Primer problema. Es injusto tratar de explicar la vida de los muertos; el biógrafo puede mentir o especular a sus anchas y al objeto de estudio no le queda más alternativa que ser expuesto por otro después de la vida -cuando no tiene tiempo para defenderse ni justificarse- a ser puesto en ridículo, a ver comprometida su intimidad por alguien que seguramente es incapaz de expresar la propia. El sueño de los biógrafos es delimitar la naturaleza del genio, sospechan que si conversan con la familia, los amores, los compañeros de trabajo, los vecinos; si cuentan los libros de su biblioteca, analizan la forma en que organizaba la ropa interior, saborean con atención el postre favorito que preparaba mientras dormitaba en su estudio en la penumbra de una tarde melancólica; si recorren los lugares que la estrella recorrió, las ciudades que visitó o si no las visitó, las bibliotecas y revistas a las que se suscribió, la música que escuchó a lo largo de la vida o si cambió de gusto, cuál fue el móvil que produjo la transformación. El biógrafo no podrá saber qué es lo que más disfrutaba, por qué le gustaba tanto. Lo más amable de la vida son las actividades sencillas, tanto que no vale la pena mencionarlas.

"Yo no tengo lavadora porque me gusta lavar la ropa a mano, me gusta ver la espuma, el olor del jabón, me divierte el movimiento. Colgar la ropa también es gracioso, ver la gotas que caen y como caen, me gusta ver secar la ropa, esperar, descolgarla, ponerla sobre la cama y luego pasar la plancha por la ropa recién lavada, mi olor favorito es el de la ropa limpia recién planchada lista para colgarla de nuevo. Yo no lavo ni plancho en grupo, lo hago sola y es una de las experiencias que más disfruto en la vida, podría mi biógrafo sospechar que siendo yo genio me emocionaba tanto al realizar estas actividades tan banales, podría mi biógrafo saber que el mejor recuerdo de la infancia tiene que ver con lana y agujas, con el tejido en una aguja o en dos, pero, eso es cosa de señoras, no de niñas, las niñas no tejen cobijas para ellas mismas a mano. También me gustaban las cometas y los globos, los elevaba sin viento, me gustaba hacer burbujas con saliva, darle de comer a las palomas y lanzarme al vacío desde la terraza de mi casa sólo por la curiosidad de saber si uno se muere cuando quiere o cuando le llega su hora. Lavar, planchar, tejer, elevar globos sin viento, burbujas con saliva, lanzarse al vacío son actividades mecánicas y repetivivas, escenarios ideales para reflexionar".

Segundo problema. Para el biógrafo el contexto vale más que la persona. Si el genio fue pobre en la infancia la pobreza lo convirtió en genio, si fue desplazado o exiliado mucho mejor, si nació en el Bronx es el personaje ideal, si pasó hambre, frío, enfermedades, horfandad, humillación, violaciones de todo tipo, su grandeza está más que justicada, se trata de un ser ennoblecido en medio de tanta adversidad por más que este genio haya tenido doce hermanos y el único genio haya sido él. Si el genio fue rico en la infancia la riqueza contribuyó de manera innegable, parte de la grandeza del genio es su riqueza y gracias a la riqueza llegó a la genialidad por más que haya tenido doce hermanos que vivieron con el genio durante más de dioce años y el único genio haya sido él. Si el genio tuvo padres déspotas, alcohólicos, drogadictos, vagos, irresponsables, este contexto malsano fue fundamental para justificar la naturaleza del genio por más que haya tenido doce hermanos. Lo que la persona haga como persona a lo largo de la vida tiene poca importancia, importa el contexto político, económico, social, intelectual, el clima, los amigos, los amores, las mascotas, él es sólo un accidente ocasional en un contexto bastante más complejo.

Emly Dickinson. Soledad, fealdad, enfermedad, padre culto, lindo jardín, mascotas cariñosas, biblioteca, correspondencia fluida con Thomas Wentword Higginson.

"Cuando frecuentaba el bosque de pequeña, me decían que una serpiente podría picarme, que podría coger una flor venenosa o que los duendes me podrían raptar, pero continué yendo y no encontré sino ángeles, mucho más tímidos ante mí de lo que yo pudiera sentirme ante ellos".

"Si leo un libro y siento que mi cuerpo entero se siente tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Esta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?"

Virginia Woolf. Locura, melancolía, exceso de lectura y reflexión, padre culto, tertulia, dinero, habitación propia, suicidio, esmerada educación.

"Acude todos los días a la oficina. Cada año publica un libro... Al poco tiempo es ya incapaz de entrar en una habitación sin hacernos sentir incómodos; adopta una actitud condescendiente hacia toda mujer que se encuentra y no se atreve a decirle la verdad ni a su esposa"

"Expresar cualquier tipo de valía, tanto intelectual como moral, mediante el uso de trozos de metal, de cintas, o de caperuzas o capas de colores, es una barbaridad que merece el mismo ridículo que reservamos a los ritos de los salvajes".

Marlon Brando. Huérfano de su adorada madre, rebelde sin causa, hermoso, déspota.

El odio: me gusta odiar porque es un sentimiento auténtico y sincero.

El sexo: la mercancía más vendida del mundo.

La fidelidad: posible entre hombres, muy difícil entre mujeres.

E trabajo: no ennoblece en absoluto pero a veces es necesario.

La honestidad: hay dos tipos: la pequena, en relación con el dinero. Y la grande, la única realmente auténtica, que se relaciona con el "espíritu".