido los secuestraba o los obligaba a que dieran su "cuota" a la "revolución". Se le conoció como la ley del millón de dólares.
Marulanda era una escoria y que su alma arda en el infierno, si es que allá la reciben.

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:04

Elsy Rosas Crespo escribió:
ayer a las 13:00
Obra de ficción es lo que vivimos desde hace un tiempo en Colombia, empezando por el hecho de que un hombre como Alvaro Uribe seguramente sea reelegido de nuevo por un Pueblo que sabe con quién está tratando. La guerrilla, la parapolítica, personajes como el director de las fuerzas militares, el Inpec, el ministro de defensa... hasta la mujer del presidente, dan para una novela más asombrosa que cualquiera de las que se haya escrito en la literatura universal.

En este momento no se sabe qué es lo más preocupante en Colombia, si la euforia general de la gente por las noticias de muertes de los "malos", si la extradición de los paramilitares, si la complacencia de los medios con el gobierno, si la posible reelección de Uribe, si la imaginería mesiánica que se ha montado alrededor de la imagen de nuestro Salvador.

Tal vez Fernando Vallejo tenga razón al decir que Colombia es el país del odio.

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:05

Flanagan DJ escribió:
ayer a las 13:16
LA reelección de Uribe no me parece preocupante, más bien esperanzadora. Y la prueba de la capacidad democrática de Colombia se dará si es posible reelegirlo, que sea el pueblo quien hable, así como 10'000000 nos expresamos en contra del cáncer llamado farc.
Preocupante sí es que la corrupción haya alcanzado niveles tan altos, que el congreso no se autoregule, que Minagricultura le quiera dar tierras a empresas y no a desplazados, que Piedad siga hablando mal del país y siga aliada con Chávez, que medios como RCN se arrastren a los pies del Gobierno olvidando su labor periodística, que no se le hagan reformas a la ley 100 y que los profesores sean mediocres (en su mayoría y en la educación básica; no se me malinterprete) para perjuicio de las nuevas generaciones.
No es preocupante que delincuentes y asesinos sean extraditados; que los terroristas mueran, así sea de muerte natural; que alabemos lo bueno que ha hecho este Presidente y que critiquemos sus fallas

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:05

Elsy Rosas Crespo escribió:
ayer a las 13:30
La capacidad democrática de Uribe es proporcional a la amistad del gobierno con estados Unidos, no creo que sea esperanzadora, es vergonzosa. Yo no creo que sea el Pueblo quien hable, el Pueblo, en su mayorìa es muy ignorante y hace lo que ve hacer, la mayorìa del pueblo no es Alfa sino Omega y el Pueblo se siente respaldado si tiene por Presidente a un señor muy bravo que comple con lo que promete ymanda matar al por mayor. Si el Congreso es ilegímitimo el gobierno es ilegítimo, si un Presidente ofrece cinco mil millones de pesos por un muerte y se desentiende de la pobreza, el desempleo, la parapolítica, el narcotráfico... si se empeña en convencer al Pueblo de que Colombia es el país más feliz de la tierra y el Pueblo le cree y siente que Colombia es ese paraíso del que él habla, entonces el pueblo está completamente enceguecido de amor y el amor lleva a la gente a cometer locuras y estupideces, a decir mentiras y creérselas.

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:06

Sr. Burns escribió:
ayer a las 15:09
Le faltó decir, en la alegoría a Marulanda: Tirofijo FRACASÓ. Desangró al país, contribuyó a la aparición de las nefastas AUC, Etc. La sociedad colombiana nunca se arrodilló ante su grupo de hampones sinvergüenzas. La sociedad colombiana lo derrotó. Murió en el monte, alejado de su familia; murió en la tristeza de su destino. No a la violencia, en ninguna de sus formas. La violencia nunca se justifica. FARC, seguid el ejemplo del Polo Democrático. Izquierda en democracia.

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:06

Elsy Rosas Crespo escribió:
ayer a las 16:15
Sr. Burns, la pregunta que nos queda a los desconfiados es la siguiente:

¿Después de que Nuestro Salvador extermine las tres plagas:
Farc, Auc y narcotráfico (sin contar con las diferentes ramificaciones: pobreza, desempleo, desigualdad, impunidad, resentimiento, odio....), podrá El, en su Infinita Sabiduría evitar que nuevos inconformes se vuelvan a revelar?

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:06

Carlos Herrera escribió:
ayer a las 19:06
jajaja risas ramos de risas........todo esto qué es? una comedia colombiana?jajajajjajajaja

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:06

Flanagan DJ escribió:
ayer a las 20:02
Elsy, siempre habrá inconformes; es la naturaleza humana. Pero, como he mencionado anteriormente, habiendo eliminado el mal mayor se podrá proceder a eliminar la corrupción (el segundo de los males) y de ahí se podrá trabajar arduamente en educación y salud y el paraíso llegará por añadidura

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:07

Carlos Herrera escribió:
ayer a las 20:04
jajajjaa....las Farc no son la causa sino la consecuencia...........jajjaajaja.........

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:09

Elsy Rosas Crespo escribió:
a las 8:35
Flanagan DJ, hay varios males mayores en Colombia:

1. Vivimos en una lucha bipartidista eterna desde antes de liberarnos de España, de la historia reciente: liberales contra conservadores, Millonarios contra Santafé, Guerrilleros contra paramilitares y ahora, en la moda de la globalización, terroristas contra uribistas.

El mal mayor de todos es la injusticia social, la poca generosidad y amor patrio de los amos de la patria.

Yo no creo en el paraíso, el problema de las teorías políticas es que son para aplicarlas en comunidades humanas y la mayoría de la gente es mala gente, por eso fracasa la izquierda y la derecha.

La mejor educación es la que reciben los autodidactas y la base de la buena salud es la buena alimentación y la paz, para alimentarnos necesitamos plata y para conseguir plata necesitamos trabajo y el trabajo o no existe o la mayoría de la gente recibe muy poca plata para alimentar a sus quince hijos. Conclusión: el problema no tiene solución.

ensayistaensayista [Miembro]
29.05.08 @ 16:09

Elsy Rosas Crespo escribió:
a las 8:38
Carlos Herrera, gracias por tus comentarios, hacen falta en medio de tanta solemnidad.

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