1. El primer amor
El primer amor me inspiró para pensar en la Superación del amor alucinado , un texto escrito al son de la música, la risa, el llanto, los recuerdos y los consejos de un amigo que quiso hacerse mi asesor de imagen y mi corrector de estilo. El primer amor es el amor inocente, el de las promesas, el de la perfección, el del miedo, el del Homo Sapiens, el amor que produce risa después de que ha pasado el tiempo suficiente para comprender que es más humano y menos dramático el segundo amor. Con el primer amor es imposible pensar en un segundo amor, es para siempre. Lo más noble de mi primer amor es que ese Amor no terminó consolidado a través de una bella familia, si el milagro se hubiera realizado yo sería una señora casada con un señor, llevaríamos amándonos veinte años, seguramente tendríamos dos lindos niños: uno de doce y otro de catorce y gracias a mi realización como mujer y como madre, me hubiera negado la posibilidad de saber lo que significa el segundo amor, no sabría, por ejemplo, que con el segundo amor se piensa si será posible amar sin que se repita la experiencia triste del primero y la tranquilidad del segundo ¿será posible que haya un tercer amor, el Amor Verdadero, un amor que no sea interferido por la culpa y que no esté mediado por la mentira con el supuesto de que yo fuera una Señora casada con unos lindos niños ante quienes tengo que recrear la imagen de la virgen, la pura y la Santa Madre? No debe ser agradable ser amante y jugar a la señora cuando está con la familia mientras se recuerdan escenas que se reproducen en el televisor y ante un espejo en el techo, demasiado olor a ambientador de buseta en una cama alquilada por tres horas y el bochorno que implica la entrada y la salida de estos sitios; esas emociones deben tener alguna relación con la culpa y el placer que producen a veces las visitas a los casinos en las mujeres tacañas y a los prostíbulos en los hombres que respetan a las mujeres.
Con mis amores he descubierto que no me gustan los hombres mayores, la voz de la experiencia, la realización de la búsqueda eterna de mi segundo papá. No me gusta el amor de los Casanovas criollos.
2. El Casanova criollo (que por lo general se las da de intelectual)
Entre mi primero y mi segundo amor, un periodo largo de ocho años, el suficiente para olvidarse de una relación que se alargó más de lo necesario, dos Casanovas gozaron de los favores casi sexuales de esta dama, los dos padecían en secreto un doloroso drama: la disfunción eréctil.
¿Cómo se reconoce un Casanova criollo?
1. Es mayor que la dama.
2. Parece culto.
3. Habla mucho.
4. Le dice a la dama que tiene las labios carnosos.
5. Ante las mujeres en general se ve como un gran seductor (y gran amante).
6. Le gusta bailar y baila de tal manera que todas se "enamoren" de él.
7. Baila con todas las mujeres y con todas conversa mientras baila.
8. Su mirada es característica (un poco lujuriosa).
9. Le gusta pasarse saliva por los labios mientras habla.
10. Es un hombre que ha vivido mucho, le gusta narrar sus hazañas a las mujeres.
11. Se hace pasar por un hombre muy sensible que ha sufrido mucho y ha buscado el amor sin éxito.
12. Cuando la dama ha sido seducida el sexo pasa a ocupar un gran primer plano en las conversaciones, este hombre jura ser un Maestro en el arte de "hacer el amor" dispuesto a enseñar a la dama -que parece demasiado recatada- a gozar de estos placeres.
13. Cuando llega el momento de la entrega llega con salchichas, Gatorade, galletas, aceites, lindas palabras y miradas sublimes.
14. Cuando llega el momento del acto final resulta ser un verdadero fracaso, no se puede consolidar a través del Acto la realización del Amor porque el Casanova está muy ansioso o simplemente porque físicamente le resulta imposible mostrar sus destrezas.
Un día mi hermano vino a visitarme, no se nos ocurría qué hacer, no sé por qué terminamos en una sala de chat, yo hablé con un dominicano, le pregunté si el baile del perrito era el himno de este país, no me acuerdo de qué más hablamos. Era la primera vez que chateaba y me parecía un milagro que se pudiera hablar con tantas personas de diferentes países y que fuera tan fácil encontrar hombres dispuestos a dar amor a una mujer a la que no conocían, recibí varias llamadas a las doce de la noche o dos de la mañana de amores virtuales que querían hablar con su novia, para mí eso no era amor, no puedo concebir el amor sin el cuerpo. Un día se me ocurrió entrar a la sala Colombia para conversar con alguien de Bogotá y apareció Durckeim, por qué Durckeim, de dónde eres, qué edad tienes, cuánto mides, dónde vives, qué buscas... Explicación sociológica, Bogotá, 21, 1.78, cerca de tu casa ¿No serás mi sobrino? su nombre es Andrés y también es muy joven. Conversamos con Andrés durante más o menos una hora y decidimos encontrarnos ese día, el 5 de mayo del 2005 a las 6:30, esa breve conversación fue suficiente para que los dos nos mostráramos muy interesados en pasar de lo virtual a lo real y como los dos digitamos muy rápido y nuestra expresión escrita es similar, en una hora compartimos amplias apreciaciones sobre un tema que nos obsesiona a los dos: el amor. Cuando nos encontramos continuamos nuestra conversación, yo hablaba mucho más que él, el tema ya no era el amor sino lo cotidiano, como si lo conociera y tuviera derecho a confiar en él, caminamos hasta cerca de mi casa, entramos a un bar y luego vienen las escenas como de película: un hombre tímido, una mujer muy seria, música, cerveza, risa, un beso, un "quiero amarte" en los labios de un hombre que no sabe por qué le dice eso a una mujer que acaba de conocer y lo más sorprendente: ella dice "sí, vamos a mi casa, es muy cerca". Salen del bar, caminan en silencio, dudan, temen, se arrepienten un poco pero no dan marcha atrás. Como Andrés no es un Casanova la experiencia fue muy agradable, borrosa, como si no hubiera sido real, para convencerse de que realmente pasó Andrés encontró cerca de su cama al otro día una manzana, unas galletas y un texto: superación del amor alucinado. La profesora no sabe por qué le dio este regalo a Andrés.
La familia se asustó, puede ser un ladrón. Mi asesor de imagen dijo: "me avisa cuando la dejen" y, mientras tanto, Andrés y yo seguíamos viéndonos con mucha frecuencia con la sensación de que lo que ocurría era muy extraño como para que fuera cierto. Andrés me gusta cada día más y cada día tengo más claro que lo quiero como se quiere la segunda vez, compartimos varios gustos: nos gusta el sexo con amor, con una sola persona y creemos que un simple beso es infidelidad, yo confío y él confía aunque ambos tengamos amigos y también podamos compartir con ellos lo que suele ser visto como digno de enamorados: la cerveza y el cine. A los dos nos traicionaron en el pasado y por eso nos cuesta tanto trabajo confiar, más si tenemos en cuenta la forma en que nos conocimos, como gente fácil y desapasionada. Andrés y yo somos Géminis y esa es una gran ventaja porque podemos hacer muchas cosas sin pensar que nos ven como a idiotas: podemos hablar como niños, mimarnos como niños y pelear como niños. Nos gusta jugar ping pong, el deporte favorito de los Géminis, hablamos mucho, podemos hablar durante varias horas seguidas con la seguridad de que al otro le importa saber lo que el otro dice aunque ese tema no sea el que más le interesa, los dos tenemos perfil de perdedores en nuestro respectivos campos: yo paso las vacaciones leyendo y viendo películas en vez de estar en Chile o en Argentina y Andrés no es amigo del baile, los prostíbulos y las borracheras de todos los viernes, en varias ocasiones le han preguntado con reverencia: ¿"eres cristiano"?. como me preguntan a veces a mí por qué no me presento a un concurso de ensayo o presento un proyecto de investigación en Colciencias o me busco más horas en otra universidad.
