Hay gente a la que le cuesta mucho trabajo creer que se pueda ser amigo de una persona a la que nunca se ha visto ni se va a ver porque a las dos les es indiferente conocerse personalmente ya que cuentan con algo que puede llegar a ser más fuerte que los lazos que crean las amistades de gente real que realiza acciones reales y que por lo general no se comunica a través de la escritura porque para eso existe el teléfono.
Las amistades virtuales pueden llegar a ser más auténticas que las reales, más cuando a los dos amigos les gusta escribir, se esfuerzan por decir la verdad y no necesitan hacerse las preguntas de rigor porque estas preguntas se hacen sólo cuando se tiene la certeza del contacto real. Para los amigos virtuales es indiferente el derroche de dinero y fuerza, el consumo fastuoso como mecanismo de reafirmación personal, el buen comportamiento en la mesa, la destreza para usar los cubiertos y sortear la carta. Un hispanohablante se puede reconocer con otro sin el interrogatorio de rigor relacionado con comprobaciones de tipo étnico, económico, político, social y familiar; no se pasa por una pormenorizada exploración acerca del sitio de trabajo, el barrio en que vive, la ropa que usa y la gente que conoce; no se dirá de ellos que son presuntuosos, tremendamente seguros de su superioridad, siempre diciendo trivialidades y sin una sola idea auténtica en la cabeza, porque estos comentarios son dignos de las personas reales que se reúnen con otros personas reales, que, por lo general, son sus mejores amigos.
Lo más grato de las amistades virtuales es que se recuerda lo mejor de ellos, lo que escriben. Sus palabras valen más que su belleza, su juventud o su forma de vestir, no hay mal aliento ni voz chillona ni timidez porque la escritura es bendita y puede hacernos decir más de lo que dicen las miradas o la forma de bailar.
Cuando un amigo virtual muere la sensación de vacío es similar a la que se experimenta cuando muere un amigo real; hace poco murió un amigo virtual de una comunidad virtual. Cuando muere una persona real recordamos su rostro, con los amigos virtuales la mente trata de crear un rostro real en quien pensar y nunca lo logra, el amigo virtual no es una persona con rostro, tampoco es un ser de ficción.
De la misma forma en que algunos amigos reales mueren sin que nosotros nos enteremos, también deben morir los amigos virtuales, el asunto con ellos es que no es fácil saber si nuestro amigo se molestó por alguna impertinencia, está enfermo, disfruta de un largo viaje o ha muerto. Mi amigo de mayor edad es Juan Carlos Devizenci, él es argentino, vive muy cerca de la casa de Ernesto Sábato, tiene blog y apareció hace más de dos años en el mío; hace más de tres meses que Juan Carlos no deja comentarios en mis posts, tampoco me ha enviado correos, si alguien sabe de él le agradezco cualquer información; después de Matías y Carlos Lázaro él es mi mejor amigo virtual, me inquieta porque tiene más de ochenta años.













19.06.08 @ 18:56