Crearé un hombre y una mujer, los mostraré crecer sin conocerse, sin encontrarse, pero todo el tiempo se los sentirá acercarse más y más. Está será la parte verdaderamente excitante, pero, cuando están a punto de encontrarse, separados sólo por una puerta, el espectador ve que no lo consiguen y se van por una tangente, y nunca vuelven a estar cerca el uno del otro. Habrá océanos de conversación y emociones sin fin.
Virginia Woolf, en una carta dirigida a Violet Dickinson, 27 de diciembre de 1902, en Cartas a mujeres (selección de Nora Catelli). Barcelona. Lumen. 1993: 24.
