Algunos de los hechos que más han empobrecido la reflexión de los intelectuales son la fragilidad de la tradición académica, la superficialidad de la crítica, así como la idea de que el pensamiento es una actividad que se realiza como uno de los tantos pasatiempos de la gente adinerada... La fragilidad de la tradición se refiere a la supremacía del erudito sobre el pensador y del elogio sobre la crítica.

Miguel Angel Urrego, Intelectuales, Estado y Nación, de la Guerra de los Mil Días a la Constitucíón de 1991, Bogotá, Siglo del Hombre Editores, Universidad Central. DIUC, 2002. Bogotá, Página 77.

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