Cuando Stella acompañó a Virginia hasta el lecho de su madre para darle un último beso, ésta retrocedió ante la inesperada dureza y frialdad granítica de la piel y "cuando Stella me pidió que la perdonase por haberme causado aquella impresión, me eché a llorar... y dije: "cuando veo a mamá, veo a un hombre sentado a su lado". Virginia se dio cuenta de que sus palabras, dichas de aquella manera a bocajarro, habían asustado a Stella, pero en lugar de manifestar alguna cosa o de desmentir lo que acababa de oír, después de una pausa momentánea durante la cual posiblemente estuvo pensando en su propio padre, que había muerto hacía mucho tiempo, dijo: "Mejor que no esté sola", ofreciendo de este modo a la pequeña una aceptación amable y una imagen consoladora de aquella visión.
Jane Dunn, en Vanessa Bell - Virginia Woolf. Historia de una conspiración. Barcelona. Circe. 1993: 57.

