Autoidolatría.

Hablar sin pasión.

Potencia de la idea fija.

Supernaturalismo e ironía.

Si intentas gustar acabarás rebajándote.

Contar altisonantemente cosas cómicas.

No dramatices nunca, simplifica siempre.

Siempre se pierde algo al darse al público.

A la larga sólo el bien es digno de atención.

De lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso.

La franqueza absoluta. Medio de originalidad.

Nunca conozcas a un escritor si te gustó el libro.

Habla irónicamente sin sonreir. Sonríe sin hablar.

Hay en nosotros algo más profundo que el cerebro.

En cuanto nuestro corazón se enternece se debilita.

Dos excesos: excluir la razón, no admitir sino la razón.

Ganar delicadeza sin perder fuerza, ése es el problema.

La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla.

Nunca intentes levantar palabras que no puedas sostener.

Debe haber idealismo, pero también debe haber desprecio.

No hay más verdad que la fuerza, que es la justicia suprema.

Es el ritmo lo que cuenta, no la lógica o la dignidad del estilo.

Una opinión imparcial carece siempre y en absoluto de valor.

Quien desee dominar a los otros no puede dejarse escandalizar.

Todo lo que pido es un lugar tranquilo y vecinos sordos y mudos.

Saluda también con los ojos o con una sonrisa. Nunca con la boca.

Muchas cosas que causan terror de noche, el día las torna ridículas.

La gratitud es el único secreto que no puede revelarse por sí mismo.

De vez en cuando tengo un sobresalto al verme a través de la mirada ajena.

El mundo quiere ser engañado. Y se pondrá seriamente furioso si no lo haces.

Dele a alguien un nombre prestigioso y ya está a medio camino de ser un imbécil.

¿Cuándo eres realmente viejo? Cuando ya no te causa placer tener un público.

Las pasiones son buenas, pero no en exceso; hacen perder mucho tiempo.

Se llegan a hacer cosas hermosas a fuerza de paciencia y de larga energía.

Sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan.

El buen gusto es la capacidad de neutralizar continuamente la exageración.

No debes hablar cínicamente como mucha frecuencia. Pero debes serlo siempre.

Me gustan los tipos tajantes y energúmenos. Sin fanatismo no se hace nada grande.

Todos los grandes voluptuosos son púdicos; hasta ahora no he visto excepciones.

Cuando más dura la ironía, menos enérgico tendrá que ser el modo en que se lo diga.

Siempre hay una cosa por la que estar agradecido -y es que uno sea uno mismo y no otro.

No te burles de nadie. A fin de cuentas, nadie entiende una broma que se hace costa suya.

¡Qué mecánica supone lo natural, y cuántas artimañas hacen falta para ser auténtico!

No creo en el remordimiento: es una palabra de melodrama que jamás consideré auténtica.

La mayoría de los escritores tienen el egotismo de los actores sin su belleza física ni su encanto.

Más que galopar, Pegaso suele ir al paso. Todo el talento consiste en tomar el ritmo que uno quiere.

La naturaleza exterior nos avergüenza: es de una serenidad desoladora para nuestro orgullo.

Si uno tiene un estilo, no se lo pueden robar. Como regla general, sólo pueden robar los defectos.

El credo realista que domina nuestra literatura no se debe tanto a las malas teorías como al mal arte.

La suprema adquisición de la razón consiste en reconocer que hay una infinidad de cosas que la sobrepasan.

Su pensamiento es tan solemne y cautivador que le deja a uno más fuerte y mas débil también, a Sanción de la Dicha.

La mayor parte de nuestros Momentos son Momentos del Prólogo. "Siete Semanas" es una larga vida - si se viven del todo.

Más vale inclinarse por la duda que por la seguridad en cosas difíciles de probar y peligrosas de creer.

El modo más pérfido de hacer daño a una causa es defenderla deliberadamente con malos argumentos.

Para aguantar todo lo que precisas, ángel mío, hazte una coraza secreta compuesta de poesía y orgullo.

No me gusta ningún escritor para quien un rasgo de ingenio laborioso y retorcido sea mejor que una simple verdad.

Hay que apoyarse sobre los fuertes y sobre lo eterno, y no sobre nuestras pasiones tornasoladas y cambiantes.

En el momento en que uno empieza a hablar de técnica está dando pruebas de que se está quedando sin ideas.

Cuando uno vale algo, buscar el éxito es estropearse sin motivo, y buscar la gloria es quizá perderse completamente.

Toda poesía que no exagera es auténtica y todo lo que produce una impresión duradera y profunda no es exagerado.

Decir las cosas tan sencillamente que parece que no se han pensado y con tanta certeza, que se ve bien cómo se piensa.

Soy un trabajador espasmódico sin horarios regulares, lo que equivale a decir que sólo escribo cuando tengo ganas.

Uno de los pocos beneficios de no ser tan joven como se fue es que uno puede decir lo que quiere porque ya no le importa nada.

No veo sino infinitos en todo, que me encierran como un átomo, y como una sombra, que no dura sino un instante y ya no vuelve.

Aquél que afirma que la vida es bella y los hombres buenos es, o bien un imbécil, o bien uno del que deberías tener mucho cuidado.

Uno aprende, cuando se hace viejo, que ninguna ficción puede ser tan extraña ni parecer tan improbable, como lo sería la simple verdad.

El artista debe arreglarse para hacer creer a la posteridad que no ha vivido. Cuanto menor es la idea que me formo de él, más grande resulta.

La frase con alambre de púas, la palabra laboriosamente rara, la afectación intelectual del estilo, son todos trucos divertidos, pero inútiles.

Lo que constituye la fuerza de una obra es el empalme, como se dice vulgarmente, es decir, una larga energía que corre de un extremo a otro y que no flaquea.

La oreja de un cerdo seguirá pareciendo la oreja de un cerdo aun cuando uno la ponga en un marco y la cuelgue en la pared y diga que es arte francés moderno.

Si te acomete la Gran Ira, emprende algo de inmediato. Si no tienes nada más al alcance de la mano, explica a una niña de seis años el poder de la luz de la luna.

No hables en voz baja demasiado tiempo. Hace suponer que te has acostumbrado a ello por razones indignas. (Pero habla siempre en voz baja por teléfono).

Porque un imbécil tenga dos pies como yo, en vez de cuatro como un burro, no me creo obligado a quererlo, o al menos, a decir que lo quiero y que me interesa.

Soy estrictamente del tipo de los que se quedan al fondo, y mi carácter es una mezcla no llevadera de indiferencia exterior y arrogancia interior.

Uno puede preferir un barrio de vida libre y fácil donde rompan las botellas vacías en la acera los sábados por la noche. Pero en la práctica no es muy cómodo.

Nuestro autor radial vino una vez a verme aquí y se sentó frente a esta ventana y lloró de lo hermosa que encontraba la vista. Pero nosotros vivimos aquí, y al diablo con la vista.

Lo que hace dulces los días es la expansión de la mente, la comunión de ideas, el relato confidencial de lo que se ha soñado, de lo que se desea, de todo lo que se piensa.

No te repitas jamás. Si a las tres has dicho algo estupendamente ingenioso y lo repites dos veces en la siguiente hora, todos se inclinarán a pensar que eres un imbécil.

En toda confesión, en toda representación, se introduce fácilmente la deformación, y lo más tierno, lo indecible, se puede convertir, con un movimiento de la mano, en vulgar.

Hay que poner el corazón en el arte, la inteligencia en el comercio del mundo, el cuerpo allá donde se encuentre bien, la bolsa en el bolsillo y la esperanza en parte alguna.

La alabanza o la censura no tienen sino un efecto momentáneo en aquellos en quienes el amor por la belleza en abstracto los hace críticos severos de sus propias obras.

No es el temperamento violento, es la prudencia lo que hace parecer terrible y amenazador; de tal manera, el cerebro del hombre es un arma más terrible que la garra del león.

Cómo vive la mayor parte de la gente sin pensamientos. Hay mucha gente en el mundo (usted lo debe haber notado en la calle). Cómo viven. Cómo sacan fuerzas para vertirse por las mañanas.

Que cada uno se contente con ser honesto, quiero decir con cumplir su deber y no fastidiar al prójimo, y entonces todas las utopías virtuosas se verán rápidamente rebasadas.

No hay un cretino que no haya soñado ser un gran hombre, ni un burro que, al contemplarse en el arroyo junto al que pasaba, no se mirara con placer, encontrándose aires de caballo.

Mientras ignores lo que debes evitar y lo que debes desear, qué cosas son necesarias y cuáles son superfluas, dónde se halla lo justo y dónde lo injusto, lo que hagas no será viajar sino andar errante.

Un hombre será tanto más poderoso lingüísticamente cuanto más profunda sea la soledad en la que se arraiga. A la inversa, el hombre más social, el ángel de la sociabilidad, debería callar y observar.

Nada te será tan útil para mostrar temperancia en todas las cosas como la frecuente consideración de la brevedad y la incertidumbre de la vida. En cualquier cosa que hagas, pon tus ojos en la muerte.

Es fácil, con una jerga convenida, con dos o tres ideas en boga, hacerse pasar por un escritor socialista, humanitario, renovador y precursor de ese porvenir evangélico soñado por los pobres y por los locos.

El odio es un licor precioso, más caro de aquel del los Borgia, pues está hecho con nuestra sangre, nuestra salud, nuestro sueño, y dos terceras partes del nuestro amor. Es necesario ser avaro con él.