Viví con mi familia feliz hasta los 19 años. Mi papi decidió comprar otra casa y yo decidí quedarme en la que pasé toda la infancia, una casa como la que impone Julio Ramón Ribeyro:
"Es necesario dotar a todo niño de una casa. Un lugar que, aún perdido, pueda más tarde servirle de refugio y recorrer con la imaginación buscando su alcoba, sus juegos, sus fantasmas... al niño hay que dársela porque no olvidará nada de ella, nada será desperdiciado, su memoria conservará el color de sus muros, el aire de sus ventanas, las manchas del cielo raso y hasta "la figura escondida en las venas del mármol de la chimenea". Todo para él será atesoramiento.... para el niño la casa es su mundo... La casa, la verdadera, es el lugar donde transcurre y se transforma, en el marco de la tentación, del ensueño, de la fantasía, de la depredación, del hallazgo y del deslumbramiento... Lo que seremos está allí, en su configuración y sus objetos. Nada en el mundo abierto y andarín podrá reemplazar al espacio cerrado de nuestra infancia, donde algo ocurrió que nos hizo diferentes y que aún perdura y que podemos rescatar cuando recordamos aquel lugar de nuestra casa".
Viví de los 19 a los 34 sola en la misma casa en la que viví de los 0 a los 19 acompañada; los demás, los padres y los dos hermanos menores, mis hijos adoptivos, vivían muy cerca, a cinco minutos de donde vivía yo. Leyendo a Séneca y a Flaubert me parecía de ensueño vivir toda la vida en la misma casa, pero no, decidí comprar Mi casa, una casa mucho más pequeña, pero casa en todo caso, le faltan las escaleras amplias, las barandas en las que nos delizábamos cuando éramos niños, la terreza amplía para elevar cometas hasta los 15 años y el tejado amplísimo y disponible con autorización absoluta de mis padres, que sin haber profundizado en ninguna teoría sobre cómo educar a los niños terminaron aplicando el anarquismo en su máxima expresión. Yo no tuve hijos porque hubiera sido incapaz de ser tan buena madre como la mía, me hubiera avergonzado ante ella que sin ser tan docta es toda una Maestra.
Siempre he tenido sueños recurrentes, sueños que no se sacan de la mente durante todo el día. El sueño que se repite sin cesar en la casa nueva tiene que ver con la casa antigua y con la relación con mi familia, sueño que vivo en la casa con ellos, siento la necesidad de independizarme, irme de esa casa, dejar de seguir viviendo como una niña siendo adulta. Me despierto convencida de que el sueño es real, de que siempre he vivido acompañada de mi familia, miro por la ventana, mira la casa, me convenzo de que vivo sola hace 19 años y desde hace cuatro años muy lejos de la casa de mi infancia y de la casa de mis padres y mis hermanos menores. ¿Alguién me puede explicar qué quieren decirme a través de este sueño?
